¿Un resurgimiento estadounidense en 2011?

Profetizar es un género económico aleatorio, pero aun así podemos apostar, razonablemente, por un repunte estadounidense en 2011. Evidentemente, sería más fácil y menos arriesgado repetir que los países emergentes seguirán emergiendo. Pero éstos no progresarán solos si la locomotora estadounidense no tira de ellos hacia arriba. Brasil, India o China, que parten desde muy abajo, que disponen de reservas de mano de obra poco remunerada y que acceden a las técnicas de producción ya probadas en Occidente, solo proseguirán su ascenso si se cumplen dos condiciones: en primer lugar convendría que sus Gobiernos, sin distinción de partidos, se atuvieran a la estrategia que les ha sacado del atolladero: la libertad de empresa, el respeto de la propiedad, una moneda estable y la apertura de fronteras. El consenso sobre esta receta liberal no debería quebrantarse hasta que no pase mucho tiempo ya que sus resultados son tangibles. Pero estas buenas recetas no bastarán. La segunda condición es que la innovación continúe en la cúspide de la pirámide económica y que los consumidores occidentales consuman.

En nuestro mundo, tal y como será en 2011 (en 2100 no lo sé), Estados Unidos seguirá ocupando esa cúspide.
Imaginemos, por el contrario, que un doble desastre golpea a Estados Unidos: el ama de casa estadounidense suspende toda clase de compras compulsivas y los laboratorios estadounidenses caen en la falta de imaginación. Si esas estadounidenses optasen por ahorrar o por boicotear los productos Made in Chinaque dominan el gran consumo en Estados Unidos, al día siguiente, miles de fábricas cerrarían en la provincia de Cantón. La situación es idéntica para la gama alta: si Apple no hubiese inventado ni el iPhone ni el iPad, la industria electrónica en Asia sería menos próspera. Un iPad lanzado en Estados Unidos (en 2009, en unos Estados Unidos en crisis), entre su diseñador californiano y su comprador final, pasa por las manos de ingenieros y de operarios japoneses, taiwaneses, surcoreanos y chinos. Al final, vemos sin duda que la economía mundial progresa cuando Estados Unidos progresa e incluso cuando se frena, pero no demasiado: la crisis de Wall Street de 2007-2009 destruyó bancos, ahorros y empleos, pero en ningún momento hizo que se tambalearan los cimientos del mercado mundial. El crecimiento estadounidense solo se interrumpió 18 meses y nunca retrocedió hasta el punto de poner en peligro la red de proveedores mundiales. Se recortaron algunos presupuestos de investigación privados, pero nada más que dos años.

Por lo tanto, en 2011, Estados Unidos volverá por sus fueros ya que no ha desaparecido por completo. La percepción de la crisis desde 2008 ha sido más dramática que la crisis en sí, por razones ideológicas y políticas: los enemigos del capitalismo estadounidense, numerosos en Estados Unidos y en otros lugares, habían esperado en vano que la recesión inaugurara una nueva era poscapitalista. ¿No era esta crisis «La Crisis» anunciada por Marx en 1848 y por Keynes en 1930? Barack Obama lo dio a entender para que le eligieran en 2008; sus rivales republicanos retomaron la misma cantinela contra él y le derrotaron en 2010. Pero, finalmente, no ha tenido lugar «La Gran Crisis» y la supuesta reforma del capitalismo tampoco tendrá lugar: Obama, en minoría, se encuentra maniatado, los Estados Unidos capitalistas han vuelto y su resurgimiento es probable.

Desde hace dos años, en efecto, las empresas y los bancos estadounidenses han invertido muy poco: así, se ha acumulado en Estados Unidos una masa gigantesca de capital al acecho de innovaciones. Estas innovaciones existen y solo esperan a que las transformen en productos de consumo de masas. La recuperación de la inversión es más que probable debido a que Obama ya no está en condiciones ni de aumentar los impuestos ni de generalizar el seguro médico: es una pena para los partidarios de la justicia social, pero elimina las incertidumbres que paralizan las empresas. Por otra parte, el Banco Central de Estados Unidos se ha comprometido a mantener durante mucho tiempo un dólar abundante a unos tipos bajos.
Apostaremos por lo tanto por algunas evoluciones probables: la producción masiva de gas en Estados Unidos mediante la extracción de esquistos reducirá los precios de la energía; la medicina del genoma sustituirá algún día a las terapias antiguas; se comercializarán en masa unos organismos genéticamente modificados, adaptables a todos los climas; la nanotecnología aplicada a la industria llevará a la reindustrialización de Estados Unidos (con la nanotecnología, el coste de la mano de obra se vuelve marginal); unos nuevos objetos móviles fusionarán todas las formas de comunicación, desde la telefonía hasta la televisión. Existen muchos productos y servicios en estado experimental que solo esperan a que los exploten: su fabricación y su consumo forzosamente se globalizarán, lo cual confirmará la función de locomotora de la economía estadounidense; los países emergentes y europeos sumados al mercado mundial sacarán partido de ello.

Este resurgimiento estadounidense no beneficiará a todos. Aparte de Estados Unidos, los países ausentes del mercado mundial (Oriente Próximo, África) sufrirán al ser marginados. Entre las economías europeas, las que no tienen ventaja comparativa ni especializaciones de calidad internacional se quedarán estancadas: Alemania cuenta con una ventaja comparativa en las máquinas herramienta, Francia, en el mercado de los transportes y de la energía nuclear, y España tiene un nivel mundial en los servicios bancarios, la energía y las telecomunicaciones. Pero esas ventajas europeas suelen ir a la zaga de su competidor estadounidense y los conglomerados chinos y surcoreanos recién llegados ya las han alcanzado. ¿Cómo se puede reconstruir la ventaja comparativa? En Europa hace falta una resurrección del espíritu de empresa con una política fiscal y reglamentaria que lo permita. Y no idealicemos el futuro estadounidense: en Estados Unidos, el resurgimiento no bastará para eliminar las bolsas de pobreza y de desempleo que la crisis, más que causar, ha puesto de manifiesto. El crecimiento basado en la innovación reduce cada vez más el acceso al mercado de trabajo para los candidatos no especializados: están atrapados entre los inmigrantes no cualificados y los titulados. El nuevo desafío para Estados Unidos y para Europa es la educación en masa en esta época de globalización.

Por ultimo, este resurgimiento estadounidense decepcionará a los hombres de Estado si son megalómanos, a los tecnócratas y a los utópicos que desearían rehacer el mundo de un modo menos aleatorio que el capitalismo estadounidense: 2011 debería ser un mal año para los que sueñan con un mundo perfecto, pero prometedor para los que se conforman con un mundo mejor.

Guy Sorman, ensayista.

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