Un estímulo oculto para Europa

El Consejo Europeo en su próxima reunión del 7 de febrero debería considerar a la inversión privada para comenzar la reactivación de la paralizada economía europea. Los sectores que habitualmente impulsan el crecimiento del PBI en Europa están limitados, el único sector económico capaz de gastar es el sector corporativo no financiero.

De hecho, las empresas europeas que cotizan en bolsa tenían disponibilidad excedente de efectivo por más de €750 mil millones de euros ($1 billón) en 2011, un valor cercano al máximo de los últimos 20 años. Desbloquear ese efectivo le daría a Europa un paquete de estímulo mucho mayor al que puede proporcionar cualquiera de los gobiernos. En 2011, por ejemplo, la inversión privada en Europa llegó a un total de más de €2 billones, mientras que la inversión gubernamental fue menor a €300 mil millones.

Sin embargo, mientras que las tendencias en las economías europeas han sido diversas, la inversión privada fue, en general, el componente más golpeado del PBI durante la crisis: cayó más de €350 mil millones –10 veces más que el consumo privado y 4 veces más que el PBI real– entre 2007 y 2011. La magnitud de la reducción en la inversión privada no tuvo, de hecho, precedentes –y es parte central del malestar económico europeo.

De igual forma, según los estándares históricos, la recuperación de la inversión privada está demorándose. En más de 40 episodios anteriores en los que cayó el PBI y la inversión privada disminuyó el 10 %, la recuperación demoró 5 años en promedio. Hace cuatro años de la llegada de la recesión a Europa, pero la inversión privada en 2011 aún continuaba por debajo del nivel de 2007 en 26 de los 27 estados miembros de la Unión Europea.

Por cierto, que las empresas retengan su efectivo en vez de distribuirlo en dividendos señala que esperan el resurgimiento de oportunidades de inversión: una situación mucho más positiva que la del Japón, por ejemplo, donde las empresas carecen de efectivo para invertir. Pero las empresas europeas continúan dudando a pesar de las bajas tasas de interés y mantienen la inversión privada muy por debajo de su máximo anterior.

Los gobiernos pueden ayudar a persuadir a las empresas a desprenderse de su efectivo eliminando barreras regulatorias, como la zonificación para la venta minorista y una plétora de requisitos en el sector de la construcción que afectan todo, desde la altura de los techos hasta el tamaño de los espacios para escaleras. También deberían ocuparse de la falta de estándares uniformes dentro de Europa; por ejemplo, existen 11 sistemas de señalización para el transporte ferroviario de carga en los EU-15.

Después de que Suecia relajara sus leyes de planificación para el sector de venta minorista durante la década de 1990, alcanzó el mayor crecimiento en la productividad de ese sector en Europa (y aventajó al de Estados Unidos) entre 1995 y 2005. La estandarización y liberalización de las empresas de telecomunicaciones europeas apuntalaron un crecimiento del 9 % en el valor agregado y la productividad durante ese período, mientras que en EE. UU. el crecimiento fue del 6 %.

Las mayores posibilidades para renovar la inversión privada están en los sectores intensivos en capital con una gran injerencia regulatoria gubernamental. Incluso si los países europeos redujesen tan solo el 10 % de la variación en las existencias de capital por trabajador al nivel de subsectores, el impacto podría significar más de €360 mil millones en inversiones adicionales –y contrarrestaría la diferencia de €354 mil millones en la inversión privada entre 2007 y 2011.

Muchos proyectos, desde aeropuertos hasta campus universitarios, logran rendimientos durante décadas. Esto implica que la débil demanda en el corto plazo solo tendrá un impacto limitado en su factibilidad en general. Incluso entre los proyectos de más corto plazo, algunos –por ejemplo, el reacondicionamiento de edificios para eficientizar su consumo energético– podría resultar factible si los responsables de políticas actúan. Cierto grado de inversión aumentará la demanda y esto puede persuadir a otros a invertir: un círculo virtuoso.

Este enfoque no se trata de «elegir ganadores y perdedores». Se trata de reformas microeconómicas orientadas que reducen o eliminan barreras a la inversión privada y alientan al sector corporativo no financiero a impulsar el crecimiento del PBI europeo. Pero es importante que este activismo en las políticas se implemente correctamente.

En primer lugar, los gobiernos deben centrarse en sectores en los que la acción probablemente dispare una inversión renovada a suficiente escala como para impulsar el PBI –y lo suficientemente rápido como para permitir que la inversión privada impulse la recuperación. Los gobiernos a menudo se enamoran de los sectores innovadores, como el de los semiconductores, que solo generan una porción muy pequeña de la inversión total. Los responsables de políticas pueden desear desarrollar esos sectores como catalizadores de innovación, pero no deben esperar que esas iniciativas por sí mismas estimulen una recuperación de la inversión privada.

De hecho, la construcción y los bienes raíces son los candidatos más prometedores, ya que representan aproximadamente un tercio de la inversión fija europea y más de 17 millones de puestos de trabajo. Si bien es poco probable que estos sectores recuperen sus niveles previos a las crisis en Grecia, Irlanda y España durante muchos años, otras economías europeas, incluidas las del Reino Unido, Italia y Suecia, así como algunas economías de los países de Europa del Este, tienen margen para mayores inversiones.

Para cumplir las ambiciosas metas energéticas europeas de 2020, reacondicionar los edificios existentes y mejorar la eficiencia energética de los nuevos, incluso usando materiales y equipos más eficientes, podría generar inversiones anuales adicionales por aproximadamente €37 mil millones desde ahora hasta 2030. En la mayoría de los países europeos, también debería considerarse la acción para estimular la inversión privada en servicios locales y transporte –ambos grandes sectores.

Los gobiernos, sin embargo, deben entender las barreras a la inversión: fallas regulatorias; facilitadores débiles, incluidos el capital financiero y humano; infraestructura insuficiente; y tecnologías atrasadas. Y deben efectuar análisis rigurosos de costo-beneficio para garantizar que todas las intervenciones se traduzcan en inversiones privadas que promuevan el aumento de la productividad.

Aquí –en la ejecución– es donde a menudo el desempeño de los gobiernos es pobre. Demasiado frecuentemente gastan dinero para apoyar proyectos del sector privado incapaces de proporcionar un rendimiento positivo para la economía en su conjunto.

Tres ingredientes son vitales para lograrlo: el respaldo del máximo nivel político a las iniciativas; la participación de todas las partes interesadas clave para decidir qué acciones tomar e impulsar su implementación; y el establecimiento de unidades de acción pequeñas y potentes con mandatos claros para coordinar las intervenciones.

Los líderes europeos deben centrar su estrategia de crecimiento en la inversión privada mediante el diseño de políticas que abran las puertas a grandes flujos potenciales. La reunión del Consejo Europeo el 7 de febrero es una oportunidad ideal para comenzar.

Eric Labaye is Chairman of the McKinsey Global Institute. Traducción al español por Leopoldo Gurman.

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