Un aviso a Europa. El nuevo QDR norteamericano

El nuevo “Quadrenial Defence Review” (QDR), aprobado el pasado día 4 de marzo por el Secretario de Defensa Chuck Hagel, confirma el cambio del foco estratégico norteamericano hacia el área de Asia-Pacífico e incluye un aviso a los aliados europeos: en el nuevo marco financiero que se contempla para los próximos diez años, los Estados Unidos, sin renunciar a su papel global, necesitan una mayor implicación europea para poder atender los conflictos que surjan en otras zonas, por ejemplo África, puesto que con menos recursos las fuerzas americanas tendrán que centrarse sobre sus áreas de interés prioritarias.

El documento, equivalente a nuestra Directiva de Política de Defensa, deriva directamente de la “Defence Strategic Guidance 2012” en la que ya se planteaba la necesidad de priorizar esfuerzos en un marco financiero más restrictivo, en el que el Pentágono contará con un presupuesto recortado en unos 50.000 millones de dólares por año durante la próxima década. Se trata del primer documento de este tipo tras el repliegue de Irak y Afganistán y, a diferencia del anterior que planteaba estrategias para afrontar las operaciones en curso, el actual plantea medidas para preparar un futuro estratégico cada vez más incierto e inestable, donde no solo están presentes conflictos de baja o media intensidad, sino que aparece también la necesidad de disponer de capacidades de “hard power” de corte más convencional, aunque este tipo de conflictos se presenta como una posibilidad más remota.

En ese escenario se plantean tres grandes objetivos estratégicos: garantizar la defensa del territorio continental, contribuir a la seguridad global sobre la base fundamentalmente de la disuasión de los posibles agresores y, finalmente, la capacidad de respuesta con una adecuada capacidad de proyección del poder militar sobre los escenarios que se consideren.

Estos objetivos requieren unas capacidades militares determinadas que se establecerán en cooperación con el poder legislativo para que, en función de los fondos disponibles, el legislador sea consciente de los riesgos que se asumen si no se dispone de la financiación necesaria para poder abordar de forma suficiente el cumplimiento de tales objetivos. El legislativo, se recuerda en el documento, debe ser consciente que los posibles acuerdos de no disponibilidad presupuestaria (“sequestration” en terminología anglosajona, suena muy gráfico) implican determinadas acciones en términos de reducción de capacidades militares, medios materiales y efectivos, que implican a su vez riesgos para la seguridad. Explícitamente se recuerda que si se continúan produciendo recortes “el pueblo americano tendrá que aceptar que el riesgo aumentará considerablemente” y que las fuerzas norteamericanas “serán demasiado pequeñas para afrontar las necesidades de nuestra estrategia, con mayor riesgo de guerras largas y mayores bajas para los Estados Unidos y nuestros aliados en caso de conflicto”. Los recortes serán “un incentivo para nuestros adversarios” y “podrían producir una situación de seguridad todavía más inestable de la que ahora vivimos”.

Por su parte el Pentágono debe realizar algunos ajustes para adaptarse al marco de austeridad pero sin perder capacidad de combate. En términos de niveles de fuerza los objetivos planteados contemplan:

– La reducción de la fuerza activa del Ejército, como consecuencia del repliegue de Afganistán que pasará de 570 mil a 440 mil efectivos. Por su parte la Guardia Nacional perderá 23.000 efectivos hasta situarse en los 335 mil y la reserva 10.000 hasta situarse en los 195 mil. En caso de que se realicen mayores disminuciones de presupuesto se contemplan recortes adicionales que afectarían a 20 mil efectivos en el “Regular Army”, otros 20 mil en la Guardia Nacional y 10 mil en la reserva. Es decir, una reducción prevista de 163.000 efectivos, que en el peor escenario podría alcanzar una cifra de 213.000. La capacidad esencial a preservar será la de mantener capacidad de combate en todo el espectro de operaciones militares con prioridad en operaciones de alta intensidad.

– La Armada debe mantener su capacidad de respuesta en todo el espectro de operaciones. Los programas contemplan la modernización de los sistemas existentes, con revisión de los nuevos proyectos. Si se confirman reducciones de presupuesto adicionales se dará de baja el portaaviones USS George Washington.

