Una coalición para España

Junto con Malta, España es el único país de la Unión Europea que no ha tenido un gobierno de coalición en los últimos cuarenta años. De hecho, en los siglos XIX y XX tuvo muy pocos. El primero –a partir de 1834, cuando, en plena guerra civil con los carlistas, se consolidaron dos partidos en el seno del liberalismo: el moderado y el progresista– fue el formado por el general progresista Espartero en 1854. En la Segunda República, los gobiernos de coalición fueron la norma más que la excepción, debido a la cantidad de partidos que había.

Hoy en día existen gobiernos de coalición a escala autonómica y municipal, pero no nacional, una característica que hace que España siga siendo «diferente». En mayo, Podemos instó a la formación de un gobierno de coalición, oferta que rechazó el PSOE, y el PP intentó forjar otro con este último en 2016. Con tan solo 84 escaños de los 350 de las Cortes, el Gobierno en minoría del Partido Socialista tiene dificultades para conseguir que se aprueben sus leyes y reformas, incluidos los importantes presupuestos para 2019. No hay posibilidad de un gobierno de coalición antes de las próximas elecciones, que se celebrarán en julio de 2020 a más tardar, aunque es muy posible que se convoquen antes. Sea cuando sea, los dos, si no los tres partidos con más escaños en las Cortes, deberían enterrar sus diferencias, imitar el admirable ejemplo de países como Alemania y formar un gobierno no monocolor. Atrás quedaron los días en que el PP o el PSOE ganaban por mayoría absoluta. Todo indica que Unidos Podemos y Ciudadanos no son un fenómeno pasajero.

Un gobierno de coalición exigirá un cambio considerable e imprescindible en la cultura excesivamente acre de los partidos (ejemplificada por la práctica del «y tú más») y el debate político (representado por las tertulias en las que todos hablan, si no gritan, al mismo tiempo y nadie escucha). En estos momentos, el debate gira en torno a si Pedro Sánchez es realmente doctor y si Pablo Casado tiene un título de máster falso, como si no hubiese asuntos más importantes. ¿Qué ha sido del admirable espíritu de consenso que caracterizó a la Transición española (cuando no había gobierno de coalición) que yo viví, aun teniendo en cuenta que la época actual, con una democracia consolidada en España, es muy diferente?

Un gobierno de esta clase sería mucho mejor que el presente acuerdo, por el cual una alianza espuria de Unidos Podemos con los nacionalistas vascos y catalanes presta apoyo al Gobierno socialista quién sabe hasta cuándo. En mayo, estos partidos aunaron esfuerzos en pro de una causa común –echar al Partido Popular por diferentes razones–, pero con los socialistas ya en el poder, poca cosa los mantiene unidos. Distinto sería un gobierno de coalición con un programa acordado de antemano y basado en concesiones de todas las partes, que aplicase ese programa una vez que hubiese tomado posesión. Ni que decir tiene que el gobierno ideal no sería una coalición de los socialistas con formaciones políticas tan dispares.

Se mire como se mire, España ha cambiado profundamente desde la Constitución de 1978, ya sea en el terreno económico, con la creación, por ejemplo, de un número significativo de multinacionales o el segundo sector turístico del mundo en cuanto a cifras de visitantes; en el político, con una vigorosa democracia que ocupa uno de los primeros puestos en las calificaciones, para sorpresa de muchos; en el social, con las enormes mejoras en la situación de la mujer; o en política exterior, en la que España ha reivindicado su lugar en el escenario internacional. El país no guarda semejanza con lo que era hace cuarenta años o, como dijo más subido de tono Alfonso Guerra: «Vamos a poner a España que no la va a reconocer ni la madre que la parió». A lo largo de este tiempo, los ingresos per cápita en paridad de poder adquisitivo se han multiplicado por cinco, y la esperanza de vida ha aumentado casi diez años. Pocos países han conseguido algo parecido.

Sin embargo, los próximos cuarenta años serán muy diferentes. Las reformas de la última década han sido producto en gran medida de la gran recesión del país. Sin embargo, ahora que esa época ha pasado, es necesario realizar reformas estructurales en las pensiones, la educación y el sistema de autonomías, entre otros. La manera más eficaz de llevarlas a buen puerto sería un gobierno de coalición.

William Chislett es escritor y periodista.

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