Un ejército pequeño e inteligente

Desde hace muchos años existe en Israel un debate en torno al presupuesto en defensa. La derecha, que exige la reducción del presupuesto general del Estado un punto por debajo del PIB, se calla en cambio siempre que se propone reducir el gasto militar. Y así año tras año nos hallamos ante la contradicción de buscar el ideal de un aparato del Estado más pequeño y la consideración de que es imprescindible un presupuesto grande para tener un ejército fuerte y eficaz. La izquierda, crítica con el alcance de la privatización y recelosa de que fondos públicos vayan a manos privadas, defiende la reducción del gasto militar, pero la derecha se opone a ello con uñas y dientes. La izquierda señala el hecho de que los militares de profesión se jubilan a los 45 años y, a partir de entonces, reciben una muy buena pensión todos los meses por no nombrar otros privilegios con los que no cuentan los pensionistas de los demás sectores laborales. La derecha, sin embargo, argumenta que para mantener a personas de mucho nivel en el ejército es necesario ofrecerles unas condiciones especiales; además, considera que para asegurarse el poder de disuasión hace falta una organización grande y que cuente con armamento de última generación, el cual es cada vez más caro.

Un artículo del periódico The New York Times publicado el pasado 26 de febrero parece realmente estar sacado de un diario israelí la víspera de la decisión sobre el presupuesto en defensa. En febrero el Congreso norteamericano rechazó las propuestas del Gobierno de Obama para reducir las bonificaciones que actualmente reciben los que sirven en el ejército, sobre todo en relación con el incremento de sus pensiones, pero la mayoría republicana impidió que se tocase esa vaca sagrada. El secretario de Defensa, Chuck Hagel, va a proponer próximamente una serie de cambios relacionados con la eliminación de la exención del pago del impuesto por préstamo para la vivienda, así como la eliminación de parte de las facilidades con las que cuentan los militares para el pago del seguro médico. No obstante, los pasos más importantes y de mayor relevancia económica son el cierre de la línea aeronáutica A-10, que según parece ya cumplió su misión, y la no adquisición de los aviones F-35, de los que se han recibido quejas sobre su funcionamiento dejando en el aire la duda sobre su eficacia.

¿Aprobará el Congreso estos recortes tan importantes? Es difícil saberlo, pero da la impresión de que lo más probable es que se vote en contra de las medidas de Hagel, sobre todo porque la mayoría republicana ha decidido torpedear casi cualquier propuesta que venga del Gobierno incluso aunque quien se las proponga sea un republicano como el mismo Hagel. El debate sobre los recortes en el sistema de defensa estadounidense no se debe sólo al enfrentamiento político casi pueril entre republicanos y demócratas, sino también a la cuestión fundamental de si tener un ejército grande y excesivo como el suyo es garantía de que EE.UU. siga siendo una potencia mundial también en el siglo XXI.

No hay duda de que ser una potencia no es sólo el resultado del producto interior bruto o del número de habitantes; si fuera de este modo, China sería la única potencia en el mundo y para nada es así. Una potencia es ese país que es capaz de hacerse responsable de otros lugares del mundo, que cuenta con una agenda política e ideológica y que puede ayudar a quien necesita ayuda y amenazar de forma efectiva a aquel país que actúa saltándose las normas aceptadas. Y está claro que, cuando se habla de amenazar, el ejército desempeña un papel importante, pero un ejército grande no es garantía de eficacia y los gastos exagerados en adquisición de un equipamiento demasiado caro y en pro del bienestar de los soldados pueden hacerse a costa del bienestar de toda la sociedad y agudizar las diferencias económicas dañando así el poder del propio Estado. Esto puede aplicarse tanto a un país enorme como EE.UU. como a un país pequeño como Israel u a otros muchos.

Cuando el ex primer ministro Ehud Barak fue jefe de las fuerzas armadas israelíes hablaba a menudo de tener “un ejército pequeño e inteligente”, pero eso nunca se logró. El ejército israelí es demasiado grande y el presupuesto destinado a gastos militares rebaja el presupuesto destinado a necesidades sociales urgentes. También EE.UU. necesita un ejército pequeño e inteligente, pero hace falta ser increíblemente optimista para pensar que los republicanos permitirán al Gobierno de Obama ir en esa dirección.

Yossi Beilin, exministro de Justicia israelí, negociador en el proceso de paz de Oslo.

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