Una FP universitaria

Recientemente, el diario Finantial Times situaba cuatro escuelas de negocios españolas entre las 40 mejores de Europa, y señalaba a Barcelona como ciudad líder en este sector con tres grandes centros de prestigio: IESE, Esade y EADA. Estas escuelas de negocios han mostrado ser lo suficiente flexibles como para adaptarse al mundo vertiginosamente cambiante de hoy, y esta ha sido, en parte, la clave de su éxito. En el terreno público, también podemos hablar de triunfo en educación en el mundo de la Formación Profesional (FP), que se halla en periodo de pleno auge y que, en poco tiempo, ha logrado liquidar la mala prensa que sufrió durante décadas, asociada como había estado al fracaso escolar. Ahora, sus índices de inserción laboral se sitúan por encima del 70% de término medio, e incluso más altos en algunos estudios, como la Mecánica y la Soldadura, que, curiosamente, tienen dificultades para captar el interés del alumnado y no llenan las plazas.

El mercado nos dice que necesitamos técnicos; tenemos solo un 12,4% de graduados en Tecnología y Ciencia, mientras que en la UE la cifra llega a un 33,6%. Son, pues, necesarias las campañas de promoción de estos estudios, centradas, algunas de ellas, particularmente en las chicas, que siguen pasando por alto los estudios tecnológicos. Muchos de los cambios deben pasar por una reinvención de la FP, que tenemos que lograr que ocupe un espacio central en el sistema educativo. En Europa, los titulados en FP se sitúan alrededor del 60%, mientras que en España solo llegan al 25%, en una diferencia abismal. Se debe ver la FP como una puerta a la universidad y estrechar los vínculos entre ambas. De momento, se han logrado correspondencias entre más de 60 ciclos de grado superior y estudios universitarios de primer ciclo.
Hace ya casi 20 años, Gran Bretaña convirtió a sus antiguos politécnicos, centros de estudios profesionales, en universidades. Un Gobierno conservador, liderado por John Major, quien, curiosamente, no poseía ningún título universitario ni tampoco tenía prejuicios, quería romper barreras elitistas y superar divisiones en la educación superior. Se crearon 30 universidades y, en cinco años, el número de estudiantes se duplicó.
Las universidades han sido pensadas mayormente para el mundo teórico, y están poco conectadas al mundo laboral. La crisis nos obliga a hacer replanteamientos profundos que afectan a la universidad. Conviene que los grados superiores de la FP abandonen los institutos de secundaria y se sitúen en un marco universitario. Las conexiones en muchos casos son evidentes. Por ejemplo, los estudios sanitarios deben hacerse en los mismos lugares donde se forma el personal de enfermería, y los de edificación y obra civil allí donde estudian arquitectos y aparejadores. Dentro del programa Qualifica’t, este año se iniciarán experiencias de certificación profesional, tanto de formación realizada como de experiencia profesional, ligadas a títulos de FP, en sectores como el sociosanitario, y en un futuro lo conectará a créditos universitarios. Para el sector de la automoción, el Servei d’Ocupació de Catalunya saca a subasta este año la construcción del Centre d’Excel·lència per al Sector de l’Automoció, en Martorell, que integrará estudios de FP para parados y profesionales del sector. Estaría bien que pudieran incorporarse escuelas de negocios y universidades. Así se haría realidad una verdadera integración del sistema de FP en un sector capital para la economía catalana como es la automoción.
Son varias las ventajas de una FP universitaria. Se aprovecharía mejor el profesorado universitario y se rentabilizarían espacios y equipamientos que resultan muy caros en las áreas técnicas, porque necesitan renovarse a menudo. Además, se iría flexibilizando el currículo universitario y aumentarían las conexiones de los itinerarios, incrementando las correspondencias y convalidaciones entre la FP y la universidad. La aproximaría, también, a los avances científicos y ofrecería salidas atractivas a estudiantes que no acaban los estudios universitarios, lo que ayudaría a hacer descender las cifras de abandono –que son muy altas–, facilitaría el desarrollo de planes de innovación en las empresas y ampliaría los puestos de prácticas laborales.

Los nuevos campus de excelencia internacional, Barcelona Knoledge Campus y el Parc Científic Mare Nostrum, serían excelentes escenarios para desarrollar estudios profesionales en el mundo de la técnica y la ciencia. La llegada de la era posindustrial y el desarrollo en una economía basada en el conocimiento y el hight-tech hace que las universidades sean los escenarios idóneos para potenciar el desarrollo económico. Pero sin olvidar la cooperación con la industria, que será fundamental. De momento, Educació ya ha firmado más de 150 convenios con empresas para mejorar la calificación profesional de sus trabajadores a través del programa Qualifica’t. En este sentido, los estudios profesionales, que siempre han hecho de puente entre formación y trabajo, deberían tener un rol central.

Irene Boada, periodista y filóloga.