Una historia olvidada

Cuentan que Christopher Trejago, oficial inglés destacado en la India, había adquirido el curioso hábito de rondar las calles de su ciudad enfundado en un burka. La costumbre, que sin duda hubiese desconcertado a cualquiera de sus compatriotas, tenía una romántica explicación, sus amores con una viuda hindú llamada Bisesa que vivía bajo la protección de su tío. Durante meses, Trejago continuó con sus escapadas hasta que una noche, al trepar hasta la ventana de la amada, encontró sobre la balaustrada las amputadas manos de Bisesa así como a su tío que, emboscado tras una columna, le asestó una puñalada en el muslo. De este modo, según el autor de la historia, que no es otro que Rudyard Kipling, Christopher Trejago, «aprendió a respetar los límites raciales que dividen el Imperio Británico». Para que quedase bien clara la moraleja de su historia, el célebre autor de El libro de la selva escribió a modo de epílogo: «Por eso, todo hombre debe ceñirse a su propia casta, raza y educación en cualquier circunstancia. Que vaya el blanco con el blanco y el negro con el negro».

Una historia olvidadaMe ha vuelto a la memoria el viejo cuento de Kipling porque, desde que publiqué mi última novela, en la que se narra que a la duquesa de Alba de tiempos de Goya le regalaron, como quien regala una muñeca o un gatito, una niña esclava, he tenido que enfrentarme una y otra vez a las mismas preguntas. ¿Hubo esclavos aquí, en España? ¿Por qué ha quedado silenciado tan oscuro capítulo de nuestra historia? ¿Somos un país racista?

Responderlas me ha permitido decir públicamente algo que siempre he pensado. Que España es el país menos racista que conozco. A quienes no están de acuerdo conmigo les gusta argumentar que el nuestro fue uno de los últimos en abolir la esclavitud. Que mientras Gran Bretaña prohibió el tráfico de esclavos en 1806 y Estados Unidos en 1808 España no lo hizo hasta 1872 y, según Hugh Tomas, en Cuba siguieron entrando esclavos hasta principios del siglo XX. Todo ello es cierto, pero también lo es que, ya desde mucho antes, en las colonias españolas se había producido un fenómeno casi inédito en los dominios franceses, holandeses y británicos. El mestizaje, único antídoto que se conoce contra el racismo y la xenofobia. El idioma, la lengua lo dice todo. El término «mestizaje» ni siquiera existe en lengua inglesa. El Oxford Dictionary ofrece como traducción el genérico «mixed race group» o el rarísima vez usado «miscegeneration». Mestizaje, en español, es un término amable o al menos neutro. Como también lo es «mestizo», vocablo que tampoco existe en inglés. O mejor dicho, ellos toman prestada la palabra de nuestro idioma para llamarlos «mestizos» o «metisos». También «mestis» o «mestee», pero salvo en Canadá, sus connotaciones son siempre peyorativas. Revelador es también el caso del término «crisol». En nuestro idioma se usa, entre otras acepciones, para describir «un lugar en que se produce la integración de diversas etnias y culturas». En inglés en cambio y como dejó patente Arthur Miller al titular The crucible, una de sus obras de teatro más famosas (Las brujas de Salem) significa «prueba difícil» o «contenedor pequeño en el que se producen violentas reacciones». El mismo ejercicio se puede hacer con el idioma francés. El término «negre», derivado también del español, es tan despreciativo como «nigger» en inglés mientras que «mûlatre» rara vez se usa, pero su femenino «mûlatresse» se considera ofensivo. Existen tanto en francés como en inglés otros muchos términos para nombrar a personas de raza mezclada, pero todos tienen connotaciones negativas. En inglés se habla de half caste, half blood, mongrel o incluso bastard. En francés de sang-mêlé, quarteron, y también, cómo no, de batard. Además de la lengua, el indicador más infalible para medir el nivel de integración racial de un colectivo es la tasa de matrimonios mixtos. Tanto en las colonias francesas como británicas se condenaban los amores interraciales. Existía, sí, el concubinato pero, en el caso de los ingleses, por ejemplo, de aquellos que no lo practicaban con debida y muy civilizada hipocresía victoriana se decía que habían «gone native» se habían «vuelto nativos», irónico eufemismo que estigmatizaba a quienes se atrevían a desafiar una inapelable ley no escrita. La que dictaba que los británicos como raza superior y herederos de la revolución industrial y de las teorías del liberalismo tenían el sagrado deber de ilustrar y educar a las razas inferiores que la providencia les había encomendado. Ilustrar y educar sí, pero no mezclarse con ellos algo que, para una sociedad tan jerarquizada como la británica, era tanto como poner en peligro el imperio y el Rule! Britannia.

