Una jaula de sadomasoquistas

Imaginen una situación en la que un familiar es llevado de urgencia al quirófano para corregir un fuerte desequilibrio orgánico. Después de varias horas de impaciente espera, el cirujano sale para informar a los familiares que la operación ha ido bien…, pero el paciente ha muerto. La culpa, según el médico, fue del paciente, incapaz de resistir los rigores quirúrgicos. Probablemente, después de unos momentos de desconcierto interrogándose sobre la salud mental del médico, le hubiesen lanzado por la ventana o llevado al juzgado de guardia.

Por suerte, esto no ocurre con los médicos. Pero si sucede con frecuencia con los responsables de la política económica. Un caso singular de esta conducta es la política de austeridad macroeconómica impuesta por las autoridades europeas. Ahora, como saben, están pensando en multar a España y Portugal por el incumplimiento de la regla del déficit público y van a exigirles un nuevo recorte de gasto social. Es un despropósito político que no tiene el menor apoyo ni en el conocimiento económico existente ni tampoco en la realidad de los hechos. Pero sus consecuencias económicas, sociales y políticas son considerables. Una de ellas, alimentar el populismo político y los intentos de ‘brexits’ de todo tipo para escapar a esos efectos.

Es evidente que la política de recortes de gasto social (sanidad, educación y prestaciones sociales) y aumentos de impuestos a las familias que la Comisión Europea impuso a los países que en el 2010 tenían un elevado déficit ha fracasado, tanto en el objetivo de recorte del déficit como en la vuelta al crecimiento. Les aseguro que la idea de ‘austeridad expansiva’ era un misterio mayor que el de la santísima trinidad. Era una creencia, no una idea basada en la razón. Solo la fe podía sostener esa entelequia.

Era previsible que el intento de reducir rápida y drásticamente el déficit público a través de los recortes de gasto social y el aumento de impuestos iba a empeorar las condiciones de vida de los más débiles y a bloquear en general el crecimiento de la economía.

No hace falta estudiar un grado en Economía para saber que cuando el sector privado está débil porque el consumo de las familias y la inversión empresarial se han desplomado por el efecto de la crisis, la solución no puede pasar por reducir la potencia del otro gran motor de la economía. Es decir, recortar el gasto público de carácter social y la inversión pública. El desastre estaba asegurado.

Y eso es lo que ha ocurrido. Grecia, Portugal e Italia no han vuelto al crecimiento y, sin embargo, siguen enfangadas en el déficit y la deuda. La sorpresa ha sido España. En los dos últimos años ha sido la economía europea que más está creciendo. ¿Saben por qué? En parte, porque el gobierno de Mariano Rajoy no ha cumplido con el objetivo del déficit marcado por las autoridades europeas.

Les aseguro que todos los economistas dedicados a esta cuestión señalan el fracaso de la austeridad y la insensatez de multar a España y Portugal y obligarlas a nuevos recortes. Pero las autoridades europeas, inmunes a la razón y a la evidencia, pretenden multarles y exigirles mayores recortes de gasto social.

¿Por qué las autoridades políticas y económicas europeas siguen empecinadas en el error de la austeridad? Es un misterio inexplicable desde el terreno de la economía. Una hipótesis no descartable es que algunos ámbitos de la política económica europea se han convertido en una jaula de sadomasoquistas que no tienen que responder por las consecuencias de sus acciones. El incumplimiento de la regla del déficit ha sido constante y generalizado en la UE, algo que en sí mismo ya pone en cuestión esa misma regla. Pero la Comisión Europea es débil con los fuertes (nunca se ha atrevido a multar, por ejemplo, a Alemania o Francia) y fuerte con los débiles.

¿Cuáles son los argumentos que se presentan para multar ahora a España y Portugal? Desde luego no tienen nada que ver con la razón económica, como ya he señalado. Tienen que ver con una seudoreligión económica que utiliza términos como ‘culpa’, ‘penitencia’ y otros muy similares.

¿Cómo escapar de esta situación? El primer paso es cuestionar la propia credibilidad de las autoridades europeas. Como ocurre con algunas monedas, su autoridad intelectual está sobrevalorada. El segundo paso, es exigir responsabilidades de carácter político. Si no lo hacemos, la austeridad seguirá siendo una fábrica de populismos que alimentarán los intentos de salida de los efectos de esa jaula de sadomasoquistas.

Antón Costas, Catedrático de Política Económica (UB).

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