Un partido útil a los españoles

De 2012 a 2017, del congreso de Sevilla al congreso de Madrid, son muchas las cosas que han cambiado en España y en el propio Partido Popular. Por aquel entonces, apenas iniciada mi primera legislatura como presidente del Gobierno, tuve que reconocer que tanto el Ejecutivo como mi propio partido tenían ante sí una tarea “dura, ingrata y difícil”. Así lo hice en la clausura del congreso de Sevilla, cuando los españoles atravesábamos los peores escollos de una crisis que nos golpeó con cinco años de recesión, la destrucción del 10% de nuestro Producto Interior Bruto y -ante todo- la pérdida de 3,4 millones de empleos.

Hoy estamos aún lejos de sentirnos satisfechos, pero el paso de la crisis a la recuperación ya ha empezado a ser una realidad: de entre los grandes países europeos, España es el que más crece y el que más empleo está creando. De hecho, ya hemos recuperado la mitad del empleo destruido. Y este año terminaremos de recuperar también las cifras del PIB. El giro copernicano de la economía española está ahí, pero -lejos de ser una invitación a la inacción o a la euforia- constituye un apremio para el objetivo capital que, en puertas de nuestro XVIII congreso, nos hemos fijado los populares: consolidar y extender la recuperación para que todos los españoles la sientan suya.

El congreso que hoy mismo comienza representa un largo proceso de democracia interna en el que hemos querido abrirnos a los españoles para escuchar sus esperanzas e inquietudes y para que los propios españoles nos conozcan mejor. El Partido Popular acomete en estas jornadas una renovación de sus estructuras y una puesta al día de su proyecto y su ideario. Es una evolución natural, que tiene como único fin el ser más útiles a los españoles.

Y por esa misma vocación de servicio, en el Partido Popular seguimos fieles a unos principios y valores que no cambian. Son los que nos han convertido en el mejor espejo de la España actual: nuestra apuesta por las personas, su libertad y su dignidad; nuestra defensa de una idea de España inmejorablemente reflejada en la Constitución de 1978, nuestro compromiso con la igualdad de los españoles y la solidaridad que nos une, nuestra fe europeísta y la convicción de que la economía social de mercado es clave para impulsar la prosperidad de todos y garantizar que ni un solo español se queda atrás. Estas señas de identidad, junto a nuestra acción en las instituciones, nos han hecho un partido fiable a ojos de los españoles.

Pero si el Partido Popular ha sido útil a nuestro país es por haber sabido, a lo largo de una historia ya de décadas, presentar siempre un proyecto de futuro seductor. Y en la actual coyuntura, los españoles podemos volvernos a sentir ambiciosos e ilusionados respecto a ese futuro.

Somos un país estable en un momento de incertidumbre. Somos un caso de éxito en unos años difíciles para Europa. Y somos también una sociedad madura que ha logrado superar los cantos de sirena del populismo. Tenemos, por tanto, los mejores pilares sobre los que construir la España con la que soñamos: un país unido, emprendedor, seguro y justo, y una tierra de oportunidades para nuestros jóvenes. Y en esta tesitura, los españoles saben que, ante los retos que se nos presentan, cuentan con la complicidad de un partido centrado y moderno, tan moderado en las formas como firme en los valores: el Partido Popular.

Los retos aludidos no son pocos, ni son fáciles. Pero la experiencia de estos años nos dice que somos capaces de acometerlos con garantías. En primer lugar, debemos reforzar los vínculos que nos unen como ciudadanos libres e iguales ante el desafío a nuestra unidad y nuestras leyes protagonizado por algunos dirigentes de la Generalitat de Cataluña. Un desafío tan contrario a nuestra historia compartida como a nuestra vida democrática y a un mundo que avanza hacia la supresión de fronteras. En segundo lugar, debemos consolidar un sistema del bienestar que refuerce sus prestaciones y -en materia de pensiones- dé respuesta al preocupante reto demográfico que padecemos.

Asimismo, nuestra ambición de futuro vendrá medida por dos grandes metas compartidas: por una parte, nuestra capacidad de situar la educación en el centro de nuestras preocupaciones como sociedad; por otra, nuestro esfuerzo por afianzar una igualdad real efectiva entre hombres y mujeres. Pero los desafíos no terminan ahí: queremos una España segura frente a la amenaza terrorista, queremos unas instituciones que refuercen su ejemplaridad a ojos de todos, queremos -y podemos- estar a la vanguardia de la transformación digital que define nuestro tiempo y ser protagonistas en los debates europeos que dan forma a nuestra época.

En este XVIII congreso, presento mi candidatura a la presidencia del Partido Popular con tanta ilusión como responsabilidad. Hace muchos años que milito en un partido que creo que ha rendido -y seguirá rindiendo- grandes servicios a la democracia española y al bienestar de los españoles. Éste es un motivo de orgullo, como lo es saberme acompañado de un equipo tan preparado como comprometido y de una militancia inmejorable.

Estoy convencido de que, con este bagaje, con determinación, con humildad y buscando siempre el interés general de los españoles, todos seremos capaces de estar a la altura y empeñar el máximo de nuestra capacidad para que el futuro de España sea un lugar mejor. Lo digo con un convencimiento: si el Partido Popular es un gran partido para hacernos salir de las dificultades, es aún mejor a la hora de abrir nuevas oportunidades para el futuro de todos.

Mariano Rajoy es presidente del PP.

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