Una Cumbre para renovar la solidaridad iberoamericana

Desde la primera Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, en Guadalajara (México, 1991), hemos celebrado 21 reuniones consecutivas al más alto nivel. La vigésimo segunda tiene lugar esta semana en un Cádiz que conmemora el bicentenario de aquella, aunque efímera, gran Constitución liberal elaborada por diputados de las Españas continental y colonial.

Se trata, hoy, de que Iberoamérica renueve su relación con la solidaridad que requieren los nuevos tiempos, de bonanza económica para unos y de profunda crisis para otros.

Antes de nada, reconozcamos a las autoridades del Estado español su ingente esfuerzo para asegurar el éxito de la Cumbre. Me refiero a la Corona, a los Príncipes de Asturias, al presidente del Gobierno y su equipo, en especial a la Secretaría Pro Témpore del Ministerio de Asuntos Exteriores, y a la entrega de los ciudadanos de Cádiz, inspirados por la dedicación de su dinámica alcaldesa.

América Latina ha podido, de momento, enfrentar con éxito las primeras oleadas de esta crisis, que han seguido con altibajos los países desarrollados y que ha tenido efectos muy intensos en dos países de nuestra Comunidad como España y Portugal.

Es verdad que Latinoamérica tiene problemas pendientes y reformas que acometer. Como también es cierto que, sin pecar de optimismo, se nota algún atisbo de recuperación a medio plazo en la península ibérica, aunque siga habiendo un panorama incierto y duro en el corto. A la Cumbre llegan España y Portugal aplicando severos programas de ajuste para corregir graves desequilibrios fiscales, un pesado endeudamiento y un bajo crecimiento de sus economías. Esos ajustes darán sus frutos si las políticas son eficaces y si van acompañados de una solidaridad clara por parte de la Unión Europea.

Y a la Cumbre llega, como decía, una América Latina que puede aspirar a que esta sea «su década» si, por un lado, la economía de los países desarrollados comienza a recuperarse y los nuevos países emergentes, como China, pueden hacer ajustes económicos suaves que no interrumpan su importante papel movilizador del ciclo mundial.

Latinoamérica debe acometer una serie de reformas: en la calidad de la educación; en la mejora de la productividad para competir en los mercados internacionales, o en el uso de la innovación y las nuevas tecnologías. Tiene que dar relevancia a las pequeñas y medianas empresas, grandes generadoras de empleo si aumentan su productividad y su presencia internacional.

España y Portugal han estado presentes en América Latina estos años. El empresariado español apostó por la Región en los años 90 y le ha ido suficientemente bien como para poder enjugar sus cuentas de resultados. Debería continuar atendiendo las nuevas demandas de inversión que necesita Latinoamérica para explotar sus recursos naturales, infraestructuras, energías renovables o su economía verde.

También es el momento de que las cerca de 500 empresas multilatinas que están invirtiendo en Estados Unidos, Canadá, Asia y la propia Europa hagan lo propio en la Península Ibérica. Como es momento de valorar el movimiento de personas que en su día circuló de Sur a Norte y ahora lo hace de Norte a Sur. Hay que aprovechar el personal cualificado, el impulso de la gente joven que quiere volcarse a trabajar en una industria necesitada de expansión. Tenemos, en fin, que renovar las relaciones iberoamericanas, activando y compartiendo intereses pero asentándolos en el poder de nuestro acervo común: las dos lenguas, las culturas vigorosas y diversas, la forma que tenemos de ver el mundo…

Se trata, también, de que nuestros países concierten sus posiciones para enfrentar los grandes retos del mundo actual y decidir cómo gobernar las nuevas relaciones internacionales.

Iberoamérica necesita contribuir responsablemente a otras decisiones colectivas en los grandes temas globales, como la protección de la biodiversidad, el cambio climático, la gobernabilidad de las corrientes migratorias o el crimen organizado, entre otros.

La próxima Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno entre Europa y America Latina y el Caribe, que se celebrará a finales de enero de 2013 en Santiago de Chile, será una oportunidad de tratar muchas de las reflexiones que se harán esta semana en Cádiz.

Espero que la vigésimo segunda Cumbe Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno sea un éxito. En buena medida ya lo es, habida cuenta el largo e intenso proceso de preparación que la ha precedido.

En esa preparación se realizaron encuentros ministeriales en distintas áreas, reuniones de gobiernos locales, parlamentarios, empresarios y de la sociedad civil o seminarios preparatorios donde se discutieron los grandes temas que llegarán a Cádiz.

Las bases de los acuerdos están ya sobre la mesa. Que los discutan y sancionen nuestros Jefes de Estado de Gobierno será muy positivo para avanzar en este gran e ilusionante proyecto común que llamamos Iberoamérica.

Enrique Iglesias, Secretario General de la Secretaría General Iberoamericana.

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