Un reconocimiento necesario

La campaña que está dirigiendo Israel contra la iniciativa de los palestinos en la Organización de las Naciones Unidas para que el Estado palestino sea reconocido es políticamente errónea y moralmente injusta. La oposición israelí al reconocimiento por Naciones Unidas del Estado palestino está relacionada, en mi opinión, con la cuestión del reconocimiento internacional de las fronteras de 1967.

Repasemos un momento la historia desconocida para la mayoría de los lectores españoles. En noviembre del año 1947, la Asamblea de las Naciones Unidas, que entonces incluía a un tercio de los países que hoy la forman, decidió el fin del Mandato británico en Palestina y la creación de dos estados separados, uno judío llamado Israel y otro árabe-palestino. El territorio asignado a ambos estados era más o menos equivalente. Del territorio de Eretz Israel-Palestina, que tiene unos 27.000 kilómetros cuadrados, el Estado judío recibió unos 14.000 (la mitad de ellos desierto) y los palestinos recibieron unos 13.000 kilómetros cuadrados.

Los palestinos rechazaron de forma inequívoca la resolución de las Naciones Unidas e iniciaron el ataque a las zonas judías para destruir el Estado judío nada más nacer, y en mayo de 1948, con la proclamación del Estado judío, siete países árabes invadieron el territorio del nuevo Estado judío para destruirlo por completo.

Israel no solamente se defendió de esos ataques que amenazaban con destruirlo, sino que sus fuerzas irrumpieron dentro del futuro Estado palestino que había sido conquistado por el Reino de Jordania. Y con el acuerdo de armisticio del año 1949 Jordania se anexionó la mitad del territorio que según la resolución de las Naciones Unidas había sido asignado al Estado palestino. Esas son las fronteras de 1967 o, mejor dicho, de 1947, que se mencionan constantemente como las fronteras permanentes reconocidas por la comunidad internacional como las fronteras de Israel y de la nación palestina. El territorio del Estado de Israel oficial y reconocido por la comunidad internacional es de 20.000 kilómetros cuadrados, mientras que el territorio del Estado palestino (la franja de Gaza y Cisjordania) es de 7.000 kilómetros cuadrados.

En la guerra de 1967 (llamada de los Seis Días) el Estado de Israel fue atacado por Egipto y Jordania, Israel conquistó el resto de los territorios palestinos, Cisjordania a Jordania y la franja de Gaza a Egipto.

La franja de Gaza ha vuelto a manos del Hamas palestino mientras que Cisjordania sigue todavía en manos de Israel. La decisión que se tomará por mayoría en septiembre en la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas se refiere de hecho sólo a la cuestión territorial del futuro Estado palestino. En esa resolución, ami entender, no se hará mención alguna al regreso de los refugiados al Estado de Israel, ni a la cuestión de la desmilitarización del Estado palestino.

Tampoco se hará mención a Jerusalén Este como capital del Estado palestino ni tampoco, por supuesto, a la situación de los asentamientos en el futuro Estado palestino. Todos esos problemas deberán ser tratados en las negociaciones definitivas con Israel.

De ahí que el reconocimiento del Estado palestino con las fronteras de 1967, que apoyará la mayoría de los países del mundo, no es más que la consumación del reconocimiento que ya dio la Asamblea de las Naciones Unidas con el Plan de Partición original de noviembre de 1947, una resolución que en su momento ya apoyó el Estado de Israel y que es la base de su legitimación internacional.

Por tanto, si Israel ha apoyado con repetidas y reiteradas declaraciones el reconocimiento de un Estado palestino, ¿por qué se opone a la probable resolución de las Naciones Unidas? El único motivo, en mi opinión, es la mención de las fronteras de 1967. El Gobierno de Israel quiere anexionarse partes de Cisjordania, ya sea por los asentamientos allí ubicados, ya sea por razones de afinidad con algunas zonas históricas y sagradas para los judíos. Pero debemos saber que las fronteras de 1967 son lo mínimo que merece el Estado palestino, y representan solamente un cuarto del territorio de la Palestina original.

El argumento de Israel de que las fronteras de 1967 no son seguras es un argumento problemático. Es cierto que Israel debe defenderse ante una probable confabulación del Estado palestino con el mundo árabe hostil. Pero esa defensa no puede asegurarse con asentamientos civiles en medio de la población palestina ni con la anexión de territorios a un asentamiento civil, sino única y exclusivamente con bases militares israelíes e internacionales en el río Jordán, en la frontera oriental del futuro Estado palestino, con el fin de evitar que un ejército árabe extranjero entre en el Estado palestino para atacar desde allí al Estado judío. También sería necesaria posiblemente la instalación de estaciones de alerta y vigilancia israelíes e internacionales en diversos puntos del Estado palestino para asegurar su desmilitarización de armamento pesado.

Todas ellas son claras medidas militares que no van en detrimento de la identidad nacional, al igual que las bases militares extrajeras que hubo, y todavía hay, en toda Europa y en otras zonas del mundo durante y después de la guerra fría. Una base militar es en esencia temporal, hoy está aquí y mañana, en otras circunstancias, se puede desmantelar. Mientras que los ciudadanos israelíes que viven en un enclave soberano israelí dentro del Estado palestino son una constante provocación que origina odio y constantes enfrentamientos.

Estoy muy preocupado ante la posibilidad de que, tras la decisión que tome en septiembre la Asamblea General de las Naciones Unidas, multitud de ciudadanos palestinos, entre ellos mujeres y niños, salgan de los pueblos y las ciudades en manifestaciones multitudinarias no violentas, al estilo de lo que está ocurriendo últimamente en los países árabes, contra las colonias israelíes y los asentamientos en Cisjordania. ¿Qué hará Israel? ¿Enviará al ejército a aplastar por la fuerza esas manifestaciones? ¿Qué harán los colonos extremistas ante las manifestaciones populares enfrente de sus casas? ¿Tendrá la Autoridad Nacional Palestina poder para controlar esas manifestaciones?

La única forma de evitar ese escenario de conflictos es una decisión valiente por parte de Israel de apoyar la resolución de las Naciones Unidas. Y como dijo el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en su último discurso, iniciar de inmediato una negociación franca y sincera sobre todos los demás problemas controvertidos entre el Estado palestino e Israel en lo referente a las fronteras de 1967.

Abraham B. Yehoshua, escritor israelí, impulsor del movimiento Paz Ahora. Traducción: Raquel García Lozano.

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