Twitter y el poder de las minorías

Hace unas semanas, Guy Sorman nos alertaba desde estas mismas páginas del peligro de concebir la Red como un continente de nueva creación: el continente de la democracia y de la libertad plena, donde es posible expresarse sin cortapisas y sin fronteras de ninguna índole. Su conclusión era que —lejos de ser un espacio abierto y neutral— tanto Wikipedia como la Red en su conjunto eran en realidad un cruento campo de batalla ideológico donde las minorías organizadas lograban imponerse sistemáticamente a la mayoría silenciosa.

Dado que no es posible mantenerse ajeno al alcance y la operativa de estos nuevos instrumentos de influencia social, a lo largo de estos años hemos realizado distintas pruebas como la llevada a cabo la semana pasada en Twitter, una de las redes de mayor crecimiento, desarrollo e influencia social en cuanto la transmisión dinámica de información se refiere.

El trabajo consistía en poner en marcha una supuesta plataforma política de españoles que apoyaban la independencia de Cataluña, en línea con el #LetThemGoinglés (iniciativa surgida en Inglaterra favorable a que Escocia abandone Gran Bretaña). Así, y bajo el acrónimo #EPIC se presentaría una tesis diferente a las dos opciones que se defienden en la España actual: la que, desde Cataluña, pide la independencia y la de quienes, desde dentro y fuera de Cataluña, propugnan el mantenimiento del marco constitucional vigente. La puesta en marcha del Proyecto #EPIC se completó con el diseño de un lema que dejaba pocas dudas de nuestro ánimo conciliador: las banderas catalana y española unidas por un corazón, la leyenda «Nos queremos, pero no nos entendemos» y el subtítulo «Españoles por la Independencia de Cataluña» (# EPIC).

#EPIC representaría así a los españoles que —tras treinta y cinco años de democracia— empiezan a pensar que el encaje catalán en España no tiene solución. También a aquellos que instan a la adopción de medidas concluyentes en cuanto al cumplimiento de la legalidad vigente se refiere. Y por último, por qué no, #EPIC representaría a aquellos que piensan que a España le iría mejor sin el lastre que representa la continua puesta en cuestión de su identidad. Para ellos, Cataluña bien podría ser nuestro vecino del Este, del mismo modo que Portugal —en otro tiempo también España por cierto— lo es desde el Oeste. Eso sí, lógicamente, la opción de la independencia tendría sus consecuencias ineludibles para quienes optaran por ella, mientras que se garantizaría a los que quisieran ser españoles los mismos derechos que tiene cualquier ciudadano español allá donde se encuentre.

Partiendo de la supuesta libertad que Twitter brinda a la expresión de las más diversas opiniones (basta ver cómo campan a sus anchas infinidad de cuentas desde las que se promueven salvajadas y aberraciones varias) iniciamos nuestra aventura tuitera dando la bienvenida a todos a #EPIC (en catalán, para más señas).

A lo largo de una semana, hicimos tres intentos consecutivos para mantener abierta esta plataforma que —con la mayor generosidad y sin el menor atisbo de resentimiento— levantaba una bandera que, en todo caso, favorecía aquello que ansían los líderes nacionalistas catalanes. A quienes sepan pensar Outsidethe Box, no les sorprenderá saber que bastaron veinte minutos para que la cuenta #EPIC_2014 fuera suspendida por Twitter. En el segundo intento llevado a cabo, el plazo hasta la suspensión se amplió a una hora y cuarto, siendo menos de dieciseis horas el máximo tiempo que pudimos mantener vivo un empeño que para entonces había alcanzado seis centenares de seguidores en menos de cinco horas. Los conocedores de la herramienta manejaron distintas hipótesis en cada suspensión pero, fuera como fuese, Españoles por la Independencia de Cataluña era suspendida de forma sistemática al poco de darse de alta sin que Twitter nos brindase una razón fundada que lo justificase.

Retomando la línea argumental del profesor Sorman, mientras que para la gran mayoría de los ciudadanos las redes son herramientas meramente funcionales, para los activistas de perfil extremista son herramientas ideológicas de las que se han apropiado replicando en el mundo virtual, la asimetría social que es patente en la vida real en la que la dictadura de las minorías se aplica de manera implacable.

Tras llevar a cabo este experimento, no tengo inconveniente en aconsejar a quienes se supone son nuestros líderes políticos, que empiecen a asumir la necesidad imperiosa de pensar de manera innovadora y original, fuera de los patrones que damos por establecidos. Como hemos podido comprobar por medio del Proyecto #EPIC es sorprendente lo mucho que cambian los términos del debate en muy poco tiempo, de forma que quien aparenta una solidez aplastante, se queda sin argumentos en cuestión de horas. Tomemos nota a la hora de afrontar los nuevos escenarios que se avecinan.

Antonio Camuñas Baena, presidente de la Consultora Global Strategies.

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