Un desarme disfuncional

Cuando la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarme comience una sesión de siete semanas en Ginebra, su futuro estará en juego. Mientras que hay en movimiento iniciativas de los países y la sociedad civil, la Conferencia se ha estancado. Su credibilidad – de hecho, su propia legitimidad – se encuentra en riesgo.

La “CD”, como se la conoce informalmente, ha servido por largo tiempo como el único foro multilateral del mundo para la negociación sobre desarme. Entre sus muchos e impresionantes logros se incluyen las Convenciones sobre armas biológicas y químicas, el Tratado de no proliferación nuclear y el Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares. Muchos de de estos avances se lograron durante la Guerra fría, lo que demuestra que es posible crear normas jurídicas globales incluso en tiempos de profunda división política.

Sin embargo, en la actualidad no todo está bien en la CD. Opera bajo una regla de consenso, y sus Estados miembros tienen prioridades diferentes. Algunos quieren negociaciones sobre el desarme nuclear, mientras que otros desean prohibir la producción de material fisible para fines armamentistas, y aún otros insisten en que ese tratado debe abarcar también las existencias actuales. Algunos quieren un tratado sobre garantías de seguridad para los Estados no poseedores de armas nucleares que los protejan frente a la amenaza o el uso de armas nucleares; otros quieren un tratado para prevenir una carrera armamentista en el espacio exterior.

Pero, en lugar de los acuerdos y de las concesiones mutuas propias de las discusiones de buena fe, se ha producido una parálisis. Hubo un breve rayo de esperanza en 2009, cuando la sensación de parálisis llevó a la Conferencia a un consenso sobre un programa de trabajo. Por desgracia, ese programa nunca se implementó. Como resultado, la CD no ha hecho ningún avance sustancial en los últimos 15 años. Sencillamente, no podemos permitir una segunda década perdida.

El futuro de la CD está en manos de sus Estados miembros. Pero el programa de desarme y no proliferación es demasiado importante como para dejar que la CD caiga en la irrelevancia a medida que los estados consideran otros ámbitos de negociación. En septiembre pasado, convoqué a una reunión de alto nivel en las Naciones Unidas para considerar formas de revitalizar la labor de la CD y avanzar en las negociaciones multilaterales de desarme.

Los participantes – entre los que había decenas de ministros de Relaciones Exteriores- coincidieron en subrayar que la pertenencia a la Conferencia de Desarme es un privilegio. También lo es la regla del consenso. No es posible que sólo uno o dos países tengan el poder de bloquear el trabajo de la organización por tiempo indefinido.

El mensaje fue claro: no se puede seguir procediendo como de costumbre. Los estados miembros de la CD deben reconocer que el futuro de la Conferencia se encuentra en una coyuntura crítica. El prolongado estancamiento aumenta el riesgo de que algunos países de ideas afines puedan abordar estos asuntos en otros ámbitos.

Después de todo, el bloqueo tiene consecuencias nefastas para la seguridad internacional; cuanto más tiempo persista, más grave será la amenaza nuclear  de los arsenales existentes, de la proliferación de esas armas y de su posible adquisición por parte de terroristas.

He instado a la Conferencia de Desarme a adoptar una agenda basada en el consenso que se forjó en 2009, o en un sistema alternativo. A petición mía, todos los estados miembros de la ONU tratarán el tema en una Asamblea General, la primera de este tipo, que se ha de celebrar en julio. Ese programa hace que el actual período de sesiones de la Conferencia de Desarme sea crucial para su futuro.

Reafirmar la agenda de la Conferencia ofrece la posibilidad de nuevas negociaciones sobre asuntos de desarme. Un acuerdo previo sobre el alcance o el resultado no debe ser una condición previa para las conversaciones -o una excusa para evitarlas-, sino más bien un tema de las negociaciones mismas.

El estancamiento actual es tanto más preocupante en vista del reciente impulso en otras instancias de desarme, como el éxito del año pasado de la Conferencia de examen del TNP y la mayor atención a la seguridad nuclear. La CD debe aprovechar este momento en que el mundo presta tanta atención al avance de los objetivos de desarme.

Shakespeare escribió una vez que “hay una marea en los asuntos de los hombres”. La marea del desarme está creciendo, pero la CD corre el peligro de hundirse. Y se hundirá a menos que cumpla con su responsabilidad de actuar.

Por Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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