Un año después, ¿y ahora qué?

Por Samuel Hadas, analista diplomático y primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede (LA VANGUARDIA, 12/07/07):

Diálogo entre la ministra de Asuntos Exteriores de Israel, Zipi Livni, y el entonces comandante en jefe de las fuerzas armadas, el general Dan Halutz, recogido en el libro sobre la segunda guerra de Líbano, Rehenes en Líbano,de dos prestigiosos periodistas israelíes (el diálogo tuvo lugar durante la sesión del gabinete en la que se decidió, el 12 de julio del año pasado, autorizar la operación de represalia contra la organización fundamentalista Hizbulah): “Livni pregunta:

¿Cuánto tiempo se requiere para su ejecución? Cuatro horas, responde Halutz. Aquí tercia el primer ministro Ehud Olmert: ¡Esta noche se acaba! Livni: tengo mañana un almuerzo con un importantísimo diplomático, ¿se acabará hasta entonces? Se acabará hasta entonces, responde enfáticamente Halutz”. Lo demás es harto conocido: la segunda guerra de Líbano, la más prolongada en los anales de la historia de Israel desde la guerra de Independencia en 1948, duró 34 días y sus ondas expansivas se sienten hasta el día de hoy. Hizbulah provocó la guerra con un raid que terminó con la muerte de ocho soldados israelíes y dos secuestrados (rehenes de esta organización terrorista hasta hoy). La guerra, que costó la muerte de más de mil libaneses y 160 israelíes, finalizó con la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de laONUy el desplazamiento de fuerzas internacionales, entre ellas más de mil efectivos españoles, que hasta ahora han evitado la reanudación de las hostilidades. Lo que la ONU no ha logrado impedir es que a través de la porosa frontera de Líbano con Siria, este país e Irán rearmen Hizbulah hasta los dientes.

Líbano vive desde hace meses una grave crisis interna, resultado de los intentos de un fortalecido Hizbulah y sus aliados, de modificar sustancialmente el equilibrio político y derrocar al gobierno de Fuad Siniora, aliado de Occidente.Nadie duda que los regímenes de Teherán y Damasco están detrás de la violencia que acosa el País de los Cedros y amenaza conducir a una guerra civil, que parece inminente, si la comunidad internacional no logra evitarlo. Líbano está profundamente dividida. Reunificarla y acabar con la violencia parece hoy misión imposible.

¿Y en Israel? Esta guerra, que comenzó como una reacción a una provocación, sin una estrategia definida y conducida con una increíble torpeza, sumió a Israel en una profunda crisis política de la que no logra reponerse hasta hoy. La comisión que investigó la guerra responsabiliza en su informe interino al primer ministro Ehud Olmert de gruesos errores en las decisiones del gobierno concernientes tanto a la apertura de la guerra como su conducción. El primer ministro no se dio por aludido y se aferra a su cargo. Cuando se publique el informe final de la comisión, el próximo octubre, probablemente se den las circunstancias para un esperado (y deseado) seísmo político.

¿Qué ha cambiado en el plano regional? La guerra ha causado una tremenda conmoción política. Surge el “cuarteto de los países árabes moderados”, Arabia Saudí, Egipto, Jordania y los Emiratos del Golfo, motivados por el creciente temor a los designios hegemónicos de Irán, claramente expuestos en Líbano, donde había armado una presencia significativa a través de la subordinación de Hizbulah, una creación de los ayatolás iraníes, invirtiendo centenares de millones de euros, así como en Iraq, donde asiste con armas y financiamiento a aquellos sectores chiíes que sirvan a los intereses de Teherán. Yno olvidemos la incitación y la movilización de grupos de clientes en otros países árabes y su carrera armamentista nuclear.

La sombra de la media luna chií se proyecta sobre Oriente Medio, y los regímenes preocupados por la amenaza de desestabilización intentan contener a Irán. Incluso modificando sustancialmente su posición frente a Israel, país al que han ofrecido un plan de paz. Precisamente en estos días, por vez primera en la historia del conflicto palestino-israelí, una delegación de la Liga Arabe visitará Israel para “conducir los necesarios contactos”. Aunque poco, puede avanzarse en un futuro previsible como resultado del brutal putsch en Gaza del fanático religioso movimiento Hamas, otro de los clientes de Teherán (y de Damasco, refugio de su liderazgo más radical). Aunque parezca paradójico, de la nueva situación podrían surgir sin embargo nuevas y positivas perspectivas, según destacan los analistas más autorizados. Nuevas acciones diplomáticas AGUILAR a nivel regional y, sobre todo, internacional, como la creación de una coalición, abierta o encubierta, entre los países más moderados, podrían aislar a Teherán y Damasco, limitando sus maquinaciones, así como neutralizar a sus protegidos Hizbulah y Hamas. El tiempo sólo juega a favor de los radicales y fanáticos.

Se hace necesaria una nueva política para la región por parte de una comunidad internacional (léase el cuarteto encabezado por Estados Unidos) más comprometida, una nueva hoja de ruta que fortalezca el Gobierno libanés y el Gobierno palestino del presidente Mahmud Abas; un cambio de la política de la potencia ocupante en Iraq; un gobierno israelí en condiciones de asumir iniciativas; la adopción de políticas más realistas por parte de los gobiernos del cuarteto árabe regional. Como siempre, habrá que preguntarse cuánto tiempo ha de transcurrir para que se empiece a actuar racionalmente. Cosa que generalmente sucede aquí sólo después de agotado el repertorio de errores.