En los Estados Unidos por su parte fueron un paso más allá en la condena de los matrimonios interraciales, directamente los prohibieron. Por eso, en la famosa película Adivina quién viene esta noche, Audrey Hepburn pregunta aterrada a su hija si ha pasado la noche con su novio negro. Un temor más que justificado porque, hasta 1967 (sic) las relaciones interraciales estaban penadas con cárcel en no pocos Estados. Asombra saber que la misma despenalización se produjo en España y sus colonias nada menos que quinientos años antes, cuando Fernando el Católico reconoció la legalidad de los matrimonios mixtos. Se celebraban tantos que Hugh Tomas calcula que, a mediados del XVI, la mitad los colonos de La Española estaban casados, y con todas las bendiciones, con mujeres de otras razas. Hay que decir que el Rey católico lo hizo porque había tan pocas mujeres blancas en América que pensaba que de alguna manera debía velar por el alma inmortal de sus hombres y evitar que vivieran en pecado. Pero, lo que no imaginaba (ni él ni nadie) es que, al igualar a través del sacramento del matrimonio a unos y otros estaba inoculando contra la xenofobia a todas las generaciones venideras de hispanoparlantes de un lado y otro del Atlántico. Una bella historia de tolerancia que, de haber tenido lugar en cualquier otra cultura más dada a resaltar sus avances que la nuestra, ahora se estudiaría como un gran logro de la humanidad.

Carmen Posadas, escritora.

2 comentarios


  1. He dado conferencias sobre Historia Negra por más de veinte años. Su artículo es peligroso porque perpetúa una mentira. La esclavitud en España era tan horrible como la esclavitud en todas partes. Su artículo es inexacto y un insulto a los millones de africanos esclavizados en España (sí España!) Y colonias españolas. Comienza con la premisa errónea de que la miscigenación borra el racismo. Esto es demostrablemente falso. También me parece interesante que no habla de la palabra más usada en Español para describir una persona mestiza que es 'mulato' que viene de mula, que es la mezcla entre un caballo y un burro. Mi pregunta sería en este mundo Español sin racismo de el que habla Señora Posadas, quien entonces es el caballo y quién es el burro? El hecho de que haya palabras para personas de raza mixta en español no significa que las personas de color reciban igualdad de trato y oportunidades. Esa es la medida de una sociedad sin racismo. He pasado más tiempo en España que cualquier otro país europeo. Me sorprende que los ciudadanos sepan tan poco sobre la historia de la esclavitud en este país. Sin ese conocimiento no hay manera de avanzar hacia la verdadera igualdad. El artículo de la Sra. Posadas demuestra que no pasa tiempo con los españoles negros. Ella no ha visto el racismo en el fútbol. No ha visto a un Balthazar con cara negra. No ve una sociedad que todavía trata a los negros como ciudadanos de segunda clase.

    Kimberly Hawkins, DMA

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    1. De algo estoy seguro: lo que de verdad es un insulto a millones de españoles es afirmar que hoy en día la sociedad española trata a los negros como ciudadanos de segunda clase. Puede que haya pasado mucho tiempo en España pero es evidente que lo ha hecho con ideas preconcebidas. Al parecer, no ha sido usted capaz de librarse de la "Leyenda Negra". España, como así lo aseguran numerosos estudios, es uno de los países del mundo menos racista. Para muestra, un botón: los partidos xenófobos crecen día a día en países como Francia, Holanda, Alemania, Reino Unido, .... y de EEUU mejor ni hablamos; en España ni existen.
      Fíjese usted si conoce España que cree que la palabra "mulato" es la más usada para describir a una persona mestiza. Mire por donde, tal palabra ha caído en desuso y hoy en día tan apenas se usa. De hecho, estoy seguro de que, si pregunta en la calle por su significado, muchos no sabrán responderle.
      Miguel Moliné.

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