Una fe amable e inteligente

Benedicto XVI se ha empeñado en mostrar la verdad y la bondad del Dios cristiano a través de la propuesta inteligente de la misma. Aquél al que los medios tildaban de inquisidor y guardián de la ortodoxia ha producido un género literario inusitado: ha publicado como Papa tres libros sobre Jesús de Nazaret, bajo el doble nombre de J. Ratzinger-Benedicto XVI.

Ha insistido con claridad en que en tales libros proponía una opinión personal, que podía ser discutida. Pero a la vez ha ofrecido a un público muy amplio y a los teólogos profesionales su imagen de Jesús de Nazaret: el Hijo de Dios que vive su misión en unión íntima con el Padre a través de la oración. Siendo Jesús radicalmente el Hijo, nos puede mostrar el rostro del Padre. Además, en su muerte por nosotros y en lugar nuestro, nos alcanza el perdón y la salvación.

Para la fe cristiana, Dios es amor. A este tema dedicó de modo magistral su primera encíclica, Deus caritas est, con una fuerte inspiración bíblica. Desde este fondo bíblico entra en diálogo con autores paganos (Homero, Nietzsche) y algunas concepciones equivocadas del amor: mero eros. La propuesta cristiana no desprecia ningún elemento constitutivo del amor, sino que los incluye y los supera. Así, el contacto con Dios nos conduce a la cumbre de la humanidad: al verdadero amor.

Su segunda encíclica, Spe salvi, continúa el debate con la modernidad (Horkheimer), proponiendo la esperanza cristiana. Una esperanza que no lleva a desentenderse del mundo y sus tareas, pero que se prolonga hacia la vida eterna, como una vida feliz y bienaventurada. En la tercera encíclica (Caritas in veritate) muestra las consecuencias prácticas de la vida cristiana en el ámbito social y económico. La actividad social y la convivencia humanas se malogran si prescinden de la verdad y del amor. Aunque no llegó a escribir una encíclica sobre la fe, con la convocatoria del Año de la Fe (2012-2013) ha subrayado la centralidad de la relación personal con Dios como algo valioso por sí mismo, más allá de sus repercusiones positivas sobre la vida práctica.

Benedicto XVI ha estado convencido en su pontificado de la necesidad de mostrar que la causa de Dios es la de la verdad, la bondad y la razón. Por eso, fue capaz de afrontar sin tapujos el espinoso tema de los abusos sexuales por parte de sacerdotes en la Iglesia. Ha sido un caso absolutamente claro de preeminencia de la verdad y la bondad sobre supuestos intereses eclesiales.

Como defensor de la razón, en su famoso discurso de Ratisbona (2006), quiso poner de relieve cómo en nuestro mundo moderno la religión no está reñida con la inteligencia ni con el estudio. Así, Benedicto XVI se ha opuesto de frente a toda suerte de fundamentalismo. La fe cristiana, para Ratzinger, es la fe en la Palabra de Dios, en Jesucristo, que es el Logos de Dios. Logos, en griego, significa simultáneamente palabra y discurso racional. Podemos, pues, calificar a Benedicto XVI como un Papa del logos, siendo el Logos Jesucristo.

No puedo dejar de recordar las dos ocasiones en que pude asistir a una audiencia con Benedicto XVI. La primera, durante la 35 Congregación General de los jesuitas. Nos envió a estar en las fronteras de la fe, siendo a la vez fieles a la Iglesia. Benedicto XVI ha sido un Papa amable con la vida religiosa. Nos ha animado a ser fieles a nuestra vocación, siendo ante todo gentes de Dios. Su modo de exhortar ha sido presentar la belleza y la exigencia de esta forma de vida, no la reprimenda. La segunda fue con ocasión de un congreso sobre un teólogo alemán apreciado por él: Erik Peterson. Tuvo la gentileza de compartir cómo había conocido a este teólogo y qué le fascinó de él: la combinación del estudio histórico y el contenido teológico. Un Papa amable, inteligente y, ante todo, creyente.

Gabino Uríbarri es decano de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas-ICAI-ICADE

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