Un año desde el anuncio del Apocalipsis

Por Koldobike Mujika y Sergio Íñiguez, coordinadores de Gehitu (EL CORREO DIGITAL, 30/06/06):

Hoy se cumple un año de la aprobación en las Cortes de la modificación del Código Civil que tras su entrada en vigor el 2 de julio ha permitido que las parejas formadas por personas del mismo sexo se casen. En los meses previos a la aprobación de dicha ley, el Partido Popular, la jerarquía de la Iglesia católica y grupos ultraconservadores se movilizaron y anunciaron todo tipo de catástrofes por esta ampliación de derechos; hablaron del fin de la sociedad, de la destrucción de la familia, de un deterioro moral sin precedentes… en fin, pronosticaron una situación que vaticinaba la llegada del Apocalipsis, el fin del mundo. Un año después nuestro mundo continúa existiendo, la gente sigue con sus vidas siendo más o menos felices o más o menos infelices, pero existiendo. Bueno, algunas personas son algo más felices puesto que han visto reconocidas de forma legal sus relaciones de pareja, porque han podido reconocer mediante la adopción al menor o los menores que ya vivían en el seno de parejas homosexuales y que hasta esa fecha se veían en una situación de grave desamparo legal.

La utilización del concepto de familia que hicieron y siguen haciendo los grupos de derechas anteriormente mencionados es una apropiación ilegítima del concepto de familia, puesto que pretende que su visión, de espaldas a la realidad social existente, se aplique a un solo modelo de familia y supone un instrumento para luchar contra un modelo de sociedad incluyente, plural, diverso, al que contraponen un modelo de familia jerarquizado, excluyente, desigual.

Hasta el siglo XVIII el derecho canónico era el monopolizador del derecho de familia pero tras la Revolución francesa y el triunfo de la Ilustración, poco a poco y con mayor o menor éxito los valores de igualdad, respeto y democracia fueron cambiando este concepto de familia y reivindicaron un uso civil de la familia. Elementos como la igualdad y respeto de los derechos de la mujer al contraer matrimonio, la posibilidad del divorcio y la democratización de las familias han contribuido a un cambio en todo lo referente a la unión matrimonial y, como consecuencia, de la familia. Así podemos decir que la familia en singular ha muerto y que debemos hablar de familias en plural, de familias diversas, plurales, variadas, libres.. pero en todo caso merecedoras de respeto, protección y amparo legal. Mujeres y hombres ya no respondemos, para bien, a valores de generaciones anteriores (sumisión, aceptación de la predestinación por clase o por género, diferenciación de roles según el sexo…) y esta modificación de valores transciende a toda la estructuración de la sociedad a través de modificaciones legislativas que vienen a reconocer la realidad social.

La familia y el matrimonio, que son elementos fundamentales en nuestras sociedades, perviven gracias a su capacidad de cambio y adaptación. Nadie en la actualidad se casaría en las condiciones en que se hacía en la época romana, o más aún muy pocas mujeres contraerían ahora matrimonio en las condiciones en que se hacía durante el franquismo, puesto que suponían la merma total de sus derechos, de su libertad y el sometimiento total al marido.

Los mismos argumentos que se utilizaron contra el matrimonio entre personas del mismo sexo se emplearon en su momento contra los matrimonio interraciales, el voto universal, el Estado de Benestar, la igualdad de las mujeres… en definitiva, la batalla a favor y en contra del denominado matrimonio homosexual ha sido el último enfrentamiento entre dos conceptos antagónicos de la sociedad, entre el conservadurismo, la jerarquización, la discriminación, la imposición, la exclusión, contra la democracia, la ampliación de derechos, la pluralidad, la diversidad… Ampliar los derechos a sectores tradicionalmente excluidos del reconocimiento social contribuye a la valoración de la democracia, a extender libertad e igualdad.

El matrimonio entre personas del mismo sexo viene a contribuir al avance hacia la igualdad entre hombres y mujeres. Este modificación legal elimina cualquier rasgo diferenciador entre géneros a la hora de contraer matrimonio y esto supone la eliminación de elementos que puedan contribuir a la jerarquización de géneros y por ende a la superioridad de uno sobre otro.

En las próximas semanas asistiremos en Valencia al denominado V Encuentro Mundial de la Familia, un intento más de apropiación excluyente de este concepto. Un encuentro en el que se ha dejado fuera de forma premeditada a las familias no matrimoniales, a las familias de madres o padres solteras-os, a las familias con padres divorciados, a las familias reconstituidas, a las familias homoparentales. Según datos de estudios sociológicos en Euskadi, estos encuentros dejarían fuera a más de la mitad de la sociedad. Esto pone en entredicho la denominación de Encuentro Mundial de la Familia y consideramos que sería mejor denominarlo ‘encuentro excluyente de la familia’, puesto que el mensaje que intentará lanzar a la sociedad es el de la negación de los derechos, el de erradicación de la diversidad, el de luchar contra el apoyo institucional a los diferentes núcleos familiares y el de imposición de su modelo de sociedad en contra de la manifestación democrática de toda la ciudadanía.

Por todo esto, aquellas personas que creemos en una socidad más igualitaria, más diversa y más justa nos hemos de unir para apoyar y estimular modificaciones legislativas que, como la del matrimonio entre personas del mismo sexo, contribuyen a la extensión de derechos, a eliminar discriminaciones y en definitiva a la felicidad.