Un voto de confianza a Theresa May

Escribo como ciudadano europeo de nacionalidad británica, nacido en Madrid de madre española y padre británico, me eduqué en Reino Unido y desde que nací en 1953 he compartido culturas a nivel personal, profesional y políticamente.

Desde esta posición híbrida permítanme intentar formular algunos pensamientos a propósito del discurso sobre el brexit de la primera ministra británica, Theresa May, y lo que podría pasar en el futuro de las relaciones entre el Reino Unido y España.

Tanto la retórica como la postura de May apelaron a un sentido de identidad británico arraigado en la historia con un alarmante sentido de confianza en sí mismo.

Escucharla era oír ecos del discurso más famoso de Churchill, en el que ofreció “sangre, sudor y Lágrimas”, así como un “nunca nos rendiremos”, cuando Gran Bretaña se levantó para defender a Europa. Tambien Theresa May nos recordó Margaret Thatcher -y su estilo de mujer de hierro- al pretender que los miembros de la UE toleren la fórmula “un pie dentro y un pie fuera ” con tal de que Reino Unido no salga de la Eurozona y el Mercado Unico.

Para entender mejor este discurso de May me baso en la sabiduría del ensayista británico George Orwell, que al tratar de explicar las emociones generadas por la Segunda Guerra Mundial escribió lo siguiente en sus notas sobre el nacionalismo publicadas en 1945:

“El nacionalismo no debe confundirse con el patriotismo. Ambas palabras se usan normalmente de una forma tan vaga que cualquier definición puede ser cuestionada, pero hay que hacer una distinción entre ellas, ya que dos ideas diferentes e incluso opuestas están involucradas. Por patriotismo me refiero a la devoción a un lugar determinado y un modo particular de vida, que uno cree que es el mejor del mundo, pero no tiene el deseo de obligar a que otras personas lo acepten…

…El patriotismo es de naturaleza defensiva, tanto militar como culturalmente. El nacionalismo, por otra parte, es inseparable del deseo de poder. El propósito permanente de todo nacionalista es asegurar más poder y más prestigio, no para sí mismo, sino para la nación u otra unidad en la que haya escogido hundir su propia individualidad”.

El discurso de May, según sus entusiastas menos extremistas, estaba infundido de valores patrióticos como la decencia, el juego limpio y la apertura al mundo, que subyacen en el héroe británico mas universal: James Bond 007.

Ciertamente, en ningún momento de su discurso afirmó May que lo que ella estaba preparando para Gran Bretaña era una receta para ser emulada por el resto de la UE. Por el contrario, se declaró abierta a una cooperación permanente con Europa y el mundo en pos de un acuerdo consensuado que fuese ventajoso para Gran Bretaña y que también funcionase en interés de Europa.

Al mismo tiempo, el discurso de la May fue una manera de querer recordarnos que la cultura política de Gran Bretaña –representada por cierto sector de sus políticos y muchos de sus ciudadanos anglosajones- nunca se ha sentido en deuda con la UE. Este sentimiento deuda existe en otros países que accedieron a la democracia por influencia europea. Pero Gran Bretaña no, por lo que puede prescindir de algunos de los compromisos vinculantes, reglas y regulaciones que condicionan la soberanía nacional en otros lugares.

El problema que tiene May es que su discurso no necesariamente convence en Europa entre los que se sienten comprometidos por razones políticas y económicas a ser miembros de pleno derecho de la UE . May argumenta que Gran Bretaña es un aliado necesario que, sin embargo, debido a su historia, su geografía y su temperamento merece ser tratado como un caso especial.

Lo que me lleva a la tesis del editorial de El País de este miércoles, que argumentaba que el objetivo declarado de May es abandonar el Mercado Único y su discurso en general refleja un “vergonzoso nacionalismo xenófobo”.

Esto es una crítica dura y me gustaría creer que además es injusta y prematura, por mucho que Nigel Farage -el extremonacionalista del partido UKIP- afirmase que May le habia copiado el guión.

No olvidemos que el discurso de Theresa May fue pronunciado antes del inicio de unas negociaciones que van para largo y que no se trata de una posición final. Tampoco olvidemos que muchos britnicos han celebrado este discurso por ser posiblemente más conciliador que desafiante.

También es verdad que May no entró en detalle sobre importantes cuestiones que afectan al comercio de bienes, servicios y personas entre el Reino Unido y la UE , ni abordó como podría afectar a las relaciones bilaterales.

Aquí hago una mención especial a los españoles que viven y trabajan en Reino Unido y a los británicos que viven y trabajan en España, por no hablar del comercio, del turismo y de las relaciones comerciales que se han desarrollado gracias a la UE y no a pesar de ella.

El hecho de que May ofreciera ciertas garantías a los ciudadanos de la UE residentes en el Reino Unido, siempre y cuando la UE-27 haga lo mismo con los ciudadanos británicos, fue positivo, pero apenas concluyente.

En verano pasado vote en contra del brexit en el referéndum. Ahora sólo espero que todas las partes involucradas en las negociaciones lleguen a un consenso que beneficie a la UE y que mantenga a Gran Bretaña como un país abierto al mundo, gobernado por demócratas y no por nacionalistas extremos.

Tal como decía Fincancial Times -que también se opuso al brexit- en su editorial de ayer, el reto político más difícil en una generación “implicará sangre, sudor y una dosis de buena suerte”.

Jimmy Burns Marañón, escritor y periodista.

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