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Un año a través de los ojos de los perros

William Wegman y un recorte de uno de sus perros, Bobbin, en 2008. Credit Tim Mantoani
William Wegman y un recorte de uno de sus perros, Bobbin, en 2008. Credit Tim Mantoani

Incluso yo, que casi no presto atención a nada, puedo ver que el año pasado fue una pesadilla. Mientras reflexionaba sobre el estado del mundo, me encontré dos antiguas fotografías Polaroid de 50,8 por 61 centímetros tomadas por mí en 2005.

La modelo en ambas fotos es Mazzy, una braco de Weimar que pertenecía a mi asistente, Marlo Kovach. Nunca he conocido un perro al que le guste más que lo fotografíen que a Mazzy, y trabajé con ella muchas veces. Era adicta a la luz brillante, al centelleo de las luces estroboscópicas que la rodeaban en el plató.

La primera fotografía, “Splitting Image”, es una imagen premonitoria de un perro oscuro con ojos luminosos en un interior sombrío, que dirige la mirada por encima de una figura recortada que es una versión miniatura de sí mismo. Un perro, desconectado de su ser, mira hacia la lejanía detrás de nosotros mientras que el otro mira directamente a quien observa la imagen. Uno está vigilante, el otro está preocupado, fuera de su cuerpo.

La segunda fotografía, “Eyes”, toma esa mirada desligada del cuerpo y la multiplica. Tiene un aire desorientador, casi salvaje. También parece ser una imagen monocromática, pero, si observas de cerca, puedes darte cuenta de que en realidad es a color. Los ojos de Mazzy son de un color verde limón fosforescente y siniestro. Son oscuros y premonitorios, una interminable trayectoria de separación, de cosas que no son tan blanco y negro como podrían parecer.

Estas dos imágenes siempre me parecieron de mal augurio, pero solo ahora, en el contexto del año que acaba de terminar, comienzo a entenderlas de verdad.

William Wegman es fotógrafo y artista.

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