Un camino desacertado para la educación en valores

Por Manuel de Castro Barco, secretario general de la Federación Española de Religiosos de Enseñanza (FERE-CECA) y EyG (EL PAÍS, 01/07/07):

Hoy existe gran preocupación en la sociedad por la aparición, cada vez más numerosa, de casos de violencia juvenil dentro y fuera de las aulas. Desde diferentes instancias educativas detectamos una pérdida de valores morales entre la juventud, puesta de manifiesto en conductas antisociales que no nos dejan indiferentes. De ahí la mayor necesidad de educar en valores y de comprometer a todos en este empeño.

Es evidente que la tarea de educar a los hijos es un derecho primordial de los padres, pero no lo es menos que ellos solos no pueden acometerla con éxito. Hoy no pocas familias parecen especialmente desbordadas por la educación de sus hijos y precisan, más que nunca, de la colaboración de la escuela.

La Unión Europea ha detectado con inquietud la aparición de las conductas antisociales antes citadas y de una especie de desencanto e indiferencia frente a los valores democráticos. Ésta es la razón por la que los Estados miembros tomaron el compromiso de incorporar la educación cívica en las escuelas.

Nuestros centros educativos católicos han mostrado siempre un gran compromiso con la educación en valores; también con los valores cívicos que han venido trabajándose a través de los ejes transversales, de las tutorías y de todas las actividades del centro, incluso de aquellas aparentemente neutras como el deporte, el teatro, la música, etcétera. En nuestros días, nadie se atreve a poner en duda el derecho y la capacidad de la escuela para transmitir valores morales; más bien nos lamentamos de su escasa incidencia en la vida del alumnado frente a otros competidores mucho más poderosos y seductores.

El actual Gobierno decidió que la mejor manera de acometer el compromiso europeo antes citado era introducir en el sistema educativo una nueva asignatura dedicada a la Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. El desarrollo de los acontecimientos está poniendo de manifiesto que el camino elegido no ha sido el más acertado. Y esto, por varias razones. En primer lugar, por la enorme polémica que ha suscitado una cuestión tan delicada como ésta, que precisaba de un consenso generalizado; en segundo lugar, porque la educación en valores no es tanto una cuestión de saberes y de conocimientos, cuanto primordialmente de actitudes, convicciones, testimonio de vida y de razones para sustentarlos.

¿No hubiera sido mejor mantener la actual asignatura “Ética” de 4º de la ESO, haber distribuido los contenidos teóricos referentes a derechos humanos y el funcionamiento de las instituciones democráticas en otras asignaturas ya existentes, y haber potenciado la acción tutorial? Esta solución tenía la ventaja de que la Ética no había sido cuestionada, ni en la LOGSE ni en la LOCE. Además, los temas morales encontraron en esta última un planteamiento más sistemático y científico del que tienen ahora en Educación para la Ciudadanía. Por todas esas razones, Escuelas Católicas se ha manifestado siempre disconforme con la implantación de la materia de Educación para la Ciudadanía, y así lo puso de manifiesto con su voto en contra de la asignatura en el Consejo Escolar del Estado.

No obstante, una vez que la LOE fue aprobada por el Parlamento y su impartición era obligatoria para todos los centros, consideramos que lo más razonable era intentar que sus contenidos fueran respetuosos con las convicciones morales de todas las familias. En esta tarea nos embarcamos. En todo caso, conscientes de los derechos que nos otorga el artículo 27 de la Constitución y los instrumentos que la misma LOE pone a disposición de todos los colegios, vamos a desarrollar y concretar esta asignatura de manera que se imparta en total coherencia con el carácter propio de los centros católicos. Además, cuidaremos la selección de los libros de texto y la formación del profesorado que la imparta. Por todo ello, vemos innecesaria la presentación de la objeción de conciencia en nuestros centros, aunque no pondremos obstáculo alguno a quienes libremente decidan hacerlo. En este sentido, queremos transmitir un mensaje de tranquilidad a los padres de nuestros alumnos.

Sin embargo, en los centros públicos, obligados a la neutralidad ideológica, puede darse el caso de que alguien pretenda adoctrinar en valores morales no compartidos por todos, convirtiéndose en plataformas para la difusión de ideologías legítimas, pero particulares. En este caso, apoyaremos las medidas que los padres adopten en defensa de sus derechos.

El crispado debate social que se está produciendo muestra bien a las claras la polarización actual de la sociedad española y la poca voluntad de acuerdo que preside la política. Se aprobaron leyes sociales fuertemente cuestionadas y ahora se implanta una nueva asignatura con contenidos que afectan a la moral personal, sin haber alcanzado un acuerdo generalizado sobre los mismos. Creemos que es posible y conveniente acordar una serie de valores morales compartidos a desarrollar en la escuela y que ello sería una contribución inestimable al bien común de toda la sociedad.

Pero no todo es negativo en este debate. Se ha producido un loable despertar de la preocupación de los padres por la educación religiosa y moral que sus hijos puedan recibir en la escuela. Es lógico que quieran protegerles contra posibles adoctrinamientos, del signo que sean. Pero al mismo tiempo es necesario que estén atentos a la influencia que otras instancias, como los medios de comunicación social, Internet, etcétera, están ejerciendo sobre sus hijos. En la actual sociedad plural y globalizada es casi imposible controlar la información que reciben nuestros jóvenes. La mejor manera de protegerlos es dotarles de un bagaje de instrumentos para ser ellos mismos, entre los que cabe destacar la formación en el espíritu crítico.