Un paso más

No ha habido sorpresas en las elecciones del pasado domingo en el País Vasco y Galicia. Los pronósticos que avanzaban los distintos sondeos se han verificado en las urnas. Ni siquiera el resultado de AGE de la mano de Xosé Manuel Beiras puede considerarse sorprendente, ya que a lo que hemos asistido es a la ocupación por AGE de algo más del 50% del voto nacionalista que en el 2009 se había concentrado en el Bloque.

El dato más relevante de estas elecciones es el hundimiento del socialismo. El resultado del día 21 es un paso más en el camino que puede acabar conduciendo al PSOE a la irrelevancia. El partido que ha sido, con notable diferencia, el que más peso ha tenido en la configuración del sistema político español desde la transición, parece estar desfigurándose a una velocidad extraordinaria. Las previsiones para las elecciones del 25 de noviembre en Catalunya apuntan en la misma dirección. Y Catalunya para el socialismo español es más que el País Vasco y Galicia juntos. El sistema político español está desequilibrado y parece avanzar hacia un desequilibrio todavía mayor, sin que se advierta, además, cómo y por dónde podría detenerse dicho avance.

Pero no solo está desequilibrado, sino que está además debilitado y avanzando, al parecer, hacia un debilitamiento todavía mayor. Es verdad que el PP tiene tres escaños más en Galicia de los que tuvo en las elecciones anteriores, pero no porque haya obtenido más votos, sino porque se ha fragmentado el voto que no ha ido al PP en tres opciones distintas. El aumento de escaños del PP se debe a la fórmula d’Hont, pues el PP no ha tenido más apoyo ciudadano, sino menos. El debilitamiento del PSOE como partido de gobierno de España no se ve compensado por un fortalecimiento del PP. Ni en Galicia, ni, por supuesto, en el País Vasco.

Los únicos vencedores de estas elecciones han sido los partidos nacionalistas en general y los vascos en particular. Los resultados son concluyentes. Se ha avanzado algo más en el camino hacia la ruptura de la unidad política de España en los términos en que está definida en la Constitución actualmente vigente. Se ha producido un deterioro de la posición de los partidos que articulan políticamente la unidad de España. Muy acusado en el caso del PSOE y menos, pero también, en el caso del PP. Frente a ello se ha producido una mejora en la posición relativa de los partidos nacionalistas, menos acentuado en el caso de Galicia y mucho más en el del País Vasco.

Esta es la dirección en que nos estamos moviendo. La unidad política de España está definida en la Constitución en unos términos que han sido interpretados de manera muy restrictiva en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la reforma del Estatut de Catalunya. La unidad de España no es la que dice la Constitución, sino la que dice la Constitución más la sentencia del Constitucional. Esto es lo que significó el recurso que interpuso el PP contra la reforma del Estatut, al que dio la razón el Tribunal Constitucional. Esta definición es la que está empezando a ser puesta en cuestión. Lo ha anunciado ya el president de la Generalitat y en esa clave se van a celebrar las elecciones catalanas el 25 de noviembre. Y en esa dirección se han movido inequívocamente los ciudadanos vascos y mucho menos, aunque algo también, los gallegos.

Tras las elecciones del pasado domingo en el País Vasco y Galicia el sistema político español se encuentra en peores condiciones para hacer frente a los dos grandes problemas que España tiene planteados: la salida de la crisis y la preservación de su integridad territorial.

Los electores no han rechazado la política económica puesta en práctica por el Gobierno, pero no la han avalado. Han rechazado la alternativa que ofrecían los socialistas, pero nada más. El recorrido, de duración previsiblemente amplia y de dureza con seguridad extraordinaria, se va a tener que hacer de la mano de un partido, que tiene menos apoyo hoy que antes del 21. La debilidad que dejan traslucir la mayor abstención y el menor número de votos no se ve compensada por el mayor número de escaños en el Parlamento de Galicia. En el País Vasco ni eso. La inexistencia de alternativa tampoco ayuda.

En lo que a la preservación de la integridad territorial se refiere, la situación es todavía peor. Después del 25-N es más que probable que se inicie en Catalunya un proceso hacia la secesión en términos democráticos. Y a dicho proceso no se podrá responder nada más que en términos democráticos. Lo va a tener que hacer un sistema político profundamente desequilibrado y, en buena medida por eso mismo, debilitado.

Esto es lo que han anunciado los resultados gallegos y vascos del pasado domingo.

Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla.

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