Una oleada de fondos para los refugiados

La conferencia de donantes para los refugiados sirios, celebrada el 4 de febrero en Londres, fue escenario de importantes avances. Pero queda mucho por hacer. La comunidad internacional todavía subestima enormemente lo que se necesita para ayudar a los refugiados, tanto dentro como fuera de las fronteras de la Unión Europea. Para hacer frente a esta crisis y aprovechar mejor la (en su mayor parte no utilizada) calificación crediticia AAA de la UE, se necesita un cambio de paradigma.

En vez de ponernos a juntar año tras año fondos insuficientes, es hora de descargar una “oleada” de fondos de una sola vez. Una suma importante de dinero, invertida toda junta al principio, sería mucho más eficaz que la misma suma repartida a lo largo de varios años. Nos permitiría encarar mejor las consecuencias más peligrosas de la crisis (entre ellas, el rechazo a los inmigrantes en los países receptores y la desesperanza y marginalización entre los refugiados) y ayudaría a transformar la dinámica económica, política y social, pasando de la xenofobia y la indiferencia a una actitud más constructiva que beneficie a los refugiados y a los países receptores por igual.

El modelo que proponemos se usó muchas veces para financiar campañas de vacunación. El Instrumento Financiero Internacional para la Vacunación (IFFIm, por sus siglas en inglés), que toma prestado a cuenta de futuros aportes estatales a los programas de inmunización, recaudó en pocos años miles de millones de dólares con el objetivo de acelerar el éxito de las campañas de vacunación. A largo plazo, es más eficaz que invertir la misma cantidad de dinero en cuotas anuales. El IFFIm es un precedente elocuente que puede aplicarse a la crisis actual.

Un flujo súbito y numeroso de refugiados puede provocar un pánico que afectará a la población general, a las autoridades y (lo más destructivo) a los refugiados mismos. Ese pánico alimentará la falsa idea de que los refugiados son una carga y un peligro, a lo que se responderá con medidas costosas y contraproducentes, como erigir vallados y muros, y concentrar en campos a los refugiados, que de este modo se sentirán frustrados y desesperados. La comunidad internacional puede financiar programas concentrados y a gran escala para hacer frente al problema y así llevar tranquilidad a la población general y a los refugiados.

Se necesita una oleada de inversiones en Europa y en los países situados en la primera línea frente a las migraciones, como Jordania, Líbano y Turquía. Las inversiones necesarias incluyen la reforma de la política de asilo de la UE y la mejora de sus controles fronterizos. Los países de la primera línea necesitan dinero para proveer a los refugiados oportunidades de empleo formal, atención médica y educación. Hacerles tolerable la vida en esos países y darles confianza en la existencia de un proceso ordenado para la entrada a Europa los motivará a esperar, en vez de sobrecargar el sistema al tratar de entrar todos juntos. Además, poner bajo control la crisis de los refugiados aplacará el pánico y hará a la población europea menos propensa a apoyar políticas contra los inmigrantes.

Jordania puede servir de caso testigo. Un país con una población de 9,5 millones hoy da refugio a 2,9 millones de extranjeros (entre ellos, 1 265 000 sirios, a los que se están sumando otros, expulsados por los bombardeos rusos). Jordania necesita una combinación de ayuda financiera directa a gran escala y anticipada, trato comercial preferencial y alivio temporal de la deuda. Un programa exitoso para Jordania demostraría la capacidad de la comunidad internacional para controlar la crisis de los refugiados y prepararía el camino para el inicio de programas similares en otros países de la primera línea, con las modificaciones que correspondan en cada caso según la situación local.

La estrategia que aquí proponemos costaría más de lo que los estados miembros de la UE pueden afrontar con sus presupuestos actuales. La inversión mínima necesaria sería 40 000 millones de euros (45 000 millones de dólares) anuales en los próximos tres a cinco años (pero incluso una cifra superior se justificaría para poner la crisis bajo control). Hasta ahora, la falta de financiación adecuada ha sido el principal obstáculo contra la implementación de programas exitosos en los países de la primera línea, particularmente Turquía. Alemania tiene un superávit presupuestario de 6000 millones de euros (6800 millones de dólares) sin asignar, pero otros países de la UE están en déficit. El ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble, propuso un impuesto paneuropeo a los combustibles, pero eso demandaría un acuerdo unánime o al menos una coalición entre suficientes países.

Esto hace más atractivo el recurso a la calificación crediticia AAA de la UE, que hoy está mayormente desaprovechada. La crisis migratoria es una amenaza existencial para la UE: el enfrentamiento norte‑sur y este‑oeste la está desintegrando. ¿Qué mejor momento para movilizar esa capacidad de endeudamiento que cuando la UE corre peligro mortal? No faltan precedentes; muchos gobiernos a lo largo de la historia emitieron bonos en respuesta a emergencias nacionales.

Aprovechar la calificación AAA de la UE, en vez de agregar impuestos al consumo, tiene la ventaja adicional de que daría a Europa un muy necesario estímulo económico. Las cantidades que están en juego son suficientes para tener impacto macroeconómico, sobre todo porque se gastarían casi de inmediato y provocarían un efecto multiplicador. Una economía en crecimiento haría mucho más fácil absorber a los inmigrantes, ya sean refugiados o migrantes económicos. En síntesis, una iniciativa de financiación anticipada a gran escala beneficiaría a todos, y hay que ponerla en práctica lo antes posible.

George Soros is Chairman of Soros Fund Management and Chairman of the Open Society Foundations. A pioneer of the hedge-fund industry, he is the author of many books, including The Alchemy of Finance, The New Paradigm for Financial Markets: The Credit Crisis of 2008 and What it Means, and The Tragedy of the European Union. Traducción: Esteban Flamini

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