Un gran factor de cohesión

Por Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París (LA VANGUARDIA, 08/06/08):

Europa se reunifica por entero desde ayer, 7 de junio. Aun sin caer ningún muro ni darse nuevas ampliaciones de la UE, se producirá un impulso de enorme adhesión a escala continental. Del Atlántico a los Urales, todo el mundo seguirá el campeonato de la Eurocopa. La Europa del fútbol siempre ha ido por delante de la construcción europea. La primera Copa de equipos nacionales tuvo lugar en 1956, un año antes de la firma del tratado de Roma. Reunía a los países que en ciertos casos no mantenían relaciones oficiales. Los partidos entre equipos europeos propiciaron desplazamientos, encuentros, crónicas y en consecuencia contactos con quienes siendo europeos no pertenecían a la familia occidental, se tratara de los países del Pacto de Varsovia o de las dictaduras española y portuguesa. El fútbol fue lo primero que abrió una brecha en el telón de acero.

Las competiciones europeas reforzaron de hecho el sentimiento de pertenencia común de un continente atravesado de parte a parte por guerras durante siglos. Y en épocas recientes la construcción europea política y futbolística se ha acelerado de forma paralela con el tratado de Maastricht (1992), que transformó la CEE en la UE, y la ley Bosman (1995), que permitió la libre circulación de los jugadores en todos los países europeos. Actualmente la Eurocopa acoge a países que experimentan ciertas dificultades relativas a su ingreso en la Unión Europea, como Turquía. Ucrania, que no es país miembro de la Unión Europea, coorganizará la próxima Eurocopa en el 2012 junto con Polonia, que es país miembro de la UE.

El fútbol, en realidad, ha creado un espacio colectivo europeo gracias a la libre circulación de jugadores y a las retransmisiones televisadas. Hace una o dos generaciones, cada cual seguía únicamente su torneo de Liga, donde apenas jugaban extranjeros. Actualmente, un europeo posee un conocimiento preciso de los principales campeonatos continentales, donde lo más probable es que tenga a un compatriota que ayuda a triunfar a un equipo determinado. Los grandes encuentros entre equipos rivales del tipo Barcelona-Real Madrid o Arsenal-Manchester no atraen sólo la atención de aficionados españoles o ingleses. Se trata de auténticos derbis globalizados que siguen cientos de millones de telespectadores.

Los principales equipos continentales cuentan con asociaciones y peñas de aficionados que les apoyan en todo el mundo. La afluencia de estrellas extranjeras a los equipos puede debilitar a los equipos nacionales. Inglaterra, donde tres equipos han alcanzado las semifinales de la Liga de Campeones, no se ha clasificado para la Eurocopa. Una falta de participación, esta vez, totalmente involuntaria. Será la primera vez que los ingleses lamentarán no estar en el corazón de la problemática europea. La renovación del fútbol ruso (clasificación del equipo nacional para la Eurocopa y victoria del San Petersburgo en la UEFA) coincide, en cambio, con el vigoroso regreso de Moscú a la escena internacional.

En lo concerniente al fútbol, Europa es una superpotencia. La construcción de este espacio público europeo ha reforzado a sus equipos, que son los más ricos y prósperos y atraen a las estrellas de los cinco continentes. Los cuatro equipos semifinalistas del último Mundial correspondían a países europeos. En 1998 y en el 2002, Europa contó con tres equipos de cuatro semifinalistas.

Aunque la construcción europea hace temer la difuminación de las identidades nacionales, cabe constatar que en fútbol más bien viene a reforzarlas. La Eurocopa será el momento oportuno para que en el seno de cada país se suelde una unidad que trascienda las divergencias políticas, sociales y religiosas y que permita la expresión de un patriotismo moderado pero claramente visible. En cierto modo, en cada país juega la unidad nacional cada vez que juega el equipo nacional. Apenas existen fenómenos que susciten esta adhesión alegre y festiva en torno a un símbolo nacional. La definición tradicional de un Estado remite a un gobierno, una población y un territorio. Tal vez podríamos añadir: y a un equipo de fútbol.

Si bien la mayoría de los países de la UE poseen fronteras comunes, una moneda única y una defensa colectiva, no cabe hablar de que prescindan de su equipo nacional, convertido en signo poderoso de una identidad por lo demás titubeante. El equipo de fútbol se ha convertido en el portaestandarte de los países poco firmes en lo concerniente a su identidad debido a un tiempo a la construcción europea y a la globalización. Se trata de un factor de cohesión y aglutinación singularmente eficaz y poderoso.