Un conflicto armado entre Venezuela y Colombia ya es una posibilidad real y aterradora

Miembros del ejército venezolano realizan ejercicios en la frontera con Colombia (JOHNNY PARRA/EPA-EFE/REX )
Miembros del ejército venezolano realizan ejercicios en la frontera con Colombia (JOHNNY PARRA/EPA-EFE/REX )

Pensar en las formas en que nuestra crisis podría empeorar se ha convertido en un juego muy popular para los venezolanos. Durante años, el peor escenario fue la guerra civil entre las facciones políticas de nuestro país. En estos días, una perspectiva aún más aterradora ha comenzado a desplazarlo en las pesadillas venezolanas: un conflicto armado con Colombia.

¿La razón? La alianza cada vez más estrecha entre Venezuela y la guerrilla narcotraficante que está en guerra contra el estado colombiano, la cual ha sacudido a Bogotá con tanta fuerza que ahora busca una respuesta hemisférica.

Este miércoles Colombia, Estados Unidos y otros nueve países invocaron el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), firmado en Río de Janeiro en 1947, que compromete a los países del hemisferio occidental a responder a una agresión militar contra cualquiera de ellos. La medida vino después de que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, dijo que desplegaría 150 000 soldados en la frontera con Colombia. Invocar al TIAR es una medida extrema en la región y una señal clara de que el conflicto armado es ahora una posibilidad real.

Desde hace tiempo los analistas de seguridad en Colombia han prendido las alarmas por el apoyo de Venezuela a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que durante décadas ha sido comparsa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Pero el reciente anuncio de algunos de los principales líderes de las FARC de su regreso a las armas ha empeorado mucho la situación y creado la persepectiva de que hay múltiples fuerzas en Colombia que están actuando como aliadas de Venezuela.

Durante más de una década, Venezuela ha sido un espacio seguro para las diversas guerrillas de Colombia. Los rebeldes colombianos han usado a Venezuela como refugio: un lugar donde sus soldados podían ir a descansar y recuperarse, recibir tratamiento médico o entrenamiento. Poco a poco expandieron sus operaciones en el país, utilizándolo como un conducto para el tráfico de drogas y para ejecutar extorsiones.

Pero la cooperación entre Caracas y los rebeldes colombianos parece haber aumentado este año, a medida que el estado venezolano pasó de tolerarlos a verlos como aliados en una lucha común.

Documentos de inteligencia venezolanos filtrados al semanario colombiano Semana dan cuenta de esta situación preocupante, pues muestran que la relación de Venezuela con los “grupos rojos” colombianos es algo cercano a la relación de Irán con el grupo terrorista libanés Hezbolá. Los guerrilleros colombianos no solo son tolerados en Venezuela, son entrenados incluso en el uso de armas peligrosas como los misiles antiaéreos rusos de alta tecnología.

Los documentos filtrados a Semana señalan que Venezuela está incorporando al ELN y la renovada FARC en su sistema de inteligencia, con el propósito de ayudarle a identificar objetivos militares con alto valor dentro de Colombia. Incluso, Colombia dijo que el video en el que las FARC anunciaban su regreso a las armas fue filmado dentro de Venezuela.

Para el gobierno venezolano, que está cada vez más paranoico ante las amenazas externas, esta alianza con la guerrilla de Colombia le ofrece beneficios obvios: fortalece sus cartas para negociar al permitirle crear una amenaza creíble para desestabilizar a Colombia. Para los propios grupos guerrilleros, los beneficios son igualmente claros. Venezuela les proporciona todo lo que necesitan para que Colombia no pueda vencerlos: territorio, oportunidades para extorsionar, rutas de narcotráfico, entrenamiento, armas.

Para Colombia, esta situación amenaza con volverse intolerable. Los escenarios más sombríos rebasan la imaginación. Digamos, por ejemplo, que Colombia se entera de que una célula guerrillera en Venezuela está entrenando para realizar un gran ataque en Bogotá: realizar un ataque preventivo podría ser una solución rápida pero abrumadora. Sin duda, no sería la primera vez que Colombia ataca a la guerrilla en el territorio de un vecino. Durante años, los observadores en Venezuela han estado señalando que el colapso del país estaba destinado a desestabilizar la región de una forma u otra. Ahora, la forma que probablemente tendrá esa desestabilización está empezando a quedar más clara.

Sin duda, ningún líder venezolano en su sano juicio querría un conflicto armado entre los reclutas famélicos y desorganizados de Venezuela y los combatientes de Colombia, que están mucho mejor armados, entrenados y endurecidos para la batalla. No es una guerra ganable.

Pero la presencia de la guerrilla complica los cálculos: Venezuela no tendría que invadir Colombia porque sus aliados guerrilleros ya están allí. Aunque la presencia de esas guerrillas multiplican la posibilidad de cometer errores de cálculo y accidentes que fácilmente podrían desencadenar una escalada que ninguno de los jugadores podría controlar.

América Latina no está preparada para la situación que se está formando en la frontera entre Venezuela y Colombia. La región no ha sido testigo de conflictos graves entre países desde 1930. El abrazo sincero de Venezuela a la narcoguerrilla de Colombia está creando condiciones para un tipo de enfrentamiento que la región ya no recuerda.

Con suerte, ese es un escenario que sólo se quedará en las pesadillas de los venezolanos. Aunque si hay algo que los últimos años han dejado en claro, es que los venezolanos no pueden confiar en la suerte.

Francisco Toro is a Venezuelan political commentator and contributing columnist for Global Opinions. He is chief content officer of the Group of 50.

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