Un puñado de dogmas para la guerra

Por Enric Sopena, periodista (EL MUNDO, 07/03/03):

El pensamiento único -que porfía con todas las fuerzas a su alcance por ser ciertamente único- acuña presuntas verdades convertidas enseguida en dogmas. Tales artículos de fe son repetidos sin desmayo tanto por la propaganda oficial como por medios de comunicación con capacidad para ser hegemónicos. «La posición del Gobierno estadounidense, bien divulgada en la prensa y mostrada cada hora en la televisión, nos enseña un Irak empecinado en lograr la destrucción de Estados Unidos mediante el uso de armas químicas, biológicas e incluso nucleares», ha advertido William R. Polk.Conviene de inmediato precisar que Polk no es un trotskista disfrazado de Caperucita, por supuesto no roja. Ni un marxista emboscado.Ni un pacifista enragé. Profesor de Harvard y de Chicago, fue miembro del Consejo de Planificación Política del Departamento de Estado, nombrado por John F. Kennedy. Claro que Kennedy -como antes Roosevelt, y luego Carter y Clinton- fue en comparación con George W. Bush un peligroso izquierdista.

He aquí una de tales verdades intocables. Sadam Husein -dictador sanguinario, sin escrúpulos, como tantos, por lo demás- es presentado desde hace tiempo como el enemigo público número uno de Estados Unidos y, en general, del mundo; una especie de Belcebú, de Príncipe del Mal, de Coco que se come a los niños buenos. ¿Podría recordar alguien, sin embargo, cuáles han sido las tan temibles hazañas desarrolladas por este tirano desde su derrota tras la Guerra del Golfo hace más de una década? ¿Quién puede evocar desde entonces una sola aventura, una, de alto riesgo para EEUU, o siquiera para la zona más próxima a Irak, protagonizada por el malvado Husein, algo que avalaría, en consecuencia, semejante teoría?

Husein embarcó a su país en la larga guerra contra Irán (1980-1988).Entre el 16 y el 18 de mayo de 1988, utilizó armas químicas en el bombardeo de Halabja, ciudad del Kurdistán iraquí, por medio de 162 ataques en los que murieron unos 5.000 civiles. Más tarde invadió Kuwait. Fue vencido por la coalición internacional comandada por Bush padre, quien al final prefirió curiosamente perdonar al déspota, manteniéndolo así en su poder omínodo. ¿Le agradeció de este modo el presidente de EEUU los antiguos y valiosos servicios prestados? Porque la biografía de Husein -aunque el pensamiento único procure silenciar determinados antecedentes-no comenzó con la invasión de Kuwait. En la época que visitaba España y era agasajado por su colega Franco, según se ha evocado estos días, Sadam ya estaba bien visto -en eso también se parecía al Generalísimo- por el Gobierno de Washington.

Parte del material bélico del Ejército iraquí durante la guerra contra el régimen de Jomeini, implantado en Irán tras la revolución chií, procedía de EEUU. Donald Rumsfeld, hoy secretario de Defensa de la Administración Bush, desempeñó en aquellos años un papel clave debido a sus actividades como hombre de negocios y a los cargos que ocupó en la Administración Reagan -con Bush padre de vicepresidente- a la hora de proporcionar armamento a Sadam.EEUU, la URSS, Egipto, Jordania y Arabia Saudí apoyaron en esa espantosa guerra -que provocó más de un millón de víctimas mortales- a Irak. China, Israel -atención al escándalo Iran-Gate-, Siria y Corea del Norte ayudaron a Irán. Nunca se ha probado que Sadam llegara a disponer de armas atómicas, aunque sí de armas químicas y bacteriológicas, adquiridas con cierta facilidad a EEUU o compradas aquí y allá a países como Rusia, Francia, Alemania, China o España.

Sostiene el historiador australiano John Laffin, experto en cuestiones militares y autor del excelente Brassey’s Dictionnary of Battles, que la Guerra del Golfo supuso para la población iraquí unos 100.000 muertos y 300.000 heridos, aparte de secuelas terribles que siguen castigando, con especial intensidad, ciudades como Basora, la segunda después de Bagdad. Sadam movilizó en su defensa a medio millón de hombres y a 4.200 carros de combate. Pero en 100 días de guerra, de 42 divisiones sólo dos quedaron operativas.Las incursiones aéreas de EEUU y de sus aliados destrozaron gran parte del potencial militar de Sadam. Desde entonces, hay que tener en cuenta el rígido bloqueo o embargo al que está sometido Irak y la labor de desarme que los inspectores de la ONU realizaron entre 1991 y 1998, al margen de que tanto Gran Bretaña como EEUU vienen bombardeando constantemente supuestos objetivos militares.Todo tiende a indicar que Irak carece de armas atómicas y de posibilidades de tenerlas. Y las químicas y bacteriológicas, que están siendo ahora cuantificadas, no pueden ser muchas. Tampoco cuenta Sadam con misiles para lanzarlas. Los modestos Al Samud II tienen un alcance inferior a los 200 kilómetros y Husein está procediendo a su destrucción. Cabría la utilización de las armas químicas y bacteriológicas en ataques similares a los del 11 de Septiembre pero a escala reducida. Este riesgo podría ser desactivado, sin embargo, con una actuación más amplia y más en profundidad de los inspectores de la ONU. Por otro lado, Irak no tiene tradición de terrorismo fuera de sus fronteras. Además, y contradiciendo otro de los dogmas del pensamiento único, la vinculación entre Sadam y Al Qaeda no sólo no ha sido demostrada, sino que Bin Laden montó su red terrorista con el fin precisamente de combatir a gobiernos laicistas e impíos como el de Sadam.

