Un año turbulento en Europa

La estrategia europea de Donald Trump parece apuntar hacia la reactivación de la crisis. Su equipo de transición empezó preguntando a funcionarios europeos “qué nación se iría del bloque”. No fue un accidente. Su candidato a embajador, Ted Malloch, comparó la Unión Europea con la Soviética, especulando que “hay otra unión que necesita que la domen”. Y el consejero comercial Peter Navarro acusó a Alemania de mantener el euro artificialmente barato.

A esto hay que sumarle el escepticismo inglés. Muchos en Londres —especialmente la prensa ultraconservadora— esperan una nueva crisis del euro que dignifique el Brexit sin tener que lidiar con las dificultades inherentes en salir del mercado común más grande del mundo.

Esta negatividad se ha filtrado a nuestra prensa. Después de un 2016 trágico los comentaristas ven a Trump hasta en la sopa: desde Holanda a Francia e incluso Italia parece que el populismo se acerca al poder en todos lados. Sin embargo, en vez de un dominó después del Brexit, se ve lo opuesto: en todas las elecciones europeas de 2017 el centro proeuropeo parece listo para ganarle a los extremos.

En marzo, en Holanda, Geert Wilders y su xenófobo Partido de la Libertad no llegarán al poder. Por ahora se mantienen primeros en las encuestas, pero desde hace dos meses pierde ventaja ante el primer ministro, Mark Rutte, que se ha mostrado más duro con la inmigración. Rutte está atacando a Wilders en su base principal. Y la verdad es que no hay mucho más, ya que el PdL tiene una plataforma que entra en una sola página. Aun si Wilders terminase primero, no podría formar Gobierno ya que todos los otros partidos en un campo atomizado rehúsan negociar con él.

Después de Holanda vendrá el plato fuerte del año: Francia. Si uno se guía por la prensa anglosajona, parecería que Marine Le Pen cuenta las horas para llegar al Eliseo. Pero no será así: Le Pen ganará la primera vuelta —hace meses que se espera eso—, pero después perderá con cualquiera de los candidatos plausibles para enfrentarse con ella. A pesar de desdiabolizar a su Frente Nacional, Le Pen está por detrás de donde estaba su padre hace 15 años cuando fue humillado por Jacques Chirac en la segunda vuelta.

A las elecciones francesas nunca les falta drama: el centroizquierda ha elegido a un candidato que se describe como un “socialista del futuro” dispuesto a crear un impuesto a los robots y a la automatización, mientras que el centroderecha se hunde en un escándalo de nepotismo y corrupción. Pero esto crea una oportunidad para Emmanuel Macron, un centrista joven y carismático que podría convertirse en un Obama galo. Macron le ganaría a Le Pen por más del 25% según las últimas encuestas.

Aunque no hay elecciones programadas en Grecia o en Italia, ambos países parecen dirigirse a las urnas. En Atenas, un nuevo impasse con Europa forzará al populista Alexis Tsipras —tarde o temprano— a una elección anticipada. El irresponsable que casi materializa un Grexit por accidente hace dos años ya no puede hacer mucho daño: apenas se produzcan las elecciones, será reemplazado por Kyriakos Mitostakis, un reformista europeo serio.

En Italia, mientras tanto, se debate una nueva ley electoral que permitirá elecciones hacia mitad de año. A pesar de que el comediante Beppe Grillo desearía ser el Trump italiano, el irreverente original —Silvio Berlusconi— será quien corone al próximo premier. Y dadas las encuestas, parece que el próximo primer ministro será nada más y nada menos que Matteo Renzi, quien viene liderando los sondeos a pesar de haber perdido el referéndum de diciembre.

Finalmente, cuando vuelva el frío, Angela Merkel buscará un cuarto mandato como canciller de Alemania. Pero esta vez no le será fácil: el nuevo candidato del centroizquierda, Martin Schultz, se acerca en las encuestas y podría intentar formar un Gobierno incluso si queda segundo. Los populistas de Alternativ für Deutschland (AfD) se quedarán con los titulares, pero el proeuropeo Schultz es el único que puede destronar a la líder que más ha bloqueado la integración del continente.

El 2017 europeo se perfila como turbulento, pero no desastroso. De hecho, los resultados más plausibles de las elecciones podrían darnos, de la mano de Rutte, Macron, Renzi, Mitsotakis y Schultz, una oportunidad única para construir la unión fiscal que necesitamos para complementar la unión monetaria. Trump no debería perder el sueño esperando una nueva crisis europea.

Pierpaolo Barbieri es director ejecutivo de Greenmantle.

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