Una ola de patetismo

No se dejen engañar. Lo que está provocando una crisis de inquietud en toda España, con Catalunya a la cabeza, no es sólo Podemos sino la ola de patetismo. Cuando Mariano Rajoy descalificó a su frágil contrincante con un “ha sido patético”, daba fe de la angustia de una casta y quizá del final de un ciclo histórico salido a trompicones de 1978 y ya extenuado por corrupto.

Conviene contemplar con la cabeza fría los dos espectáculos teñidos de patetismo que nos ha traído este febrero loco. Después de tantos años de placidez corrupta, helos ahí acojonados haciendo números sobre su equívoco futuro. Es verdad, reconozcámoslo por más que las engañosas encuestas nos quieran dar sosiego, la intervención del bisoño candidato socialista, el púgil Pedro Sánchez subió al ring consciente de que sólo podía ganar “a los puntos”, que se dice en lenguaje boxístico, y que para eso hay que dejarse los bofes dando hostias sin parar, hasta que suene la campana. No importaba que fueran al rostro, a los brazos, al hígado, por encima o por debajo de la cintura.

Valía todo. Decir de sí mismo que es un candidato limpio, sin mácula, tiene algo de chiste macabro cuando sabe que si subió al cuadrilátero fue porque lo aupó esa bancada socialista corrupta o cómplice hasta las orejas. Y el que no está sucio de pasado es porque el corrimiento de escala que llevó a su ascenso se debe exclusivamente a que un padrino implicado o imputado avaló su nombramiento. El socialista es un partido con la única ambición de salvar los muebles y reubicar los excedentes laborales, esos “ERE” políticos de los que nada ni nadie puede salvarles. Patético.

Y al impasible registrador de la propiedad, don Mariano, le salió el veneno que llevaba dentro, que es lo que sucede cuando tiene un partido que no se limpia ni con salfumán. Habría que refundarlo, en la conciencia de que cualquier cambio, cuando se está en el poder, significa una redistribución de los beneficios. Pero da la casualidad de que las cuentas, los recibos, las corruptelas grandes y pequeñas, las miserias del vivir cotidiano de un partido que no se olvide cambió de siglas tres veces en su vida, primero se llamó UCD, luego se sumió en Alianza Popular y por fin, utilizando la marca de aquel genio de la prestidigitación política que se llamó Pío Cabanillas, se transmutó en Partido Popular, todo eso está en entredicho y los archivos judiciales que aún quedan por saquear. La familia que roba unida, debe permanecer unida.

Y si no que se lo pregunten a los Pujol, ese otro espectáculo patético. (Por favor, parlamentarios de Catalunya, anuncien que jamás volverán a convocar sesiones catárticas como las que nos deparó nuestro pitarresco Gran Padrino. “Diuen, diuen, diuen, diuen…”, y así hasta quince o veinte veces; no las conté por vergüenza ajena. Y pensar que este veterano Don Vito controló vidas y haciendas de Catalunya y hizo lo que le dio su real gana como un señor feudal que regala a sus súbditos las migajas de la gran mesa familiar. Ahí le tienen, cual Charles Chaplin en El gran dictador, burlándose de esos retales de la pasamanería parlamentaria que fue dejando durante 23 años. ¡23 años impunes, que él aún cree gozosos, y que nadie se atreve a desmentirle en su cara desencajada de viejo arengador de multitudes patrióticas! El redentor, el tramposo redentor de una sociedad que convirtió en oasis habilitado para camellos de compañía, como los perritos.

¿Qué decir de su señora en su nuevo aspecto natural de bruja de Macbeth? Lo fue siempre, pero ahora no caben disimulos. ¿No habrá en toda Catalunya un solo empresario, uno sólo, por modesto que sea, que saque a relucir sus famosos comentarios sobre las plantas de los recintos que inauguraba, y la necesidad de que fuera su empresa de flores e instalaciones las que pusieran un tono vistoso y patriótico a tanta planta foránea? Catalunya no se merece esto, dijo con voz de sibila desvergonzada. ¡Acusarla a ella y a sus pobres niños, que recomponían los Maserati y demás gadgets en el salón de su modesta casa! Hubo quien le preguntó sobre la dudosa formación cristiana de la familia. ¿De dónde habrá salido este personal formado en la doble moral pujoliana? Son sus herederos, incapaces de separarse de la simpleza de los argumentos de una señora a la que muchos y muchas, hoy taciturnos, gritaron: ¡eso es una mujer! Patético.