– La Fuerza Aérea deberá mantener su capacidad de proyección de poder pero teniendo en cuenta que deberá revisar sus programas de modernización para adaptarse a un escenario financiero, que en buena medida ha estado condicionado por proyectos aeroespaciales muy costosos. Para ello, y para poder abordar sistemas de última generación, deberá dar de baja algunos de los sistemas actualmente en inventario. En el peor escenario se contempla la baja de 80 aeronaves de combate y la ralentización de la entrada en servicio del nuevo “Joint Strike Fighter”.

– Para el cuerpo de Marines se contempla una cifra objetivo de 182 mil efectivos. Teniendo en cuenta su papel como fuerza de respuesta prioritaria, en caso de nuevos recortes esta cifra se podría ver ligeramente reducida hasta alcanzar los 175.000 pero manteniendo sus capacidades y grado de disponibilidad operativa.

El nivel operativo y de alistamiento de las fuerzas “convencionales” constituye la prioridad principal sobre las que debe centrarse el esfuerzo del departamento, sin olvidar otras áreas clave que constituyen apoyos estratégicos esenciales: ciberseguridad (ataque y defensa), defensa antimisil, disuasión nuclear, espacio, inteligencia y operaciones especiales. En prácticamente todas esas capacidades de apoyo se plantea una redistribución de las inversiones de tal manera que se prioricen las funciones de combate, y que en  las funciones de apoyo se contemplen sistemas menos complejos, con arquitecturas de operación conjuntas y más duraderos, sin perder los niveles disponibles, y en un marco de contribución general a la seguridad nacional.

El conjunto de la revisión de capacidades debe llevar a un nuevo reparto en la llamada “tooth to tail ratio” de tal manera que “los dientes” se vean fortalecidos y se actúe sobre los apoyos para optimizar los recursos disponibles. En este sentido las mayores dificultades para obtener sistemas “state of the art” llevan a concluir en que es preciso revisar los procedimientos tácticos y técnicos y actuar sobre la orgánica, con especial referencia a la estructura administrativa del propio Pentágono y de los Cuarteles Generales de nivel superior.

En el futuro escenario, donde claramente se identifica como zona de interés prioritario la zona de Asia – Pacífico, con continuas referencias al potencial chino, se considera esencial contar con apoyos a través de potencias aliadas. En Asia, tanto la India como Corea del Sur se consideran los socios de referencia. En cuanto a Europa, sobre la base de una cooperación ruso-americana como pilar esencial para la estabilidad de la región, se hace un llamamiento a los países europeos de la OTAN como socios principales y críticos para poder hacer frente con suficientes garantías de éxito a algunos riesgos. La mención a una mayor necesidad de protagonismo europeo en África es clara. En esta zona se plantea con claridad que el papel norteamericano será de apoyo a los esfuerzos que deben proceder de las potencias europeas que deben disponer de un potencial militar suficiente.

En definitiva el conjunto del documento plantea que para afrontar los riesgos a la seguridad, en un marco financiero restrictivo, es preciso priorizar los esfuerzos y promover la cooperación.

Los mensajes van dirigidos a cuatro audiencias bien diferenciadas pero todas ellas implicadas en el esfuerzo de contribuir a la seguridad global. En primer lugar al propio legislador norteamericano que debe ser consciente de que los recortes en defensa implican asumir riesgos que hay que tener en cuenta y que deben considerarse al mismo nivel que las consideraciones generales de estabilidad económica. En segundo lugar, a la propia opinión pública que debe ser consciente que los recortes en defensa pueden llevar a mayores sufrimientos y pérdidas de vidas en caso de conflicto o incluso a renunciar a determinadas libertades si no se dispone de capacidad de defensa. En tercer lugar a los propios militares para que, conscientes del marco de austeridad en el que deben desenvolverse, realicen un esfuerzo de puesta en común de capacidades y racionalización de estructuras redundantes que permita optimizar los recursos para mantener una fuerza con capacidad de combate suficiente para responder a las amenazas. Finalmente, a los socios europeos para que contribuyan al esfuerzo de mantener la seguridad global especialmente en aquellas zonas donde los norteamericanos no podrán o querrán llegar.

Carlos Calvo González-Regueral,  coronel de Infantería DEM.

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