Turquía: un astuto equilibrio

Por Edward N. Luttwak, experto del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), Washington. Traducción: José María Puig de la Bellacasa  (LA VANGUARDIA, 30/04/07):

Turquía es una democracia, socio de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y una economía en crecimiento. Desde este punto de vista, no debería sufrir los embates de la inestabilidad política. Sin embargo, y pese a las circunstancias objetivas que concurren en su caso, la equivocada secuencia electoral de este año desestabiliza la política turca. En fecha próxima, el Parlamento turco (Turkiye Buyuk Millet Meclisi o Asamblea Nacional) deberá elegir un nuevo presidente, un cargo muy importante e influyente según la Constitución turca. Y para el 4 de noviembre están previstas elecciones parlamentarias.

Si estas dos convocatorias electorales se celebraran en el orden inverso, es decir, primero las parlamentarias y luego las presidenciales, la situación sería mucho menos tensa, porque el presidente sería elegido por un nuevo Parlamento en una nueva legislatura. Pero el presidente será elegido por el Parlamento actual, reflejo de las excepcionales circunstancias del 2002, cuando una importante crisis financiera y varios escándalos asociados a una corrupción rampante afectaron profundamente a la coalición gobernante, permitiendo que un nuevo partido, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), obtuviera 363 escaños con el control consiguiente de un Parlamento de 550 escaños. El AKP no ganó el 66% de los votos, sino sólo el 34,28%; sin embargo, según la ley electoral turca, únicamente pueden obtener escaño los partidos que obtienen como mínimo el 10% de los votos, y sólo otro partido superó el umbral del 10%, el Partido Republicano del Pueblo (Cuhuriyet Halk Partisi, CHP), que obtuvo 178 escaños con sólo el 19,4% de los votos.

Así pues, un partido que obtuvo sólo el 34,28% de los votos en la crisis del 2002 elegirá al presidente de Turquía hasta el año 2014 (el AKP ha perdido pocos diputados, como el CHP, pero sigue ocupando 354 escaños de los que 28 corresponden a pequeñas formaciones políticas resultantes de varias defecciones).

Otra importante causa de tensión es la propia naturaleza del AKP. Indudablemente, abriga puntos de vista que cabe calificar de revolucionarios debido a su propósito de transformar la extremadamente laica República turca en un Estado musulmán suní dotado de la ley islámica, un Estado de actitud más serena hacia Estados Unidos y más calurosa hacia Irán y Siria… Todo ello choca frontalmente con las instituciones y leyes que limitan severamente el papel del islam en la vida pública y con la dilatada y amplia alianza de seguridad con Israel. Y, por supuesto, con la propia democracia, porque ningún Estado regido de acuerdo con el Corán puede tener un Parlamento soberano y libre, facultado para legalizar conductas escandalosas tales como la igualdad de derechos en el caso de las las mujeres y los homosexuales o el consumo de alcohol. El siniestro eslogan atribuido al AKP dice que la democracia es un autobús «en el que podemos viajar hasta que lleguemos a nuestra estación», se supone que el Estado islámico.

Bajo el mandato de sus hábiles líderes, el primer ministro Recep Tayyip Erdogan y el ministro de Asuntos Exteriores y ahora candidato presidencial Abdullah Gül, el AKP ha procedido hasta ahora con suma cautela. Por lo que se refiere a Erdogan, su historia personal le ha enseñado a actuar con precaución y a ser extremadamente paciente. Entró en la política de la mano del Partido de Salvación Nacional (Milli Selâmet Partisi), prohibido en 1980. Posteriormente, se adhirió al más matizado partido Refah y se convirtió en un competente alcalde de Estambul, pero este partido fue asimismo prohibido en 1997 por impulsar un programa musulmán. El propio Erdogan fue sentenciado a diez meses de cárcel en 1998 por «incitar al odio religioso», de los que cumplió cuatro.

En lugar de progresar de manera decidida, Erdogan y el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) han seguido una política engañosa y llena de rodeos. Erdogan fue alumno de una escuela religiosa turca (Imam-Hatip), si bien nunca se refiere a la difusión y fomento de la enseñanza religiosa en su país. Ante posibles desafíos, los líderes del AKP niegan invariablemente toda intención de aplicar la ley islámica o de esforzarse por transformar Turquía en otro Irán o Arabia Saudí. Pero conviene recordar que el candidato a la presidencia Abdullah Gül vivió en Arabia Saudí durante ocho años y trabajó en el Banco Islámico de Desarrollo de Yedá. Su mujer, por cierto, hubo de llevar un estilo de vida que a cualquier mujer occidental le resultaría intolerable. Cuando a título personal los militantes del AKP llegan a proponer abiertamente la aplicación de las leyes islámicas – por ejemplo, considerar el adulterio delito penal-, los líderes del partido se apresuran a silenciarles. Aquí el factor clave es la paciencia…

La política exterior ha sido la excepción, sin lugar a dudas porque gran parte de la opinión pública laica también se ha mostrado crítica con Estados Unidos y con Occidente en general. Bajo el mandato del AKP, Turquía ha intensificado notablemente las relaciones con los países árabes y otros países musulmanes, incluidos Irán y Siria, al tiempo que las ha enfriado con respecto a Israel – Erdogan y Gül atacaron duramente a Israel por la guerra de Líbano, sin mencionar siquiera el ataque inicial de Hizbulah-, sin dejar de impulsar su solicitud de ingreso en la Unión Europea.

