Turquía: la CE vuelve a la carga

Por Semih Vaner, director de investigación del Centro de Estudios e Investigaciones sobre Política Internacional (París). Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 24/11/03):

La Comisión Europea ha publicado hace unos días su informe sobre Turquía. Como era de esperar, critica a Ankara en materia de derechos humanos y en lo concerniente a las reformas que deberían aplicarse. El informe indica que “las diligencias, procesos y sentencias relacionadas con la expresión de opiniones no violentas (…) constituyen fuente de inquietud”. Sigue existiendo, en efecto, un problema relativo al artículo 301 del código penal que sanciona “el insulto contra la turquidad” aunque los acusados resulten habitualmente absueltos. Lo cierto es que este artículo se presta a interpretaciones muy holgadas y por esta razón el primer ministro R. T. Erdogan ha echado lastre solicitando que se enmiende el artículo en cuestión. En cualquier caso, el informe subraya el peso político que siguen teniendo las fuerzas armadas y señala la falta de independencia de la justicia, la corrupción y la escasa protección de las minorías.

La Comisión aborda de nuevo el fracaso de las negociaciones con Chipre y denuncia la negativa de Turquía a abrir sus puertos y aeropuertos a empresas chipriotas, hecho que constituye – según ella- una violación del protocolo de unión aduanera que Turquía ha concluido con la UE, requisito clave para la prosecución de las negociaciones de adhesión. Es ahí donde aprieta el zapato. Turquía, por su parte, quiere que los 25 se esfuercen en mayor medida para acabar con el aislamiento de los turcochipriotas.

Finlandia, que preside la UE, anuló una reunión prevista en fecha reciente que con cierta ingenuidad pretendía que se celebrase entre los ministros de Asuntos Exteriores de Turquía y Chipre. La presidencia finlandesa proponía una reanudación del comercio directo entre la UE y los turcochipriotas a través del puerto de Famagusta, que pasaría a funcionar bajo control europeo. El Gobierno turcochipriota desea que el acuerdo incluya asimismo el aeropuerto de Ercan, un aeropuerto clandestino,no reconocido por la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA). El fracaso de la cumbre de Helsinki se ha achacado a los desacuerdos de tipo protocolario: el presidente de la República Turca del Norte de Chipre (RTCN) había sido invitado a ella pero se hubiera encontrado cara a cara con el ministro de Asuntos Exteriores chipriota y no con el presidente T. Papadopoulos.

El presidente M. A. Talât, en consecuencia, decidió no asistir a la reunión. En Gül, el ministro de Asuntos Exteriores turco igualmente invitado deseaba por su parte que estuviera presente su homólogo griego. Ankara quiere negociaciones sólo entre las comunidades chipriotas, a las que posteriormente se unirían Turquía y Grecia. Los grecochipriotas han seguido insistiendo en su negativa de considerar a los turcochipriotas como sus interlocutores y piden que estos últimos formen parte integrante de la delegación de Ankara. En el fondo, estos aspectos protocolarios ilustran sobre el núcleo de la cuestión: para la UE, Chipre es un Estado soberano, independiente diplomáticamente de Grecia, extremo que Turquía no reconoce; por su parte, el Gobierno grecochipriota evita toda discusión con la RTCN, lo que podría interpretarse como una forma de reconocimiento.

Chipre es capítulo aparte en el tema de las relaciones entre la UE y Turquía. Se trata de la línea roja.En el marco de incertidumbre que caracteriza las relaciones entre ambos y sin ningún tipo de garantía de ingreso definitivo de Turquía en el club europeo,que incorpora dos miembros helenos y deja aparte a Turquía, cualquier concesión relativa a la isla es considerada por la diplomacia turca como un abandono de sus intereses nacionales y estratégicos.

La gestión del asunto difícilmente pasará de la competencia de la ONU a la de la UE, entre otras cosas porque esta última es a la vez juez y parte. Tampoco debería resultar este embrollo en un avance imparable de los intereses de Grecia y del Estado grecochipriota (miembros ambos de la UE, pero no así Turquía) y menos aún en una posición de dominio en su caso en la región. No obstante, el juego de estos dos actores helenos ya es clásico: hacer tabla rasa de la historia de este último cuarto de siglo, sobre todo de las responsabilidades grecochipriotas y griegas en los acontecimientos de 1974, mantener una actitud intransigente durante las negociaciones de la ONU, apelar contra la reunificación, impulsar malintencionadamente la candidatura de ingreso del Estado grecochipriota, frente a la candidatura de Turquía, en laUE (con la correspondiente adhesión) y promover a continuación la idea, un tanto burda, de que “Turquía está ocupando parte del territorio de la UE”, etcétera.

La cuestión no carece de cierto eco en algunos medios europeos.

Joschka Fischer escribía hace poco en estas mismas páginas que el norte turco ha aceptado el plan Annan que intenta solucionar el conflicto mientras el sur griego de la isla, atizado por su Gobierno, lo ha rechazado. “Sería profundamente injusto – añadía- que el informe de la Comisión Europea responsabilice a Turquía del rechazo de concesiones adicionales a la parte griega de la isla en lugar de censurar al Gobierno de Nicosia, miembro de la UE, que figura en el origen de la situación de bloqueo. Algunos países miembros de la UE, sobre todo Francia, Alemania y Austria, parecen frotarse las manos ante una eventual disputa sobre la cuestión en la creencia de que incitaría a Turquía a renunciar a su adhesión. Se trata de una actitud irresponsable”.

No es una casualidad que el comisario grecochipriota sea el único que reclama la suspensión total de las negociaciones de adhesión con Turquía ante la decisión de la cumbre de jefes de Estado del próximo 16 de diciembre. Constituiría un grave error. La búsqueda de coartadas para alejar la candidatura turca genera tensiones con el socio que resulta serle geográfica y políticamente más próximo y que, paradójicamente, lo es también en el seno de Europa.