Un voto por Europa

Vista del hemiciclo del Parlamento Europeo en Estrasburgo. EFE

La retirada británica de la UE tendrá importantes consecuencias. Es una decisión que lamentamos pero que respetamos; nos esforzamos por organizar una retirada ordenada del Reino Unido a través de las negociaciones que lidera Michel Barnier en nombre de la Unión. Pero la salida británica crea también una oportunidad histórica. Al abandonar la Unión Europea, Londres se llevará consigo sus 73 eurodiputados. La cuestión que se plantea es la siguiente: ¿qué hacemos con sus escaños, que quedarán vacantes en 2019? Pueden considerarse tres opciones, no exclusivas. Podemos suprimirlos, total o parcialmente, en aras del ahorro. Podemos repartirlos entre los 27 Estados miembros restantes, para que el número de escaños refleje mejor el tamaño de la población de cada uno. Y podemos crear con ellos una circunscripción de ámbito europeo.

Italia, Francia y España apoyan la creación de listas transnacionales. Proponemos así que parte de los escaños vacantes se consagre a la creación de una circunscripción europea, de manera que tenga en cuenta la diversidad política y geográfica europea.

Cada uno de nosotros es a la vez ciudadano de su país y ciudadano europeo. Sin embargo, nuestra ciudadanía europea está incompleta. Es cierto que tenemos un Parlamento Europeo elegido por sufragio universal y diputados que, en principio, son escogidos no en virtud de su nacionalidad sino de su proyecto político. Es cierto que un ciudadano español puede ser elegido hoy en día en Italia o en Francia. Pero la forma de elección y la campaña electoral europea siguen siendo nacionales. Las elecciones europeas son en la actualidad 28 —y pronto 27— debates estancos y paralelos, que se desarrollan dentro de las fronteras de cada uno. Con demasiada frecuencia, las elecciones europeas se reducen a un voto de adhesión o de sanción a las políticas nacionales o, en el mejor de los casos, a un debate sobre política extranjera.

La creación de listas transnacionales, en paralelo a las listas nacionales o regionales existentes, permitiría llevar el debate a los retos auténticamente europeos que nos afectan a todos, crear una auténtica ágora europea. No se construye una sociedad únicamente mediante el ordenamiento jurídico. No se decreta desde el poder lo que quiere decir ser ciudadano europeo. Los pueblos deben vivir, compartir, experimentar su diversidad en el intercambio entre las sociedades. ¿Qué se sabe, en realidad, de la forma en que nuestros vecinos europeos perciben los retos europeos de mañana?

Los periodos de campañas electorales son momentos de debates cruciales. En ellos cristalizan, en el mismo seno de nuestras democracias, opciones colectivas, valores, una comprensión común de nuestros bienes colectivos. Y en estos momentos de intensos debates es cuando debemos cruzar nuestras miradas entre europeos, escuchar a un candidato checo compartir su visión de la Europa social o a un candidato italiano exponer sus expectativas en términos de política migratoria, en lugar de quedarnos con imágenes con frecuencia erróneas o caricaturescas de lo que piensan nuestros vecinos. Dejemos de encerrar a los ciudadanos nacionales entre muros y de imponerles anteojeras. Llevemos juntos nuestra identidad europea, sin renegar de nuestras identidades nacionales y desarrollemos un auténtico espacio público europeo vivo, unido en su diversidad.

Sin duda, esta reforma no alteraría a corto plazo los equilibrios. Pero cada elector introduciría en la urna, cuando llegara el día, una papeleta suplementaria de voto, para elegir entre listas europeas, paritarias, que agruparan a candidatos de al menos siete nacionalidades diferentes. Eso permitiría hacer recordar que el Parlamento Europeo representa el interés europeo, y no la suma de 27 intereses nacionales diferentes. Sería un verdadero cambio práctico y de punto de vista para cada europeo.

El vínculo entre los pueblos y la construcción europea ha ido relajándose progresivamente. Se percibe frecuentemente a Europa como lejana, tecnocrática o dirigida sin contar con los pueblos. Si ha habido un momento en el que se haya pensado que era posible hacer avanzar Europa pasando por encima de nuestros conciudadanos, ha sido un error. Hemos superado esa página. Es indispensable reanudar el diálogo con los ciudadanos. Nuestros gobiernos se comprometen a favor de una refundación del proyecto europeo. Un proyecto de semejante alcance merece más que cuestiones binarias y simplistas: ¿A favor o en contra de Europa?

Debemos recordar, como hizo el presidente Macron en la Sorbona, que “la esencia del proyecto europeo, es la democracia”. Se acusa a Europa, como a la democracia, de debilidad. Las dos se enfrentan a la abstención, al voto populista, a veces a la fascinación por las democracias que no son liberales. Denunciar los populismos es tan indispensable como insuficiente: tenemos que actuar. Por ello, debemos aprovechar el momento histórico que se nos presenta con ocasión del Brexit y hacer de ello una oportunidad de profunda renovación de la democracia europea. Esta renovación implica en particular la creación de listas transnacionales para las elecciones europeas de 2019. Esta ambiciosa reforma puede llevarse a la práctica sin revisar los tratados, incorporándola a la legislación electoral que ya está siendo objeto actualmente de una revisión. En realidad no hace falta más que voluntad política.

Creemos un auténtico espacio público europeo mediante estas mujeres y estos hombres que, más allá de su nacionalidad, encarnen nuestra voluntad política de construir la unidad europea en la diversidad. Atrevámonos a vivir el siglo XXI de la democracia. Atrevámonos a crear listas políticas europeas transnacionales. Demos a cada uno una papeleta de voto más por Europa.

Sandro Gozi es subsecretario de Políticas y Asuntos Europeos, Gobierno de Italia.
Nathalie Loiseau es ministra encargada de Asuntos Europeos, Gobierno de Francia.
Jorge Toledo es secretario de Estado para la Unión Europea , Gobierno de España.

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