Tampoco hay motivos sólidos para creer que Irak constituye un peligro para sus vecinos más próximos. Ni siquiera Irán o Kuwait -antiguos enemigos de Irak-, y tampoco Arabia Saudí o los Emiratos Arabes desean la guerra, aunque éstos aboguen por el exilio de Sadam. Turquía, por su parte, se ha resistido hasta el final.Tanto que su voluntad de neutralidad no ha sido quebrada de momento -gracias in extremis a un Parlamento elegido democráticamente- ni por las presiones de Washington ni por los miles de millones de dólares prometidos como recompensa. No deja de ser paradójico, por cierto, que el Gobierno turco que ya había cedido ante la Casa Blanca sea -por primera vez desde que el occidentalista Kemal Ataturk, verdadero padre de la Turquía moderna, proclamara la República el 3 de marzo de 1924- de orientación islamista moderada.

Regresemos al artículo de William R. Polk: «Los antiguos y actuales altos funcionarios del Gobierno que no pertenecen al círculo de íntimos colaboradores del presidente Bush ven la situación de un modo bastante distinto. Señalan que Irak es un país pequeño, posee un pobre arsenal, está aislado por la distancia y rodeado por unos vecinos mucho más poderosos; afirman también que hoy en día es incapaz de hacer daño a Estados Unidos, pero que puede convertirse a causa de la ira en la fuente de una nueva generación de terroristas que odien a Estados Unidos». ¿Cuáles son, por consiguiente, las razones de fondo de esta guerra?

Incluir en el repertorio de argumentos la masacre de Sadam contra los kurdos -ya mencionada líneas arriba- no es más que otra muestra de lo que cabría describir como la estafa de los dogmas. «Turquía, con sus armas químicas contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), ha arrasado más de 4.500 pueblos, ha obligado a 5 millones de kurdos a abandonar sus hogares. ¿Por qué no han intervenido en Turquía como en Irak», ha declarado al diario Avui Ali Yigit, vicepresidente del Congreso Nacional Kurdo, especie de Parlamento en el exilio con sede en Bruselas.

Amr Mussa, secretario general de la Liga Arabe, afirma también que Irak no es ya un peligro para la paz mundial: «Nosotros no creemos que Sadam Husein sea ahora lo suficientemente fuerte como para amenazar la seguridad y la estabilidad de Oriente Próximo.Es mucho más débil que en 1990. Así que nos concentramos (…) en ayudar a que los inspectores hagan su trabajo. Pero Sadam (…) no es una amenaza. El peligro serio y crónico para esta región viene de la ocupación israelí de Palestina y de la política irresponsable y agresiva del Gobierno de Sharon. Esta es la verdadera amenaza».

Como subrayaba el analista político Thomas L. Friedman en The New York Times, «Bush debería empezar a decir la verdad sobre esta guerra». Hace unos días, la Embajada de EEUU en Madrid me invitó a almorzar con algunos de sus altos funcionarios, quienes me reiteraron los argumentos que avalarían, según el Gobierno de Bush, la intervención bélica en Irak. Luego el secretario de Estado adjunto para Europa y la OTAN, Robert Bradtke, mantuvo con otros dos colegas y conmigo una videoconferencia de prensa desde Washington. Fue una sesión interesante que certifica que EEUU, a pesar de los pesares, trata de mantener viva su tradición liberal en cuestión de prensa. Pero los funcionarios de la Embajada y el propio Bratdke sólo reiteraron lo ya sabido. Y con lo que se conoce es muy difícil que las opiniones públicas acaben secundando la guerra. Haga el presidente Bush caso del columnista Friedman.¿A qué espera a decir la verdad sobre la guerra? Porque los dogmas vigentes son más falsos que un duro sevillano. Esta castiza expresión, que no pretende ofender a los sevillanos y tampoco a los duros, que ya no existen, se la podría explicar -durante una grata velada en el rancho- su amigo Aznar.

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