Una nueva América Latina

Hace pocos días ha concluido en el maravilloso balneario de Frutillar, región de los Lagos de Chile, la XI Cumbre de la Alianza del Pacífico. Con cuatro países miembros –México, Colombia, Perú y Chile– y otros 49 países observadores, un proyecto de integración económica que hasta hace no mucho tiempo parecía un audaz intento de competir con otras iniciativas regionales como Mercosur, Unasur y Alba, se consolida de manera inapelable. A la asistencia de los cuatro mandatarios de los países miembros –Peña Nieto, Santos, Humala y Bachelet– se sumó la presencia de los presidentes Macri de Argentina, Solís de Costa Rica y el recién electo Kuczynski del Perú. En medio de la crisis europea, gatillada por la salida del Reino Unido de la Unión Europea, más de 800 empresarios de América Latina intercambiaron experiencias y llevaron adelante propuestas de integración en mercados de valores, visas de libre tránsito, líneas de transmisión eléctrica, fondos para infraestructura y homologación de normas de fondos de pensiones.

La geografía política de la región ha tenido dramáticos cambios en un corto período. En efecto, Argentina ha transitado recientemente desde un Gobierno corrupto, populista e ineficaz a uno bastante más respetuoso de la buena conducta y conformado por equipos políticos y económicos más preparados. Dura tarea enfrenta Macri en una sociedad muy dividida tras el Gobierno de Cristina Kirchner. Brasil se debate en la incertidumbre, y a pesar de su tamaño y evidente influencia en la región pierde peso y atractivo entre sus vecinos. Dilma Rousseff llevó a su país a una situación compleja, por lo que una evolución favorable es incierta aún. Venezuela completa ya casi dos décadas gobernada por irresponsables, que la han conducido a un inminente estallido social de peligroso desenlace. Si Chávez en su momento hubiese escuchado al Rey Juan Carlos el 10 de noviembre de 2007, cuando éste le instó a callar, otro gallo cantaría en Venezuela. El pueblo venezolano quiere hoy callar a Maduro, pero aún no lo logra, avecinándose problemas más graves. Ecuador, de la mano de Correa, se va quedando aislado entre una Colombia que se normaliza tras la firma del acuerdo de paz con la guerrilla y un Perú que se va consolidando en crecimiento económico, mas no aún en la forma de hacer política interna. El nuevo gobernante peruano tiene una oportunidad de consolidar la positiva tendencia del otrora Virreinato. De la mano de un eficiente gabinete ministerial, la región espera con optimismo nuevas energías en la conducción política peruana, para contrarrestar la minoría del Gobierno en el Congreso.

El impresionante interés que han demostrado muchos países por ser parte, o al menos por estar cerca de la Alianza del Pacífico, representa la importancia de este conglomerado de 220 millones de habitantes, con políticas económicas similares, mirando al Pacífico y tras el cual China se proyecta como un socio comercial clave. De resolver Argentina sus urgentes dilemas internos, su incorporación al bloque no debería tardar, lo que daría a la Alianza una potencia aún más relevante. Tras bambalinas, muchos empresarios chilenos están confundidos por la dicotomía en que se encuentran. Por una parte, Chile goza de alto prestigio internacional como nación. A fines de los años 70, la nación austral fue pionera en la apertura a nuevos mercados, la liberalización de la economía y fundadora de esquemas de capitalización individual. Actualmente la popularidad de Bachelet ha caído al 20 por ciento, y su conglomerado es manejado por el Partido Comunista, el cual insiste en más Estado, más gratuidad y más fórmulas populistas, ya fracasadas en Suramérica. Con los cambios acaecidos en Argentina, Perú, Paraguay y Colombia, el mapa suramericano se redibuja, y la sociedad Castro-Maduro-Correa-Morales-Kirchner entró en liquidación forzada, sin muchos bienes a repartir. Los únicos visibles han sido los nueve millones de dólares encontrados por la Policía argentina en un convento y las numerosas propiedades de Cristina K., las que poco a poco irán configurando un cuadro judicial que afecta a altas esferas del último Gobierno argentino.

Lo que sí está claro es que esta nueva Alianza debe aprender del Brexit, considerando las realidades de cada país, para evitar que temas como la inmigración sin normas y sin políticas claras se transformen en un problema futuro en la Alianza del Pacífico. Asimismo, aún hay espacios de mejoría en la generación de confianzas entre sus miembros. Las intenciones de los presidentes deben reflejarse también en la confianza entre los pueblos, proyectándose al futuro y olvidando antiguas rencillas. España tiene una oportunidad histórica para profundizar lazos de cooperación, con un conglomerado de naciones que está dando muestras de que por fin encontró un camino de respeto hacia políticas económicas serias para alcanzar el desarrollo. Las precariedades en salud, educación, infraestructura, seguridad y turismo son aún enormes, por lo que hay espacio para que los empresarios españoles se vuelquen con energía a la Alianza del Pacífico.

Andrés Montero J., empresario chileno.

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