No hay contradicción. El impulso del AKP al ingreso de Turquía en la UE constituye el más estratégico de sus engaños. El propósito del AKP estriba, sencillamente, en acelerar el ritmo hacia la prosperidad a partir de un producto interior bruto actual de unos 9.000 dólares per cápita hasta los 30.000 dólares de promedio de la UE. A Turquía, ciertamente, le queda trecho por recorrer. Desde luego, la UE plantea un requisito esencial, la abrogación de la autoridad política de las fuerzas armadas, lo que para el AKP es miel sobre hojuelas, pues esas fuerzas son precisamente la principal barrera a la islamización. El AKP, además, comparte la creencia islamista de que Europa será conquistada debido al elevado índice de natalidad de sus habitantes musulmanes, a la inmigración y a la conversión religiosa; y Turquía, en caso de ingresar en la UE, sumaría inmediatamente unos setenta millones de musulmanes a esa población.

Su actitud engañosa ha permitido al AKP sobrevivir asfixiando a su oposición y a los medios de comunicación. El Estado sigue interviniendo ampliamente en la economía y concede al Gobierno del AKP un gran poder e influencia sobre las principales familias que dominan la economía turca. Los medios de comunicación islamistas – prensa, radio, televisión…, incluido el periódico Yeni Safak,propiedad del mismo Erdogan- son pequeños en comparación con los tres importantes grupos Dogan, Sabah y Cukurova/ Karamehmet, todos ellos poseedores de emisoras de radio, canales de televisión y periódicos. Sin embargo, el Gobierno del AKP ha logrado un buen bocado en el grupo Dogan vía obligaciones y deberes fiscales en tanto que el Savings Deposits Insurance Fund – que asimismo amenaza la independencia del grupo Cukurova/ Karamehmet- ha hecho tres cuartos de lo mismo con el grupo Sabah.

Las consecuencias de todo ello son manifiestas en la información de los medios de comunicación, que se guardan de criticar al AKP, antioccidental, proislámico ahora como nunca, vehementemente antiisraelí, incluso proiraní. Este panorama – como cabe esperar- pesa lo suyo en la opinión pública, que convirtió la película El valle de los lobos en la más taquillera de Turquía. En ella se pinta a los estadounidenses como el enemigo odiado y los oficiales de las fuerzas armadas comercian con órganos de iraquíes que hacen prisioneros, extraídos por cirujanos judíos. Personalidades destacadas del AKP con sus esposas asistieron al estreno de gala de la película. Las emisoras de radio islamistas dicen en voz alta lo que silencia el AKP, que el vestido más adecuado y conveniente para la mujer (desde la edad de nueve años) es la burka completa, que los maridos deberían pegar a sus mujeres cuando se enfadan en lugar de divorciarse de ellas, que combatir a los enemigos del islam en todo el mundo es la obligación de todo musulmán y que no debería enseñarse nada relativo a otras religiones porque este concepto – religiones-es inexistente: el islam es la única religión universal.

En calidad del partido gobernante, el AKP ha hecho cuanto ha podido para islamizar la burocracia. Incluso en Estambul, los empleados de Correos interrumpen su trabajo para la oración de los viernes y se da por sentado que los funcionarios no cumplirán la totalidad de la jornada laboral durante el mes del Ramadán. Lo cierto es que debido a la severa legislación aún vigente, el AKP no ha podido islamizar abiertamente la enseñanza pública, pero como su carrera depende en realidad del favor gubernamental, el hecho es que tanto funcionarios como maestros han adecuado en consecuencia sus conductas y maneras de actuar al islam y su perspectiva.

La estrategia del AKP – caracterizada por una política engañosa y llena de rodeos- le ha ido de perlas: ha dado a Turquía un gobierno competente sin grandes escándalos (y con una economía próspera) en una sociedad en cuyo seno la guerra de Iraq ha generado intensos sentimientos antiamericanos y anticristianos. Pero la otra cara de la moneda es que el AKP ha comprado literalmente a la opinión pública en los barrios pobres de las periferias urbanas distribuyendo paquetes de alimentos sufragados con aportaciones de las grandes empresas.

El AKP dispone de suficiente representación en el Parlamento para elegir a Abdullah Gül – derribando así una importante barrera a la islamización-, pero el sector de población que quiera transformar Turquía en una república islámica de pies a cabeza regida por la estricta ley suní apenas alcanza el 15%.

Sin embargo, y como he tratado de poner de manifiesto, el AKPes paciente y se muestra dispuesto a posponer la islamización de Turquía si con ello puede impulsar el ingreso en la Unión Europea…