Un libro para un debate

Por Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB (LA VANGUARDIA, 02/09/04):

El curso político es como el curso escolar: ambos comienzan en septiembre. Y este año el curso político se presenta especialmente incierto debido a las incógnitas derivadas del nuevo Gobierno de Zapatero y de las diversas posibles mayorías en las que puede encontrar apoyo parlamentario.

Desde el punto de vista estrictamente político dos temas estrella probablemente acapararán la atención: la reforma de los estatutos de autonomía –estrechamente relacionada con la revisión constitucional que también se anuncia, aunque a más largo plazo– y el referéndum de la Constitución europea. Aunque quizás se trata de materias que parecen afectar poco a la vida diaria de los ciudadanos, no son obviamente problemas de poco calado.

Una prueba de su importancia la hallamos en que durante este mes de agosto, época tradicionalmente escasa en noticias de política interna, no han escaseado informaciones polémicas sobre estas materias: la controvertida conferencia de Maragall en El Escorial sobre la necesidad del reconocimiento constitucional del hecho diferencial catalán, las propuestas oficiosas del PSOE sobre la concesión de vetos a algunas comunidades autónomas en el Senado reformado con objeto de defender sus hechos diferenciales, el proyecto de reforma de Estatuto elaborado por los socialistas vascos como alternativa al plan Ibarretxe, las discrepancias internas en CiU respecto a su posición en el referéndum de la Constitución europea son, entre otros, algunos de los temas que han ocupado abundante espacio en los periódicos durante las últimas semanas y que seguirán siendo objeto de debate en los próximos meses.

De este conjunto de declaraciones y noticias se deduce que la confusión conceptual en estas materias, relacionadas todas ellas con el futuro del Estado autonómico, es más que considerable y ni los comentaristas de prensa ni los dirigentes políticos contribuyen a aclararlas, sino, por el contrario, casi siempre consiguen embarullarlas todavía más. Por ello es muy recomendable la lectura del reciente libro Nación y Constitución, cuyo autor es el profesor Juan José Solozábal, editado por Biblioteca Nueva (Madrid, 2004) y aparecido poco antes del comienzo del verano. Solozábal es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid, director de la revista Cuadernos de Alzate y un reputado especialista en temas autonómicos, materia sobre la que ha publicado numerosos trabajos.

En su libro trata con rigor académico, mesura política y claridad expositiva todos los temas de actualidad. Allí podemos encontrar, pues, análisis detenidos sobre la configuración y naturaleza del Estado de las autonomías, los derechos históricos, la cooficialidad de las lenguas, los hechos diferenciales, la idea de autodeterminación, las relaciones entre la nación y los nacionalismos, con especial referencia a los problemas del País Vasco, a los que el autor ha prestado una gran dedicación en su ya larga trayectoria intelectual. Dada la complejidad de todas estas materias, es imposible, por razones de espacio, ofrecer un comentario detallado de todas ellas, pero sí cabe hacer algunas indicaciones sobre el enfoque general de su libro.

La filosofía de fondo de la que parte Solozábal está configurada, a mi modo de ver, desde dos grandes vectores. En primer lugar, considera el Estado de las autonomías una buena solución política y constitucional para organizar, de acuerdo con las reglas de la democracia, una sociedad compleja y culturalmente plural como es la española. De acuerdo con ello, Solozábal defiende la compatibilidad que el sistema autonómico ofrece para integrar a los nacionalismos en el Estado sin que éstos tengan necesidad de renunciar a lo que realmente son. En segundo lugar, considera que el Estado autonómico se configura como una estructura política y constitucional esencialmente dinámica y, por lo tanto, su misma naturaleza facilita aceptar los cambios necesarios para irlo adaptando a las nuevas transformaciones sociales y culturales. Desde estos presupuestos, Solozábal va elaborando interpretaciones constitucionalmente adecuadas a estos cambios o proponiendo modificaciones constitucionales o legislativas que permitan adaptar las reglas jurídicas a las nuevas necesidades.

Esta actitud políticamente flexible y jurídicamente rigurosa le permite que, una vez descubiertos los principales problemas –por ejemplo, problemas de integración, como son la necesidad de la reforma del Senado y de la colaboración de las comunidades con el Estado; o problemas de aumento de la autonomía, como son la posible modificación de ciertas leyes básicas estatales o la participación de las comunidades en las instituciones europeas -, las soluciones a cada uno de ellos sean coherentes con la lógica del sistema y constitucionalmente admisibles.

Las reformas estatutarias y constitucionales que se anuncian ofrecen posibilidades y riesgos. Durante estos pasados 25 años, el rendimiento del Estado autonómico ha sido muy notable. Hay que afrontar los cambios que se pretenden con responsabilidad y rigor. El libro del profesor Solozábal, se esté de acuerdo o no con sus posiciones, aporta claridad a la confusión y precisión a la mera palabrería. Es por ello que su lectura estival me ha sugerido que es indicado para quienes quieran reflexionar sobre temas complejos a los, sobre todo, no cabe dar soluciones simplistas.