Un futuro de felicidad, tolerancia y juventud

En las dos últimas semanas, he oído y leído muchas preguntas, comentarios y artículos periodísticos sobre los cambios recientes en el gobierno de los Emiratos Árabes Unidos. ¿Por qué, todos parecen querer saber, creamos un Ministerio de la Felicidad, la Tolerancia y el Futuro, y por qué designamos a un ministro de la Juventud de 22 años?

Los cambios reflejan lo que hemos aprendido a partir de lo sucedido en nuestra región en los últimos cinco años. En particular, hemos aprendido que el no responder de manera efectiva a las aspiraciones de los jóvenes, que representan a más de la mitad de la población en los países árabes, es como nadar contra la corriente. Sin la energía y el optimismo de la juventud, las sociedades no pueden desarrollarse y crecer; de hecho, están condenadas.

Cuando los gobiernos desdeñan a sus jóvenes y bloquean su camino a una vida mejor, le dan un portazo en la cara a toda la sociedad. No nos olvidamos que la génesis de la tensión en nuestra región, los acontecimientos conocidos como la “Primavera Árabe”, estaba directamente arraigada en la falta de oportunidades para que los jóvenes logren sus sueños y ambiciones.

Estamos orgullosos de que los Emiratos Árabes Unidos sean un país joven. Y estamos orgullosos de nuestros jóvenes. Invertimos en ellos y los empoderamos precisamente porque son nuestro futuro. Creemos que adquieren y procesan el conocimiento mucho más rápido que nosotros porque crecieron con herramientas y técnicas que nosotros no teníamos a su edad. Les encomendamos la misión de llevar a nuestro país a nuevos niveles de crecimiento y desarrollo, razón por la cual ahora hemos designado un ministro de Gabinete de su edad y creado un consejo especial de la juventud.

También hemos aprendido de cientos de miles de muertos y millones de refugiados en nuestra región que la intolerancia sectaria, ideológica, cultural y religiosa sólo alimenta el fuego de la ira. No podemos permitir que esto suceda en nuestro país, y no lo haremos. Necesitamos estudiar, enseñar y practicar la tolerancia -e inculcársela a nuestros hijos, tanto a través de la educación como de nuestro propio ejemplo.

Es por eso que hemos designado un ministro de Estado para la Tolerancia. Creemos que un marco legal debería formalizar la tolerancia que nuestra sociedad ya manifiesta, y que nuestras políticas e iniciativas ofrecerán un ejemplo espectacular para nuestros vecinos.

Cuando el mundo árabe era tolerante y aceptaba a los demás, lideraba el mundo: desde Bagdad hasta Damasco y Andalucía y más lejos aún, ofrecimos dechados de ciencia, conocimiento y civilización, porque los valores humanos eran la base de nuestras relaciones con todas las civilizaciones, culturas y religiones. Inclusive cuando nuestros ancestros abandonaron Andalucía, gente de otra fe se fue con ellos.

La tolerancia no es un eslogan, sino una cualidad que debemos abrigar y practicar. Debe estar entrelazada en el tejido de nuestra sociedad para salvaguardar nuestro futuro y mantener el progreso que hemos hecho. No puede haber un futuro brillante para Oriente Medio sin una reconstrucción intelectual que reestablezca los valores de la apertura ideológica, la diversidad y la aceptación de las opiniones de los demás, ya sean intelectuales, culturales o religiosas.

De la mano de cada lección que aprendemos viene una decisión que forjará nuestro futuro. Pero también sabemos que podemos aprender mirando hacia el futuro, no sólo el pasado o el presente. Dicho de otro modo, debemos pensar cómo será la vida en una economía post-petróleo. Es por eso que hemos invertido mucho -más de 300.000 millones de dírhams (81.500 millones de dólares)- para establecer el foco que guíe el camino por delante de los Emiratos, con el objetivo de prepararnos para una economía diversa que libere a las futuras generaciones de la dependencia del mercado petrolero, siempre fluctuante.

Lograr este objetivo exige reconsiderar plenamente nuestro sistema legislativo, administrativo y económico para dejar atrás la dependencia del petróleo. Necesitamos una infraestructura regulatoria fuerte y adecuada para construir una economía nacional sostenible y diversa para nuestros hijos y sus hijos.

Al escribir este comentario, quiero enviarles un mensaje claro a otros en nuestra región de que el cambio depende exclusivamente de nosotros. Nuestra región no necesita que una potencia externa súper fuerte detenga su decadencia; necesitamos un poder interior que pueda superar el odio y la intolerancia que han afectado la vida en muchos países vecinos.

Escribo para enviar el mensaje de que los gobiernos en nuestra región y otras partes necesitan revisar sus roles. El papel del gobierno es el de crear un contexto en el que la gente pueda alcanzar sus sueños y ambiciones, no crear un entorno que el gobierno pueda controlar. El punto es empoderar a las personas, no ejercer el poder sobre ellas. El gobierno, en resumen, debería alimentar un contexto en el cual la gente cree su propia felicidad y goce de ella.

No somos originales al hablar del rol del gobierno en cuanto a promover la felicidad. Desde los albores de la historia, la felicidad es todo lo que ha buscado la humanidad. Aristóteles decía que el estado es un ser vivo que se desarrolla en la búsqueda del logro de la perfección moral y la felicidad de los individuos. Ibn Khaldun decía lo mismo. De la misma manera, la Declaración de Independencia de Estados Unidos defiende la búsqueda de la felicidad como el derecho de cada individuo.

En nuestro propio tiempo, las Naciones Unidas hoy reclaman cambios en los criterios utilizados para medir el éxito gubernamental -de indicadores económicos a medidas relacionadas con la felicidad y el bienestar de la humanidad-. Ha dedicado el Día Internacional de la Felicidad de las Naciones Unidas a hacer hincapié en la importancia de este cambio.

Centrarse en la felicidad es posible y está plenamente justificado. La felicidad se puede medir y su evaluación ya es objeto de muchos programas y estudios. Es más, se puede desarrollar y su logro se puede vincular a objetivos materiales. Hay estudios que han demostrado que la gente feliz produce más, vive más e impulsa un mejor desarrollo económico en sus comunidades y países.

La felicidad de los individuos, las familias y los empleados, su satisfacción con la vida que llevan y el optimismo para el futuro son cruciales para nuestro trabajo, que toca a cada sector del gobierno. Es por este motivo que debe haber un ministro que guíe y trabaje en colaboración con todas las instituciones del gobierno (y que también ofrezca liderazgo al sector privado).

La nuestra no es una promesa vacía. Intentaremos crear una sociedad donde la felicidad de nuestro pueblo sea primordial, sustentando un contexto en el que pueda florecer verdaderamente. Y esperamos que nuestra fórmula beneficie a otros en la región. La fórmula es sencilla: desarrollo nacional basado en valores fundamentales, liderado por los jóvenes y centrado en un futuro en el cual todos alcancen la felicidad.

Mohammed bin Rashid Al Maktoum is Vice President and Prime Minister of the United Arab Emirates and Ruler of Dubai.

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