Una moción de censura mediática y no constructiva

En su afán de presentarse como una alternativa al PP, Podemos ha puesto en marcha una moción de censura contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. El problema es que la formación morada necesita del apoyo de PSOE y Ciudadanos para alcanzar la mayoría absoluta que garantice su éxito, lo cual condena esa moción a un irremediable fracaso.

Sin embargo, esto no ha sido un obstáculo para que el partido liderado por Pablo Iglesias se haya decidido por registrar la segunda moción de censura en la historia del Parlamento madrileño y la primera en que la tercera fuerza política hace uso de este instrumento.

Cabe destacar que la mayoría de las mociones de censura que se debaten en los parlamentos autonómicos no tienen como principal cometido producir un cambio de gobierno. Tal es así que, desde la instauración del Estado Autonómico, ha habido trece mociones de censura y en sólo séis de ellas, además de las dos de las ciudades autonómicas, hubo relevo en el Ejecutivo. Por no mencionar que, a nivel nacional, las dos únicas que han sido defendidas en el Congreso de los Diputados fueron planteadas a sabiendas de que iban a ser derrotadas.

El principal objetivo de las fuerzas políticas que optan por las mociones de censura en estos niveles territoriales no es intentar desbancar al gobierno sin pasar por las urnas, sino lograr consolidarse como una verdadera alternativa de cara a la próxima cita electoral. Sin embargo, esta estrategia resulta ser un arma de doble filo, ya que puede convertirse en una apuesta arriesgada para sus impulsores al no alcanzarse siempre los resultados esperados.

Conviene analizar esta iniciativa con detalle porque las circunstancias que la rodean pueden ser poliédricas y con múltiples consecuencias. No cabe duda que con la moción de censura a nivel nacional y a nivel autonómico Podemos ha decidido iniciar toda una ofensiva contra el PP en un momento en el que el partido liderado por Mariano Rajoy parece encontrarse en sus horas más bajas por la publicación del caso Lezo y de los sucesivos casos de corrupción que están afectando al entorno más cercano al líder popular.

Las mociones de censura de Podemos tienen, por una parte, un carácter meramente de agitación de la calle para seguir capitalizando la ola de indignación ciudadana que existe por los escándalos de corrupción. Pero no sólo eso, por otra parte supone un intento de trasladar a la opinión pública la idea de que son el único partido de la oposición al colocarse en el centro del tablero político. No obviemos, que con esta iniciativa Podemos está presionando tanto al PSOE como a Cs para obligarles a posicionarse, y con ello, intentar ponerles en evidencia.

En el caso particular de la Comunidad de Madrid, Podemos quiere poner cerco a una figura en alza dentro del PP. Cristina Cifuentes está considerada como una posible candidata a sustituir a Mariano Rajoy, y es una presidenta para la cual el PP, a día de hoy, no tiene un posible sustituto que tenga un mínimo de garantías, lo cual es todavía más importante.

Con esta moción Podemos busca matar dos pájaros de un tiro: por una parte, mermar la fuerza de los populares en uno de sus feudos más importantes, y por otra, desembarcar de la posible carrera por la Moncloa a una más que fiable y sólida candidata. Por tanto, Podemos está apostando por una moción de censura de futuro, mediática y no constructiva. Más aún, cuando sus opciones políticas se sitúan en el extraparlamentarismo dada la debilidad del apoyo que han encontrado en la Cámara.

No obstante, el resultado podría ser beneficioso para ellos porque sin duda esta moción puede hacer mucho daño a los escuderos del gobierno popular y, porque de nuevo, ponen en primera plana de la actualidad los altos niveles de corrupción del PP madrileño. De esta manera, buscan recuperar parte del interés mediático perdido, convirtiéndose en un referente en la agenda política.

A partir de ahora, a Podemos le toca atacar para polarizar el clima político y decretar la muerte de la vieja política y de la dialéctica izquierda-derecha. Una estrategia con la que pretende atraer para sí el voto de todos aquellos castigados por la crisis y de los que muestran su indignación contra la corrupción, con independencia de su matiz ideológico.

Pero también les puede salir el tiro por la culata, ya que a opinión pública puede percibir esta acción como oportunista e interesada. Además, se verán expuestos a la fragilidad de un programa casi improvisado ante el apremio que se tenía para presentar esta moción de censura, lo que podría debilitar en cierta manera su imagen, dando la razón a aquellos que insistentemente se han mostrado críticos con Podemos.

Esta moción podría poner de manifiesto que no hay alternativa efectiva al partido de Cristina Cifuentes en la Comunidad de Madrid. En todo caso, solo el tiempo podrá dar o quitar la razón a esta estrategia tan comprometida por parte del partido que lidera Pablo Iglesias.

Gema Sánchez Medero es profesora de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Complutense de Madrid.

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