Un pacto por la autorregulación periodística

El Código Deontológico reconoce la dimensión ética del Periodismo. Constituye el patrimonio moral de la profesión a través de una guía con principios básicos de actuación que enriquecen la libertad información. Así, el Periodismo se convierte en elemento imprescindible para crear sociedades democráticas.

Con motivo del 25 aniversario del Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), el filósofo Javier Gomá destacó la doble función del periodismo, como poder y contrapoder. Lo calificó como “uno de los instrumentos más enérgicos de que dispone la ciudadanía para luchar contra la autoridad”.

La FAPE precisó 70 años desde su nacimiento, en 1923, para abordar la dimensión ética del Periodismo. No estuvimos a la vanguardia europea en esta materia, pero tampoco nos alejamos demasiado de nuestros vecinos.

El Código se aprobó el 27 de noviembre de 1993 en la asamblea que celebró la FAPE en Sevilla. En julio de ese mismo año se había aceptado, en Estrasburgo, el Código Deontológico Europeo de la Profesión Periodística. El parlamentario europeo Manuel Núñez Encabo, que había sido ponente y redactor, participó activamente en la elaboración del Código español.

Un pacto por la autorregulación periodística

La decisión de elevar la actividad informativa mediante unos principios éticos surge en la década de los 80 del siglo pasado. El Periodismo, elemento indispensable de las sociedades libres, se profesionalizaba paulatinamente. Las empresas periodísticas vivían tiempos de gloria. Años de prosperidad que, lamentablemente, no se aprovecharon para investigar horizontes y en los que los editores tampoco atinaron en sus inversiones. Aunque reconozco que era difícil prever la revolución que se avecinaba de forma inminente. Una sociedad de la información nueva y grandiosa, pero que aterrizó sembrando paro y precariedad entre los periodistas.

El camino que condujo a esta compilación de reglas éticas no fue fácil. Tampoco el compromiso de cumplirlas voluntariamente, porque ese fue el objetivo: la autorregulación.

Varias personas resultaron esenciales para la consecución del Código: Josep Pernau, entonces decano del Colegio de Periodistas de Cataluña, que había sido presidente de la FAPE. Juan Alberto Belloch, vocal, en aquella fecha, del Consejo General del Poder Judicial, como Javier Gómez de Liaño. Santiago Sánchez Traver y Antonio Prieto, presidentes de la Asociación de la Prensa de Sevilla y de Cantabria, respectivamente. Jesús de la Serna, al frente de la Asociación de Madrid, que salvó muchos escollos, de su propia directiva, para aprobarlo. Y Antonio Petit, quien consigue, como presidente de la FAPE, ratificarlo definitivamente.

En la actualidad, miles de periodistas asumen el Código Deontológico de la FAPE, agrupados en 49 asociaciones federadas, 19 vinculadas y 7 colegios profesionales de periodistas.

La Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo vela por el cumplimiento del Código. Antonio Fontán configuró este órgano de autorregulación hace 12 años, a propuesta del presidente de la FAPE, Fernando González Urbaneja. Cualquier persona o institución afectada por el tratamiento periodístico de una información puede acudir a ella. Posee carácter declarativo, no sanciona ni cierra medios. Su reprobación es moral. Y, sin embargo, sus resoluciones -más de 150- resultan muy dolorosas cuando desvelan un incumplimiento del Código Deontológico.

La labor de los miembros de la Comisión de Arbitraje es tan loable como el papel de su presidente en la actualidad: Rafael de Mendizábal. El creador de la Audiencia Nacional y autor de la hoja de ruta para el reconocimiento del Partido Comunista. Todos ellos ponen a disposición del Periodismo y, por lo tanto, de la sociedad, su capacidad profesional, su criterio ético y, sobre todo, su compromiso. Como la responsabilidad ética que demuestran las más de 50 empresas periodísticas adheridas a la fundación, entre ellas este periódico.

El conjunto de reglas que conforman el Código no tienen cuerpo legal, tampoco impiden el acceso a la justicia, constituyen un importante filtro para canalizar errores que evitan querellas, es sencillo, bastante rápido y sin formalismos.

En el mundo de hoy, las redes sociales garantizan la comunicación. Pero de nosotros depende que el Periodismo garantice la veracidad de la información.

Precisamos un ejercicio profesional competente, consciente de su poder de influencia sobre la sociedad; que proyecte su sentido de la verdad, de la humanidad y de la ética; con calidad para generar criterio en la opinión pública. La Comisión de Arbitraje es un órgano que ayuda a fortalecer la credibilidad del Periodismo y su prestigio ante la sociedad, a través de la autorregulación. El periodista o el medio que acepta estos principios se compromete a regularse de forma voluntaria.

Esta práctica de autocontrol ha llevado a la FAPE a insistir, ante las facultades de Información y Comunicación, en la importancia de reforzar la formación ética. En la actualidad, el Periodismo se ejerce a tiempo real. El redactor se enfrenta a la velocidad, al sensacionalismo, a los ciberataques, a las noticias falsas que amenazan no solo a la prensa libre sino a la propia democracia. El gran antídoto es la calidad profesional, que comienza por la ética. El profesional no abandona su responsabilidad en ningún escenario, porque el Periodismo es un servicio público.

Y este es también el objetivo cuando se reclama a los políticos que en el Pacto por la Educación incluyan el estudio de la función de los medios de comunicación. Los adolescentes, para generar criterio, deben diferenciar medios de comunicación de redes sociales e información de opinión. Es esencial para propiciar una ciudadanía soberana y una democracia saludable.

El profesor de ética de la Escuela de García Márquez Javier Darío Restrepo afirmó en un curso de la FAPE que si la Universidad solo enseña técnica, el periodista sale sin armas para enfrentarse a una profesión que, para ser digna, precisa una gran reserva interior. Fundamentalmente, conciencia.

Parafraseando a Gomá, con motivo de este aniversario del Código de la FAPE, somos libres, ahora tenemos que ser éticos. Sólo así, el Periodismo cumple su función de control al poder y ayuda a generar una opinión pública crítica y libre.

El Periodismo se crece frente a las redes sociales si lo ejercemos con rigor y honestidad. Y el Código Deontológico es el patrimonio moral de la profesión y clave de futuro de la democracia.

Elsa González ha sido presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España desde abril de 2010 hasta abril de 2018.

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