Una economía para el 99%

El nuevo informe anual de Oxfam Intermón sobre la desigualdad en el mundo concluye que la riqueza se sigue concentrando. También en países como España, donde hay crecimiento económico, este se acumula en los estratos que ya son ricos. Dinero llama a dinero. Hoy más que nunca.

Y va rápido. Si hace un año eran 62, este ya solo son ocho las personas que tienen la misma riqueza que el 50% más pobre de la población mundial. El número de ‘milmillonarios’ crece, también en Asia y África, mientras que la renta del 10% más pobre del mundo apenas subió tres dólares al año en los últimos 25. En los próximos 20 años, 500 personas dejarán a sus herederos una riqueza equivalente al PIB de India, con 1.300 millones de habitantes.

¿Por qué no se hace nada más que afirmar que sí, que la desigualdad es un gran problema? El consenso es unánime salvo en un puñado de economistas ultraliberales que niegan una realidad estadística que se refleja en las calles. El Banco Mundial y el FMI, millonarios y ejecutivos, líderes políticos de izquierda y de la extrema derecha triunfante. Todos consideran que la desigualdad extrema es uno de los mayores retos de nuestras sociedades, que las hace invivibles, que arruina la esperanza. Son legión quienes ya se sienten fuera del sistema o amenazados con ser expulsados, mientras observan cómo una minoría ejerce una desmedida influencia para trucar los dados a su favor. La desigualdad merma el crecimiento y lo hace insostenible, lastra la lucha contra la pobreza y rompe la cohesión social. Si alguien aún se pregunta por las razones de la desafección hacia la democracia y la política tradicional que repase estos informes.

Por ahora, la extrema derecha está teniendo éxito al aportar soluciones falsas, aunque creíbles para buena parte de la población. Los culpables son ‘los otros’, los obreros explotados lejos o refugiados e inmigrantes que vienen a robarnos lo que es nuestro. Esa competencia entre vulnerables que tan buenos réditos da a quienes juegan a los triles y ocultan la bola de oro, la suya.

De hecho, es la captura del poder por parte de una reducida élite lo que impide que se tomen medidas contra la desigualdad de forma significativa. Es inexplicable que se mantengan paraísos fiscales donde esconder los recursos que deberían financiar la salud y la educación de todos.

Nos quejamos con razón de grandes empresas, deportistas y otros acaudalados que reducen su aportación a la sociedad a un mínimo escandaloso. Sin embargo, no olvidemos que son los gobiernos quienes mantienen territorios y prácticas piratas y quienes diseñan la normativa que permite utilizarlos. Dos tercios de la inversión que llega o sale de España lo hace a través de alguno de los 15 principales paraísos fiscales.

El sistema tributario está sesgado, siendo España un ejemplo de recaudar poco y mal, con el regresivo IVA como único impuesto que ha crecido tras la crisis. En el lado del gasto también se garantiza la seguridad de quien más tiene a través del rescate de bancos o empresas que han invertido en infraestructuras y no se llevan lo que creen merecer. Los informes de Oxfam demuestran que esto ocurre en todo el mundo y en sectores diversos.

Tampoco se entiende que no se planteen medidas que frenen las brechas salariales dentro de empresas y cadenas de valor. El CEO de una empresa tecnológica india cobra 416 veces más que un trabajador medio en la misma empresa. Los productores de cacao recibían el 18% de su valor en los años 80, hoy solo el 6%. La baja calidad del empleo en España y la brecha salarial, empezando por la de género, pesan cada vez más en la balanza de la desigualdad, dejando pobres a cada vez más trabajadoras. Si al desempleo de larga duración y al subempleo de miseria se le une que las familias deben gastar más en salud o educación, ambas recortadas por esa fiscalidad injusta, tenemos trazada la senda de la exclusión y la pobreza.

Las perspectivas laborales en plena automatización digital, por más que se creen puestos de trabajo de alta cualificación, apuntan a la necesidad de repartir más el trabajo y el salario, además de fortalecer esquemas de protección social como la renta básica universal.

Si no queremos consolidar un mundo dual con una mayoría que queda fuera o que se aferra al borde del plato debemos pasar del consenso sobre el problema a tomar medidas. Dejar al mercado por libre solo hará que la desigualdad se desborde.

José María Vera, Director de Oxfam Intermón.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *