Una Europa cohesionada y sostenible

Los ambiciosos planes de la Comisión Europea y de muchos líderes europeos para transitar hacia una Europa más digital, más verde y más estratégica han de ir acompañados de cambios políticos, económicos y sociales. Cuando hablamos de que es necesario un mundo más cohesionado y sostenible (el tema de la 50 Asamblea Anual del Foro Económico Mundial en Davos) y dada la posición geopolítica de Europa, es evidente que esta transición exigirá importantes esfuerzos en la armonización de las agendas políticas, y en cuanto a la implementación, financiación e incremento de la colaboración público-privada.

La economía de la zona del euro ha demostrado su resiliencia: ha seguido creciendo (a un ritmo del 1,1% anual) desafiando las previsiones de que sufriría una desaceleración debido a las tensiones comerciales y al Brexit. Las elecciones al Parlamento Europeo de 2019 revelaron que los ciudadanos quieren seguir interconectados y que se coordinen respuestas de ámbito europeo a los retos comunes.

Los líderes europeos deben aprovechar estas tendencias positivas para trazar un plan y una agenda ambiciosos para la próxima década, con especial atención a tres áreas clave en las que Europa puede ejercer el liderazgo mundial: líder de innovación y motor de crecimiento, potencia mundial y campeón verde.

Los líderes deben abordar los problemas de crecimiento, inclusión y sostenibilidad y actualizar los anticuados sistemas de gobernanza de la región. Es necesario replantearse las necesidades de las empresas en busca de un modelo que contribuya a la sociedad y cree valores compartidos para una gran variedad de partes interesadas.

Esto hace que nos preguntemos: ¿cómo se medirá la productividad y el rendimiento empresarial en el futuro? Para liderar esta transformación, serán necesarias nuevas normas y métricas, incluidos los objetivos «ambientales, sociales y de gobernanza», en la línea del Manifiesto de Davos 2020. Del mismo modo, hace falta una revolución en el ámbito de la formación para proporcionar a los ciudadanos las competencias necesarias para prosperar en la Cuarta Revolución Industrial.

Para ser competitiva, Europa tendrá que dar un salto cualitativo en materia de gasto en I+D, ya que sigue por detrás de China y Estados Unidos. Es necesario reforzar los recursos científicos e intelectuales de la región para transformar el crecimiento de Europa a través de la inversión en universidades, crear instituciones de investigación, conectar mejor el sector privado con el académico para impulsar la innovación y el emprendimiento, y aumentar la financiación.

En 2020, la Unión Europea deberá afrontar varios retos importantes en materia de política exterior. La región deberá considerar cómo defender la soberanía política y económica de Europa en un orden mundial cada vez más polarizado y multiconceptual, donde China, Estados Unidos y Rusia compiten por ganar espacios de influencia con la descomposición del sistema multilateral como telón de fondo. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró que Europa debe «aprender el lenguaje del poder», al tiempo que presentaba lo que dio en llamar «una Comisión geopolítica».

Lo más importante en la defensa de los intereses de Europa y su soberanía en el futuro es su unidad, sin la cual Europa será irrelevante. La influencia mundial de la UE se ha visto sacudida por la decisión de Gran Bretaña de abandonarla, la retirada de Washington del acuerdo nuclear de 2015 con Irán y por el fracaso de Europa en sus intentos de estabilizar a sus vecinos. El Foro ha iniciado un diálogo estratégico sobre los Balcanes Occidentales para crear una plataforma destinada a mejorar la estabilidad y la prosperidad de la región. Pero los líderes europeos deben avanzar con confianza para reafirmar los valores europeos esenciales y ponerse al frente en el camino hacia un orden mundial democrático y basado en normas.

Para asegurar su futuro común, Europa ha de continuar liderando la transformación mundial hacia una economía inclusiva, verde y climáticamente neutra, en línea con el Acuerdo de París. La UE está en disposición de hacer de Europa un líder mundial en la transición verde e inspirar a los ciudadanos para ser la primera región del mundo neutra en carbono para 2050. Por ello, el Pacto Verde Europeo impulsado por la Comisión Europea constituye una oportunidad histórica para modernizar la economía europea, revitalizar la industria, crear empleo y favorecer el crecimiento a largo plazo.

Sin embargo, la implementación de este Pacto precisa tener en cuenta los diferentes puntos de los que parten los países europeos y la necesidad de apoyar a los países más dependientes del carbón y combustibles fósiles. Asimismo, las políticas verdes deben anclarse en la realidad social y económica de los ciudadanos europeos, a fin de impulsar cambios transformadores a largo plazo y garantizar una transición justa.

Se estima que el Pacto Verde Europeo necesitará una financiación de 400.000 millones EUR al año durante los diez próximos años. Las fuentes de financiación pública no serán suficientes, por lo que será esencial desarrollar nuevos e innovadores mecanismos de financiación para obtener capital destinado a la acción climática. Esto muestra también la necesidad de un esfuerzo multipartito, con la colaboración de representantes de los gobiernos e instituciones, las empresas, la industria y la sociedad civil para impulsar el cambio.

Muchas de estas ideas han sido objeto de debate por parte de miembros de nuestras redes y comunidades, incluido el Consejo del Futuro Global del Foro Económico Mundial para Europa. La Asamblea Anual será otra oportunidad de seguir hablando de estas ideas y asegurar el liderazgo europeo sobre la nueva agenda.

Los líderes de la región y la nueva Comisión Europea tienen por delante una ardua tarea: fortalecer la unidad europea en estos tiempos complicados y resituarla en el mundo para hacer frente a una nueva realidad económica y geopolítica. 2020 es el inicio de una nueva década y la oportunidad para Europa de defender un mundo más cohesionado y sostenible.

Martina Larkin es directora de Estrategias Regionales, Europa y Eurasia del Foro Económico Mundial.

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