¿Y el chico? Listo, con escuela de maleante de altos vuelos, de los que conocen el paño. Su tedioso discurso de viajante veterano; nada de qué avergonzarse. ¡Faltaría más, si durante 23 años y una cierta prórroga este país fue suyo! Sus dardos de hombre sin vergüenza, veterano en las lides del chalaneo, bien asesorado, y consciente de la escasa entidad de los tigres de papel que su padre consintió que ocuparan el escaño, que de no haber sido así, el dedazo del poder los hubiera aplastado de por vida. De esa sesión familiar de los Pujol –padre, madre y hereu– saldría un documental que podría emitirse en los canales del National Geographic sobre especies protegidas. Los reyes de la selva urbana.

Hasta en los guiños sarcásticos de estos espectáculos patéticos en el Madrid y la Barcelona parlamentarios hay felices coincidencias. La vicepresidenta de la Cámara, la siempre inefable Villalobos, esposa del gurú por excelencia de la derecha histórica, jugó a matar marcianitos en su tableta. En Barcelona, como nos pierde la estética según dijo el arisco Unamuno con muy mala leche, pudimos comprobar nuestro gusto por lo singular: el jefe de la comisión de investigación parlamentaria, Fernández, lució camiseta blanca talla extra de manga corta, de esas que no permiten que los guiris utilicen cuando van a tomar un combinado en el Boadas –mítico lugar de cócteles que inmortalizó la intelectualidad crítica– por considerarse prenda de playa. Informal en la vestimenta, pero respetuoso con las formas, porque lo popular no está reñido con el respeto a los señores. ¡Si Tarradellas hubiera levantado la cabeza, habría repartido su sarcasmo entre el de la camiseta blanca y el milhomes haciendo de Pitarra, que es como él calificaba a Pujol! Sin olvidar a la dama furiosa y al hereu consciente de su impunidad. ¿Acaso no expresó de la manera más inequívoca que era amigo íntimo de Artur Mas y que le bastaba llamarle para que se le pusiera al teléfono, por la cuenta que le trae? Ahí queda eso por si alguien tuviera dudas. Patético.

Entre tantas sesiones de patetismo de altura se hace obligada una referencia a Podemos. ¡Cuánta mala conciencia y cuánta trampa acumulada tiene que estar al borde del colapso para que Podemos se haya convertido en una obsesión! Creo que hay una cosa en la que los imaginativos creadores de Podemos son novatos. Y es en la invención de la calumnia o en la transformación de una simpleza en cuestión de Estado. Me río, más exactamente, me descojono de la historia de los 400.000 euros venezolanos de Monedero y de las ausencias universitarias de Errejón y sus 1.400 de beca-salario. Que se preparen si tienen un pariente que le da al frasco, o un tío empleado en una gasolinera imprecisa de carburante, o si alguna vez tuvieron un desliz de cama y apareció una menor, o si enviaron un SMS equívoco.

Un país que es incapaz de que alguien ose publicar la lista española de Falciani. Un país donde puede convertirse en consecuencia letal preguntar, no digo ya saber, cuánto cobra por asesorar al PP y a su presidente el señor don Pedro Arriola. O si forma parte o no de los presupuestos de la Generalitat, y con qué fondos, los trabajos de David Madí, el bambalinas. Pero resulta que dos profesores apellidados Monedero y Errejón son culpables, cual Bárcenas o Millet, de no respetar escrupulosamente los reglamentos.

¡No se arruguen, novatos! La casta está cagada de miedo pero controlan lo que vosotros no lograréis nunca mientras no tengáis poder: los medios y sus voceros. El poder corrompe siempre –ya os tocará–, y si es absoluto, como ahora, lo hace absolutamente.

Gregorio Morán

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