Un alcalde que manda poco

Clearwater es una ciudad de Florida situada en la bahía de Tampa. Tiene unos 110.000 habitantes y una maravillosa playa de fina arena blanca, famosa por sus espectaculares puestas de sol. Y tiene además un alcalde que manda muy poco.

El alcalde de Clearwater es, desde 2012, George N. Cretekos. Y si manda tan poco no es por falta de carácter, sino porque Clearwater es una de las muchas ciudades de Estados Unidos que han adoptado un sistema de gobierno conocido como ‘council-manager’. Un sistema en el que el ‘council’ (el consejo municipal) tiene la última palabra en los asuntos más importantes, pero en el que la gestión diaria está confiada a un profesional, el ‘manager’, junto con su equipo. Un sistema parecido al que utilizamos en España para las comunidades de vecinos.

El consejo se compone de cinco miembros, el alcalde, el vicealcalde y tres concejales, elegidos por periodos de cuatro años y que pueden ser reelegidos solo una vez. Su elección no es simultánea y a ella concurren candidatos individuales, no partidos. No es que los candidatos carezcan de afiliación política (Cre-tekos fue durante muchos años ayudante parlamentario de un representante republicano en Washington), sino que en este tipo de elecciones los partidos no participan, no financian a ningún candidato y, en general, no recomiendan el voto en favor de ninguno de ellos.

Los miembros del consejo deben estar en contacto con sus electores, que les trasladan sus deseos, sus problemas y sus quejas. No tienen ninguna competencia ejecutiva (no existe ningún concejal encargado de obras o de festejos o de urbanismo) y su trabajo consiste, sobre todo, en designar al ‘manager’, en controlar el trabajo de la administración municipal y en aprobar los presupuestos. No tienen, desde luego, asesores y no pueden nombrar cargos de confianza. Todo el personal que depende de ellos es una secretaria, compartida por los cinco, que se encarga de llevarles la agenda. Y los documentos que estudian y deben aprobar -el presupuesto, por ejemplo- son preparados por los servicios municipales, que dependen del ‘manager’.

Un trabajo que puede ser muy absorbente y que no está bien pagado. En 2015, el alcalde cobró unos 25.000 dólares y los demás miembros de la corporación, 20.000. Descontando impuestos, entre 1.000 y 1.500 euros al mes. No es, desde luego, un trabajo para jóvenes ambiciosos en busca de hacer carrera. Es, más bien, una ocupación para jubilados o para profesionales veteranos, hombres y mujeres interesados en el buen funcionamiento de la comunidad y que quieren poner su experiencia al servicio de sus conciudadanos. En el actual consejo hay tres miembros con más de 70 años y la vicealcaldesa, que es la benjamina, ya ha cumplido los cincuenta.

Muy diferente es la posición del ‘manager’, Bill Horne, que cobra 191.000 dólares al año. En su vida anterior, Horne era coronel de Aviación y su último destino fue como jefe de recursos humanos de la Base Aérea de MacDill, situada también en la bahía de Tampa. En 1998 fue fichado por Clearwater como jefe del Servicio de Apoyo General de la ciudad y desde 2001 ocupa el puesto de ‘manager’, que parece ejercer a plena satisfacción de consejo y ciudadanos. Como ‘manager’ controla lo que es, de hecho, una empresa de servicios de tamaño respetable. Una empresa que gestiona un presupuesto superior a los 450 millones de dólares (la mitad del zaragozano) y que cuenta con 1.700 empleados. Toda la administración municipal depende de él, no del consejo, y es él quien puede contratar y despedir a los empleados municipales. Los cargos electos, alcalde, vicealcalde y concejales, pueden controlar lo que hace, darle más o menos dinero y, en última instancia, no renovar su contrato, pero no pueden interferir en sus decisiones.

El actual ‘manager’ es un demócrata, en una ciudad donde los republicanos suelen ganar las elecciones, pero a nadie parece importarle. Su trabajo no consiste en representar a los electores, sino en administrar correctamente su dinero. Porque el reparto de funciones entre consejo y ‘manager’ es, en principio, muy claro: el consejo fija los objetivos y el ‘manager’, junto con la administración municipal, decide cómo alcanzarlos.

En España entendemos que la base de la democracia es el voto popular. En la tradición americana el voto es, desde luego, muy importante, pero también lo es el correcto uso de los fondos públicos. Unos fondos que, como los norteamericanos nunca olvidan, pertenecen en su origen a los ciudadanos, que solo pueden ser privados de ellos por decisión de sus representantes legítimos (‘no taxation without represesentation’). Unos fondos que merecen el mayor de los respetos y, por ello, han de ser gestionados por profesionales altamente cualificados. Es otra forma de ver las cosas.

José Miguel Palacios, doctor en Ciencias Políticas.

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