Un futuro de soluciones

La Gran Niebla de 1952 en Londres mató a 12.000 personas y fue el punto de partida de una serie de leyes de aire limpio que sacó las fábricas fuera de la ciudad y restringió el uso del carbón para calentarse y para cocinar. El corresponsal de ABC relató esos días en una crónica «las nieblas espesas, casi sólidas, que se comen a los autobuses […], la “manta” que reduce el horizonte a dos yardas». Aún hoy sigue siendo el peor episodio de contaminación atmosférica en la historia europea.

La contaminación del aire está detrás de unas 32.000 muertes prematuras cada año en España. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, la polución atmosférica es el problema de salud ambiental más grave. Tanto es así que por primera vez la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha organizado una conferencia mundial sobre contaminación del aire y salud, que tendrá lugar a finales de octubre en Ginebra (Suiza).

En el centro del debate se sitúa ahora el modelo de movilidad urbana, principal responsable de la contaminación de las ciudades. Se trata de un proceso global que abre dos escenarios que todos deseamos: ciudades más sanas y nuevas oportunidades de crecimiento y de empleo. De hecho, el cambio ya está en marcha. Conviven con normalidad en el ecosistema urbano vehículos eléctricos que se alquilan por minutos a través de una aplicación, carreteras inteligentes conectadas tecnológicamente y electrolineras.

Los parámetros culturales de movilidad, de uso de espacio público y del valor de la salud y de la calidad del aire están en plena evolución. Afortunadamente, hay muchas opciones técnicas que nos van a facilitar este cambio porque lo que no podemos hacer es vivir de espaldas a esa realidad.

A estas alturas, la demanda de los ciudadanos sobre su salud está fuera de toda duda. También es claro –así lo señalan todos los indicadores– que el camino hacia una nueva movilidad es ineludible si queremos garantizarnos un futuro a nosotros mismos y a las generaciones próximas. Como país, nos merecemos además que este tránsito sea bueno para todos. Para ello, la nueva movilidad tiene que poner al ciudadano en el centro. Pasemos de un sistema de vehículos a un sistema de soluciones. De muchas soluciones.

Y como todo camino, ha de darse paso a paso, pensando en el largo plazo, anticipando desafíos y facilitando oportunidades.

La creación de una Mesa de Movilidad Sostenible, donde además de los ministerios para la Transición Ecológica e Industria, estén los sindicatos, la industria y las ciudades facilita un foro adecuado para anticipar, debatir y ultimar el diagnóstico compartido que nos haga ganadores a todos.

La producción de coches en España, entre ellos 1,2 millones de vehículos diésel anuales, representa el 10% del PIB y emplea al 9% de la población activa. Es una industria puntera y competitiva, capaz de aprovechar el intenso proceso de transformación que está experimentando el sector a escala global y construir la senda de movilidad cero emisiones a 2050. Los grandes mercados de China e India quieren superar el motor de combustión y las ciudades de Occidente están digitalizando y electrificando su movilidad. Un mercado que se abre y que, por tanto, generará nuevas oportunidades para nuestra industria y nuestra economía.

Por ello, es fundamental acompañar el debate de movilidad y de transformación industrial con las habilidades laborales que eso requiere, y hacerlo en el marco de un diálogo constructivo y sosegado donde podamos anticipar las necesidades y acompañar el cambio, para que la transformación sea completamente exitosa y el sector pueda seguir teniendo, como poco, el mismo peso que tiene ahora en términos de producción y empleo.

Hasta ahora no hemos sido siempre visibles en el acompañamiento de este cambio. Este tipo de procesos son progresivos y requieren coordinar un conjunto de medidas que implican a muchas administraciones, desde lo local a lo internacional, que envíen las señales adecuadas a través de incentivos fiscales que faciliten la adecuación de nuestra industria a las posibilidades que ofrece la movilidad del futuro. Son muchas: globalmente, se espera que el número de vehículos se haya duplicado en 2050 y la tecnología será sin duda la columna vertebral de la movilidad en el futuro. Una movilidad basada en datos y centrada en la experiencia del usuario; una movilidad más accesible, más limpia y más eficiente; una movilidad, en suma, pensada para sacar el mayor rédito posible a la investigación, innovación y la tecnología, campos en los que nuestro país tiene mucho que ofrecer.

Tan importante es la industria y el empleo como la calidad de vida en nuestras ciudades. Éstas van a resultar escenarios clave para incentivar cambios sustanciales en los patrones de movilidad vigentes en favor de la movilidad sostenible, y emergen hoy como actores en alza en la gran transformación de nuestro modelo de convivencia y prosperidad para el siglo XXI.

El binomio ciudad y energía resulta especialmente atractivo porque permite pensar y vertebrar soluciones coherentes desde las tres perspectivas de la sostenibilidad: ambientalmente sólidas, económicamente asumibles y socialmente incluyentes y satisfactorias. Urbanismo, vivienda, movilidad, patrones de consumo y residuos y servicios públicos han de pasar un examen que deje atrás el desarrollo del siglo XX y nos acerque a la prosperidad del siglo XXI donde las ciudades saludables e incluyentes ganan espacio.

Los ciudadanos y los trabajadores españoles no podemos llegar tarde a la cita con nuestro futuro, impulsando lo que es mejor para nuestra salud, para nuestra economía y para el planeta.

Teresa Ribera, Ministra para la Transición Ecológica.

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