Un mejor presupuesto para la UE

Poner un freno al colapso económico de Europa y superar su crisis de competitividad exigirá soluciones radicales. Sin embargo, los líderes de la Unión Europea siguen obsesionados con prioridades que ya no son tales -una falta de visión que resultó evidente en las negociaciones sobre el Marco Financiero Plurianual 2014-2020 (MFP) de la UE.

Una vez más, los intereses nacionales a corto plazo se imponen a la necesidad de un presupuesto para la UE que sea flexible, eficiente y con miras al futuro. El Parlamento Europeo, que por primera vez debe aprobar el MFP, debería utilizar la influencia que ganó recientemente para defender el interés de la población en toda la UE y compensar los intereses creados y miopes de cada uno de los estados miembro.

En un clima de restricción presupuestaria, no sorprende que el Consejo Europeo haya acordado antes este año reducir el presupuesto de la UE un 3,4% en relación al MFP 2007-2013. Pero, en un momento en que la austeridad está bajo fuego y los países de la UE intentan fomentar el gasto, el Consejo también debería considerar qué forma adquiere el presupuesto, garantizando que el MFP no impida el crecimiento y la inversión futuros.

Por ejemplo, el presupuesto propuesto recorta el financiamiento destinado a proyectos de infraestructura transfronterizos, que incluyen la expansión de las redes de banda ancha de alta velocidad a zonas rurales y el desarrollo de infraestructura de transporte y energía. Pero la UE puede aportar un valor considerable si coordina los proyectos de infraestructura transnacionales, logrando con eso economías de escala y evitando una duplicación del gasto nacional. Los europeos se beneficiarían de manera directa a través de un mejor acceso a Internet, costos de energía más bajos y una infraestructura de transporte más eficiente.

De la misma manera, para dejar sentadas las bases de un crecimiento futuro, la UE debería fomentar la creación de industrias nuevas y sustentables así como de empresas pequeñas y medianas innovadoras -no recortar el financiamiento de programas de investigación importantes como Horizon 2020-. Las innovaciones en energía renovable, por ejemplo, son esenciales para mejorar la seguridad energética y preservar la posición de Europa como líder global en la lucha contra el cambio climático. Dado que la energía renovable es uno de los sectores de más rápido crecimiento del mundo, este tipo de inversión podría tener un impacto significativo en el crecimiento del PBI y la creación de empleo en el futuro.

Mientras tanto, los subsidios agrícolas y los fondos de cohesión, que fueron recortados 11% y 8% respectivamente en relación al MFP anterior, siguen representando casi las dos terceras partes del gasto total. Si bien estas áreas son importantes, sus asignaciones deberían ser reducidas aún más a fin de crear espacio para inversiones que mejoren el crecimiento.

Otro problema importante es la falta de flexibilidad del MFP. Una revisión de prioridades durante el ciclo presupuestario le permitiría a la UE adaptar sus presupuestos anuales a las circunstancias cambiantes y reasignar el dinero que no se gastó a las áreas donde más se lo necesita.

Es más, la estructura actual del presupuesto anual de la UE conlleva riesgos financieros. Por ejemplo, se concretan muchos proyectos hacia el fin del ciclo presupuestario, lo que genera un remanente de facturas impagas en los últimos años del MFP. Si no se resuelve esta situación mediante un presupuesto que enmiende el MFP, se corre el riesgo de alimentar una acumulación de deuda.

Si bien el Consejo finalmente acordó cubrir la diferencia en el presupuesto de 2012, se prevé una escasez aún mayor para este año -y muchos estados miembro no están en condiciones de acceder al pedido de la Comisión de 11.200 millones de euros adicionales para cubrir esos pasivos pendientes-. Ahora, el Parlamento Europeo insiste en que todas las facturas impagas deberían saldarse antes de que comience el nuevo ciclo presupuestario.

Sin duda, el presupuesto de la UE contiene instrumentos flexibles, como el Fondo de Solidaridad de la UE, que ofrece asistencia de emergencia después de desastres naturales. Pero estas herramientas no siempre han sido utilizadas de manera efectiva. El desembolso de los fondos de socorro para ayudar a Italia en tareas de reconstrucción tras las serias inundaciones de 2011 llevó casi un año, debido a la politización que reina en el Consejo.

Incluso sin las demoras causadas por la interferencia política, estos instrumentos son inadecuados. Se necesita un margen de maniobra para adaptar el MFP, en particular para asegurar su legitimidad. Debería incluir una cláusula de revisión integral y vinculante que asegure que el estado de las finanzas públicas y las necesidades de inversión colectiva se reevalúen a medio camino. Esto le daría al próximo Parlamento Europeo -y a los votantes que eligen a sus miembros- la influencia sobre el presupuesto a largo plazo de la UE que exige un sistema democrático.

Debería alcanzarse un acuerdo sobre las prioridades presupuestarias en el Consejo a través de una votación mayoritaria calificada, de manera que un solo país no pueda adueñarse del proceso. Una “cláusula de caducidad” impediría que el Consejo bloqueara revisiones subsiguientes, por ejemplo, estipulando que el presupuesto regrese a los niveles de 2013 si no se llevara a cabo una revisión para la fecha especificada.

En el largo plazo, deberían ajustarse los tiempos del MFP para que coincidan con el mandato del Parlamento Europeo, y debería reducirse la excesiva dependencia de la UE de los aportes nacionales. Conforme la liberalización comercial ha disminuido el ingreso de la UE, principalmente como consecuencia de aranceles aduaneros, cada vez más los países individuales intentaron minimizar sus contribuciones netas.

Un regateo entre los estados miembro deriva en presupuestos de mínimo común denominador que apaciguan los intereses creados pero no sustentan las ambiciones compartidas de los estados miembro de la UE. Europa así termina perdiendo y los verdaderos beneficios de ser miembro de la UE no se concretan plenamente. Si a eso se le suma la manera en que se sellan los acuerdos -a puertas cerradas y sin una supervisión democrática adecuada-, no sorprende que las opiniones que tienen los europeos de la UE cada vez sean más negativas.

Un sistema basado en los recursos propios de la UE reduciría la tensión entre los contribuyentes y los beneficiarios y aliviaría la presión sobre los presupuestos de los estados miembro. Las propuestas existentes incluyen un impuesto “Robin Hood” a las transacciones financieras, una participación de las ganancias del programa de comercialización de emisiones de carbono de la UE o un porcentaje mayor de los recibos por el impuesto al valor agregado. Pero el Consejo ha dejado este tema potencialmente contencioso fuera de las discusiones recientes.

Ese es precisamente el problema. El liderazgo político exige visión y coraje. Posponer decisiones importantes conduce a un presupuesto ineficiente concebido por intereses nacionales enfrentados. Sin una política presupuestaria idónea que se centre en la UE en su totalidad, las negociaciones del MFP ofrecerán mucho dramatismo y retórica refinada, pero pocos beneficios reales que puedan fomentar la recuperación de Europa.
Guy Verhofstadt, a former Belgian prime minister, is President of the Alliance of Liberals and Democrats for Europe Group (ALDE) in the European Parliament.

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