Un nuevo comienzo para Ucrania

Es muy poco probable que el rumbo geopolítico de Víctor Yanukóvich como presidente de Ucrania dé un susto a Europa. Más bien todo lo contrario, ya que precisamente Yanukóvich puede ser el presidente que convierta en equilátero el triángulo Europa-Ucrania-Rusia, o dicho de otro modo, el que proponga a Europa y a Rusia reglas de juego correctas y, lo que es aún más importante, respetadas por Ucrania.

El primer argumento para confiar en una evolución positiva es psicológico. La primera ministra Yulia Timoshenko y Yanukóvich representan, a mi juicio, dos tipos psicológicos totalmente distintos.

Timoshenko pertenece a la categoría del “intermediario” clásico. Hizo carrera en el complicado negocio del gas como intermediaria entre suministradores y consumidores. Después, como primera ministra, intentó constantemente imponer su papel de intermediaria a Ucrania y a Europa en asuntos relacionados con el gas y en otros temas económicos y políticos.

Cualquier intermediario sabe que sus dividendos son máximos cuando las partes entre las que media tienen malas relaciones. Aparentemente, en función de esta lógica, la primera ministra hizo todo lo posible para empeorar las relaciones entre Rusia y Occidente. El papel desempeñado por Ucrania en el conflicto del gas entre Rusia y los países europeos en el año 2009 es una clásica ilustración del modelo de comportamiento de Yulia Timoshenko. A la misma serie pertenecen sus declaraciones en visitas internacionales, que en Rusia tenían carácter antioccidental y en Occidente, carácter antirruso.

Por eso, si Timoshenko hubiera sido elegida presidenta, el triángulo Bruselas-Kiev-Moscú habría tenido unos ángulos muy agudos tanto para Occidente como para Rusia. A Ucrania le habría correspondido el “ángulo obtuso”, lo que habría reducido al mínimo el margen de maniobra de los otros dos socios en juego.

Psicológicamente, Yanukóvich es más bien un rentista al que le gusta que los mecanismos por él creados funcionen de forma automática y le generen puntualmente dividendos y beneficios. Por consiguiente, tiene interés en motivar a Ucrania a mantener una buena relación con Rusia y Occidente a cambio de una copiosa renta.

En lenguaje geoeconómico eso quiere decir que Yanukóvich está sumamente interesado en grandes proyectos conjuntos con Europa y Rusia, siempre y cuando Ucrania se beneficie de ellos. Es posible que justamente esta característica psicológica le haya impulsado a declarar que intentará participar en la construcción del gasoducto del Norte, destinado a unir Rusia con Alemania por el fondo del mar Báltico. Timoshenko consideraba ese proyecto como sumamente hostil y, desde su lógica de “intermediaria”, tenía razón, porque ese gasoducto margina a Ucrania y reduce su potencial como país de tránsito. En cambio, para Yanukóvich, la participación de Ucrania en esta grandiosa construcción es positiva y ventajosa, si le da beneficios. En cuanto a la competencia para el tránsito del gas ruso por Ucrania, en los tres o cuatro años que durará la construcción del gasoducto del Norte, pueden pasar muchas cosas, entre ellas un aumento del consumo del gas en Europa. Así es la lógica del “rentista geopolítico”.

El segundo argumento es ideológico. Si caracterizamos la ideología de Timoshenko como “marxismo vulgar” o “socialismo vulgar”, la de Yanukóvich puede caracterizarse como “capitalismo vulgar”. La primera ministra trató de basar toda su geopolítica en el funcionariado. Su estrategia internacional se reducía a interminables viajes a diversos países de los funcionarios de su Gobierno, de su bloque parlamentario y de otras estructuras burocráticas. El resultado fueron acuerdos entre bastidores de funcionarios a distinto nivel.

Yanukóvich, por el contrario, considera los negocios como la principal fuerza creadora. Su doctrina en política exterior da preferencia a la formación de consorcios internacionales, grupos financieros e industriales y grandes proyectos tecnológicos. Por eso precisamente aboga por la constitución de un consorcio ucraniano-ruso-europeo para el transporte de gas. Por eso también, se refiere a la fundación de potentes estructuras internacionales para construir vías de tránsito, desarrollar la agricultura y crear la infraestructura bancaria entre otras cosas.

La fuerza de choque de la política exterior de Yanukóvich no será pues el funcionariado, sino el empresariado ucraniano con experiencia internacional y sus amplias relaciones de negocios tanto en Rusia como en Europa. Para Rusia y para Europa esta vía parece más segura y más sólida, ya que los funcionarios vienen y se van con sus acuerdos y los empresarios se quedan con su dinero.

Por último, pese a su atractivo externo y su retórica europea, Yulia Timoshenko tiene un defecto importante. Da su palabra con la misma facilidad con que la retira y casi nunca cumple sus promesas y compromisos. A Yanukóvich hay que sacarle las palabras “con pinzas”, pero, por lo general, cumple lo que dice.

Dmytro Vydrin, politólogo y vicesecretario del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa de Ucrania.