¿Un avance hacia la paz en Palestina?

El asesinato criminal de ciudadanos franceses por terroristas islámicos no ha ayudado en nada a la causa terrorista, y sólo ha acrecentado la determinación de los líderes mundiales para llegar a una solución a los problemas actuales relacionados con la amenaza islámica. Al elegir también atacar un supermercado judío, los terroristas han confirmado que entre estos problemas, que durante muchas décadas han sido vistos como la amenaza principal a la paz mundial, está el de Palestina e Israel.

El Gobierno español, como se ve ha visto en la reciente visita del ministro de Asuntos Exteriores a la zona, ha hecho un esfuerzo por identificarse con la causa Palestina, pero existen dudas válidas sobre si está actuando de una manera útil. En España, durante décadas ha existido la creencia común de que el apoyo a los derechos de Palestina debe tomar la forma de hostilidad hacia Israel. Este mes, la Fundación Simon Wiesenthal ha declarado que España ha apoyado a organizaciones y políticas antisemitas. Es cierto, por desgracia, que casi cada gestión hecha por los gobiernos españoles de la época democrática en favor de Palestina puede interpretarse como hostil a Israel. Sin embargo, lo que pasa es que hay dos principales cuestiones políticas en las que la actitud oficial de España no es excepcional, e incluso coincide con la política de muchos otros gobiernos. Estos dos temas son: la cuestión de la presencia de Palestina en el TPI (Tribunal Penal Internacional), y la cuestión del reconocimiento del país como Estado político independiente. Ambos temas han llegado a ser dominantes durante el actual mes de enero.

A principios de este mes, Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU, anunció que el «Estado» de Palestina se prepara el 1 de abril para unirse a la lista de países que permiten que el Tribunal Penal Internacional examine las actividades crimi- nales dentro de sus fronteras. Parece ser un gesto a través del cual Palestina podría presentar cargos por crímenes de guerra contra Israel. Finalmente, Palestina ha aceptado, después de años de rechazo, las reglas del TPI y así ha completado el proceso legal para unirse al Tribunal. Pero todavía hay algunas cuestiones importantes por resolver. Palestina ha presentado una declaración de concesión de jurisdicción retroactiva del Tribunal desde el 13 de junio de 2014, que incluye la invasión de Gaza el verano pasado. Así que cualquiera de los crímenes que tuvieron lugar en el período posterior, incluidos los de la guerra de Gaza, podrían ser remitidos al Tribunal en el marco de una situación para la investigación.

¿Pero se interesa Palestina realmente por los crímenes de guerra? Parece que su Gobierno ha querido unirse al TPI no con el fin de impulsar las investigaciones judiciales, sino en realidad con el fin de asegurar un mayor apoyo para Palestina en los círculos internacionales. Es una táctica política más que un movimiento para plantear la cuestión de los crímenes de guerra. Pero ni siquiera la táctica política podría tener éxito. Algunos países creen que Palestina no tiene derecho a estar dentro del TPI, y EEUU en protesta podría suspender el pago de 400 millones de dólares que había prometido a Palestina. Así que el acceso al TPI puede poner en peligro el proceso de paz, no adelantarlo.

El TPI fue creado para enjuiciar a los autores de crímenes de guerra, crímenes contra la Humanidad y de genocidio. Palestina se convertiría en el miembro número 123. El papel del país en el TPI puede ser contraproducente, de tres maneras principales. Primero, puede contrariar a Israel, así que el proceso no hará que la paz sea más cercana. Ya, Israel ha suspendido el pago de grandes sumas de dinero que normalmente paga al Gobierno palestino. Segundo, puede producir una declaración del TPI de que Palestina no es un Estado independiente, que de nuevo no sería útil. Por último, en el caso de que el TPI decida iniciar persecuciones, bien podría empezar por investigar los crímenes de guerra por parte de militantes palestinos, ya que no puede investigar los crímenes israelíes que están siendo investigados por los tribunales israelíes. Sería mucho más fácil para el tribunal procesar a los militantes de Palestina en lugar de los de Israel.

La obtención de acceso al TPI, de hecho, servirá de poco para avanzar en la campaña para reconocer a Palestina como Estado. El pleno del Congreso de los Diputados en España aprobó en noviembre pasado una proposición no de ley en favor del reconocimiento de Palestina como Estado independiente, lo que convirtió al Parlamento español en el tercero de Europa que se pronuncia en este sentido en las últimas semanas, tras las votaciones de las cámaras legislativas de Reino Unido e Irlanda, que siguieron el paso de Suecia, el primer país europeo en favorecer el reconocimiento de Palestina. El texto final de la propuesta española recibió 319 votos a favor, una abstención y dos votos negativos. Los embajadores de varios países musulmanes asistieron a la votación, así como un representante de Palestina.

Ese voto estaba lleno de buenas intenciones. De hecho, el voto de España es de cierta importancia, ya que este año España se ha convertido en un miembro temporal del Consejo de Seguridad. Pero, ¿qué va a pasar después de la votación? Previsiblemente, nada, porque a pesar de su amplio apoyo en la Asamblea General de la ONU, Palestina tiene pocos de los atributos de un Estado político independiente: no hay fronteras internacionalmente reconocidas, no tiene capital, no tiene verdadera autonomía militar, política, o económica. Los intentos anteriores por parte de las autoridades palestinas para agitar la opinión internacional contra Israel, sobre todo después de las ofensivas militares israelíes en la Franja de Gaza, han fracasado debido a su debilidad.

La cuestión del reconocimiento de Palestina como Estado tiene una larga historia. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) tiene contabilizados 135 países que dicen reconocer un Estado palestino, y en la votación celebrada en la Asamblea General en 2012, 138 países aceptaron su inclusión como «observador» en la ONU. Ser «observador», por supuesto, no es lo mismo que ser «miembro». El apoyo de tantos países es en gran medida simbólico, porque en realidad pocos de ellos dan alguna ayuda política o financiera a Palestina. De hecho, a pesar de este apoyo aparente, la posición de Palestina es muy débil. Hace tres semanas, el Consejo de Seguridad rechazó una petición respaldada por Palestina, para poner fin a la ocupación israelí de Cisjordania.

Por el contrario, los países que se oponen a un reconocimiento oficial de Palestina son poderosos. El principal de ellos es el de Estados Unidos, y no menos importante es el caso de Alemania, dos países que están profundamente preocupados por preservar la paz mundial, siempre y cuando la paz se base en un auténtico acuerdo sobre las cuestiones que son la base actual de confrontación entre Palestina e Israel. Las buenas intenciones expresadas en el voto tomado en el Congreso de Diputados en España son en perspectiva un gesto insignificante, ya que no ofrecen ninguna solución a los problemas. Con demasiada frecuencia, los países piensan que los gestos son suficientes. No lo son. El pueblo de Palestina merece un futuro sólido y seguro, que los gestos por sí solos no conseguirán.

Henry Kamen es historiador. Su último libro es Pequeña historia de la conquista de América (Espasa, 2014).

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