Una hija de la dictadura y de la democracia

La de quién sería el próximo Presidente del país, si se celebraran las elecciones mañana, en lugar de en diciembre de 2012, es como una pregunta tópica en Corea del Sur actualmente.

Numerosas encuestas de opinión muestran a Park Geun-hye, del Gran Partido Nacional (GPN) gobernante, como la candidata que va en cabeza. Si fuese elegida, sería la primera presidenta de Corea del Sur y, para sus rivales, su posición dominante en la carrera es un hecho incómodo, pero irrebatible.

Los votantes de Corea del Sur de todas las edades y regiones han acogido con agrado a Park como candidata para dirigir su país. Su estilo político es a un tiempo nuevo y pertinente, porque resulta a la vez sincera y directa en un momento en el que el público está deseoso de dirección moral, y tiene un talento asombroso para simplificar acertadamente asuntos complicados, cosa que probablemente aprendiera –junto con la forma de interpretar y manipular las connotaciones políticas de cada uno de los asuntos– de su padre, el ex Presidente Park Chung-hee.

Park Chunk-hee, aclamado como héroe nacional entre los derechistas radicales, gobernó con mano de hierro de 1963 a 1979, después del golpe militar de 1961 y fue asesinado por su jefe de inteligencia. Su hija está orgullosa de su legado, que señaló el comienzo del auge económico de Corea del Sur.

De hecho, como pilar de la modernidad orientada a la exportación, Park Chung-hee fue en tiempos encumbrado como arquetipo de una dirección política modernizadora en los Estados militares autoritarios. En su país, sigue ocupando el primer puesto en popularidad entre sus jefes de Estado e inspira nostalgia como una antigua canción popular, corolario de la frustración y la ira que inspira al pueblo el actual gobierno del Presidente Lee Myung-bak.

Park, que perdió su primer intento de conseguir la candidatura del GPN frente a Lee en 2007, debe velar por que una ruptura con su antiguo rival no la aparte de la senda hacia la victoria en 2012. Park, política astuta, no vaciló en hacer campaña sin reservas a favor de Lee la última vez, iniciativa que, como parte de una estrategia política a largo plazo, fue perfecta.

Para muchos surcoreanos, la elección de Park como candidata es segura. Ningún candidato en el horizonte parece poder detenerla. Si gana, será la consecuencia de su seriedad y tenacidad, no de su herencia política. Nadie del movimiento conservador de Corea del Sur duda que Park es una de ellos y, como icono de la derecha, sabe perfectamente que no puede permitirse el lujo de traicionar su posición.

Pese a su carisma, Park no es ni una Sarah Palin ni una Eva Perón. De hecho, parece más una Margaret Thatcher coreana: una mujer que no se deja influir por nadie, según la famosa frase de Thatcher, y con principios políticos bien meditados que animan sus acciones. En cualquier caso, parece destinada a crear una nueva Corea del Sur centrándose en su transcendental promesa “jul pu se”, que significa literalmente “reducir-aflojar-fortalecer recortes fiscales”, es decir, “desreglamentación, ley y orden”, sin limitarse a añadir otro capítulo al antiguo libro de su padre. Su gobierno señalaría un nuevo alejamiento del problemático pasado reciente del país.

Los expertos izquierdizantes afirman que la hija del dictador tiene la misma concepción autocrática que su padre, aunque Park prefiere invariablemente el cambio gradual a las medidas radicales y se curtió políticamente en la implacable política del GPN. Otros adoptan una posición flagrantemente sexista, al sostener que una presidenta sería inviable mientras el régimen norcoreano siga amenazando la seguridad nacional.

Aunque esas críticas no parecen preocupar demasiado al electorado, la senda de Park hacia la victoria puede aún resultar más estrecha de lo que sus partidarios esperan. Se la ha llamado la “reina de las elecciones”, en particular desde que venció en una campaña en 2006, después de que un hombre trastornado la rajara con una cuchilla, pero debe exponer convincentemente estrategias prácticas para resolver los problemas más graves de Corea del Sur, incluidos el elevado desempleo, el empeoramiento de los resultados educativos y el programa de armas nucleares de Corea del Norte.

La Sra. Park prometió en cierta ocasión facilitar préstamos a las familias de la clase trabajadora para los gastos educativos de sus hijos desde la escuela primaria hasta la Universidad, al tiempo que sostenía que se debía conceder una mayor autonomía a las universidades locales. Es partidaria de una política dialogante y de las conversaciones a seis bandas para resolver los problemas nucleares.

Cuando llegue el día de las elecciones presidenciales en 2012, los votantes surcoreanos elegirán al candidato que encarne el pragmatismo y el centrismo antes que a una persona muy marcada por su partido o a un ideólogo. El éxito de Park dependerá, al final, de la eficacia de su campaña a la hora de definir aún más su posición en ese sentido.

A diferencia de la hija del ex dictador peruano Alberto Fujimori, que perdió las elecciones presidenciales en el Perú el mes pasado, es probable que Park desafíe la trágica historia de su familia. Si es así, será la mujer más poderosa de Asia, tal vez la más poderosa del mundo, al final del año próximo.

Lee Byong-Chul, miembro superior del Instituto para la Paz y la Cooperación de Seúl. Prestó sus servicios como miembro del personal encargado de los asuntos exteriores y de la planificación de la política de seguridad nacional de los presidente surcoreanos Kim Young-sam (1993-1998) y Kim Dae-jung (1998-2003) desde 1993 hasta 1999. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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