Un libro de historia

Con suma probabilidad, más del 90 por ciento de los licenciados de los últimos cuarenta años por las numerosas y prolíficas facultades de Geografía e Historia no se han enriquecido con la lectura de uno de los libros de quien fuera muy posiblemente el más eximio de los contemporaneístas españoles de la centuria pasada: el sevillano, con hondas raíces cordobesas, Jesús Pabón y Suárez de Urbina (1902-76).

Muy poco inclinado a dar a la imprenta artículos o trabajos en obras colectivas para concentrar sus esfuerzos en monografías por lo común de amplio fuste, recogió en el volumen «Días de ayer. Historias e historiadores contemporáneos» (Barcelona, 1963) la mayor parte de su opera minora, integradas, no obstante, por estudios de sobresaliente valía y un incalculable alcance historiográfico. Desde la naturaleza del carlismo hasta la caída de la monarquía de Alfonso XIII, con temas como la conversión religiosa en la Europa del siglo XX o la ponderación de la vasta producción literaria de W. Churchill, son múltiples las cuestiones de primer plano iluminadas o esclarecidas en las páginas de la citada obra. Y ello tanto en el terreno de lo español como en el universal. Cerca de ochenta años de distancia de su edición original, «El 98, acontecimiento internacional» continúa siendo la cata más profunda en la génesis y desarrollo del episodio con el que se abriera verdaderamente las puertas de la contemporaneidad nacional; al tiempo que apuntamientos a primera vista «menores», a la manera de la revolución de 1848 o el aquilatamiento de Melchor Fernández Almagro como historiador de la Regencia de María Cristina de Habsburgo y Lorena, proporcionan con envidiable lucidez y síntesis las claves sustanciales de asuntos capitales en la andadura más reciente del Viejo Continente y de nuestra patria, entre ellos la entraña última del fenómeno revolucionario y de su adversario frontal, la tradición.

Pese a la relevancia de las materias indicadas, se hace preciso, empero, consagrar un párrafo específico y singular a una temática alzaprimada hodierno en la curiosidad e interés de la ciudadanía española y en la que el autor de la biografía política sin duda alguna más descollante de las escritas en España -la de Cambó- es la pluma más buida y brillante. El, en conjunto, benevolente planteamiento de Pabón sobre el catalanismo se compensa -y ampliamente- con la sagacidad y riqueza de sus postulados. Si, a tenor de las costumbres y condicionamientos actuales, alguien quiere de urgencia poseer los hilos esenciales de su configuración, le bastará con leer con cierto detenimiento algunas de las páginas de los varios y, formalmente, modestos estudios en que el gran maestro sevillano recrea y evoca pasajes y, sobre todo, personajes -el conde de Fontanar, Francisco de Borja Carvajal i Xifré, o Juan Bautista Solervicens, por ejemplo- del Principado. En todos ellos se trasluce la congenialidad del espíritu del autor con ciertos rasgos fundamentales de los caracteres del pueblo catalán, acrecida con el mismo conocimiento de su hermosa lengua, dominada hasta el punto de pronunciar enjundiosos discursos en tal idioma en solemnidades culturales tenidas lugar en el tardofranquismo. Al propio tiempo, y por las mismas fechas, nunca perdía la oportunidad de ofrecer con envidiable generosidad y altura de miras sus servicios en la capital de la nación a toda suerte de reclamos y peticiones en orden a potenciar los lazos entre el Principado y la España interior. Advertido por experiencia personal de la escasa receptividad mostrada por aquel a las voces amigas provenientes de «Castilla», no desesperó nunca de la decidida apuesta por el entendimiento entre sus gentes y la plena asunción entrambos de logros y esperanzas. Tal fue así el norte invariable de su conducta al frente del Consejo Privado de Don Juan de Borbón y Borbón, Conde de Barcelona -catalanófilo empedernido-, que en dicho extremo, respaldó sin reserva alguna y con el aplauso entusiasta de otro ilustre andaluz, José María Pemán, la posición del autor de «Días de ayer. Historia e historiadores contemporáneos».

En el supuesto, hoy inimaginable, de que el país contara con instituciones culturales penetradas de su alta misión educadora o con círculos políticos percatados de su inesquivable responsabilidad educativa, es claro que los estudios pabonianos recogidos en el libro atrás aludido tendrían la audiencia requerida para la información de los sectores más intelectualmente alertados de nuestra sociedad. Y, acaso, el camino, hoy erizado de obstáculos del diálogo entre una y otra orilla del gran padre Ebro, se allanaría o, cuando menos, ofrecería perspectivas más alentadoras. Pero aun así, en honor y recuerdo de tan insigne español, mantengamos izada la bandera de una ilusión reconfortante.

José Manuel Cuenca Toribio es miembro de la Real Academia de Doctores de España.

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