«Una oportunidad para España»

El pasado 27 de agosto este periódico tuvo la amabilidad de publicarme una Tercera con el título «¿Una oportunidad perdida?», en la que comentaba la oportunidad perdida por Pedro Sánchez por no configurar una alianza con el principal partido de la oposición para establecer un gobierno estable después de la moción de censura que provocó la caida del gobierno de Rajoy. Ahora, una vez fracasado el intento de formar un gobierno de coalición PSOE-UP, vuelvo a insistir en los argumentos entonces expuestos. En las líneas que siguen entrecomillo lo principal y vigente de esa Tercera, y al final añado algúnos comentarios actualizados.

«Siempre que se produce un cambio en la Jefatura del Gobierno de España se abre una oportunidad, pero solo a veces se ha aprovechado. Adviértase que he escrito Jefatura del Gobierno, y no Presidencia del Gobierno, pues desde que se aprobó la Constitución de 1978 he reiterado... que el nombre correcto, en una monarquía constitucional, es el de jefe del Gobierno o primer ministro, como en todas las monarquías constitucionales europeas y también en las repúblicas presidencialistas (con la única excepción de la República de Italia, donde su título es el de presidente del Consejo de Ministros, título que también fue utilizado habitualmente en España desde 1834 hasta el régimen franquista). La cuestión no es baladí, pues de aquí se han derivado consecuencias no anticipadas. En primer lugar, se ha hablado de presidente de España, y el presidente no lo es de España, lo es solo del Gobierno de España. Y ello ha conducido a que se confunda Estado y Gobierno. El Estado siempre ha sido lo stato, lo permanente, lo estable. El Gobierno, por el contrario, es cambiante con cierta periodicidad... De aquí se ha derivado un segundo error, el de denominar presidentes a los jefes de gobierno de las comunidades autónomas, lo que les ha llevado a pensar que son presidentes de Madrid, o de Andalucía, o de Cataluña o de Navarra, en lugar de jefes de Gobierno de la Comunidad. Como se suele decir, las palabras las carga el diablo.

»Creo que cuando se presentó la moción de censura que acabó con el gobierno del PP, una gran mayoría de españoles pensaban que el gobierno de Rajoy estaba agotado, carecía de soluciones para los principales problemas de España... Para una mayoría de españoles, incluso votantes del PP, se abría una oportunidad para que el PSOE, liderado por Sánchez, pudiera dar respuesta a los problemas sobre todo políticos que habían provocado la caída del gobierno de Rajoy... Muchos analistas y observadores de la política pensaron que Sánchez volvería en gran medida a lo que fue el comienzo de la transición en 1976, el bipartidismo de la derecha y la izquierda moderadas, y el apoyo sin fisuras a la Constitución y, por tanto, al sistema político de la Monarquía Parlamentaria que ésta establece. La primera parte implicaba volver al pacto entre PSOE y PP, relegando a Ciudadanos y a Podemos al papel de partidos residuales, como lo fueron al comienzo de la transición AP y el PCE. Debe recordarse que la situación política en España a la muerte de Franco era mucho más complicada que ahora. Suárez tuvo dos aciertos en mente decisivos entonces: el primero fue pactar con Carrillo para lograr la reconciliación entre las dos fuerzas políticas reales en ese momento... Pero inmediatamente logrado ese acuerdo, que de alguna forma cerraba las heridas de la Guerra Civil y abría la Reconciliación Nacional, planteó el acuerdo con la izquierda moderada, que era el PSOE de Felipe González... Adolfo Suárez y Felipe González, como ha recordado recientemente el segundo, acordaban incluso hasta las discrepancias. Por eso la transición fue un éxito, ya que contó con dos líderes excepcionales (y otros dos, Carrillo y Fraga, que con sus renuncias colaboraron al proceso de reconciliación). Los problemas han vuelto por dos razones: la corrupción que ha afectado a todos los partidos, y la desconfianza entre la derecha moderada y la izquierda moderada, que ha conducido a echarse en brazos de los partidos nacionalistas, al principio moderados y más tarde envalentonados y cada vez más independentistas... La ruptura de ese pacto de confianza ha provocado el creciente poder de los partidos nacionalistas y el peligro de ruptura de la unidad nacional y de conflictos sociales importantes.

Si hay una cosa cierta es que el PP nunca logrará eliminar al PSOE, ni el PSOE logrará eliminar al PP, o lo que ideológicamente ambos partidos representan. Si no se ponen de acuerdo el electorado, tarde o temprano, les obligará a hacerlo. Ya no son tiempos de totalitarismos más o menos encubiertos de izquierda o derecha, y no reconocerlo así será un gran error.»

En nuestra opinión Sánchez ha sabido ver el peligro de un gobierno de coalición con UP. Históricamente socialistas y comunistas (o similares) han desconfiado entre sí, y generalmente con razón, y en especial desde que el socialismo se transformó en social-democracia. Además, los partidos que más apoyaban ese gobierno de coalición eran los separatistas y los proetarras, todos ellos contrarios a la unidad de España y a la monarquía parlamentaria que establece la Constitución. Y ese gobierno provocaría muy importantes desacuerdos dentro del propio PSOE. Un peligro para Sánchez en España y también en la UE.

La alternativa que se ha estado manejando, incluso desde el propio PSOE, ha sido la de convocar elecciones en noviembre. Los resultados de esas elecciones no serían muy diferentes de los obtenidos en las recientes elecciones del pasado 28 de abril. Por otra parte, no habría gobierno al menos hasta 2020, y con parecidas dificultades a las actuales. España lleva sin gobierno, en términos reales, desde 2015. Esas elecciones nos trajeron un desistimiento de Rajoy a formar gobierno y un intento fracasado de Sánchez, seguido de convocatoria de elecciones para 2016, que después de muchos problemas trajo un gobierno en minoría de Rajoy, que no pudo gobernar y provocó la moción de censura de 2018. El gobierno de Sánchez surgido de la moción de censura no ha podido gobernar, y eso ha llevado a las elecciones de 2019. En resumen, si se descuentan los meses de precampaña y campaña electoral y los meses de gobierno en funciones, y los de gobiernos incapaces de gobernar realmente, España lleva casi 5 años sin gobierno, precisamente en un momento en que los acontecimientos en el mundo llevan un ritmo de cambio crecientemente acelerado.

Por eso, si Sánchez es el hombre de Estado que pretende ser, no querrá ir a nuevas elecciones. Y la única otra alternativa es un pacto con el PP como principal partido de la oposición. Ese pacto le liberaría de un gobierno Frankestein, con facturas que pagar a la izquierda radical, a los separatistas, a los antimonárquicos, y le proporcionaría una imagen similar a la de Suárez. El pacto, que puede adoptar la forma de gobierno de coalición (menos probable) o pacto de legislatura con una lista de pactos de Estado (más probable), garantizaría un gobierno estable capaz de hacer frente a los problemas más inmediatos (Brexit en octubre, sentencia del TS sobre el 1 de octubre, reforma de algunos artículos de la Constitución pero previsiblemente no el 99, sobre legislación electoral, igualdad de todos los españoles, pensiones, educación, economía y empleo, seguridad nacional, política europea y política exterior de España, organización territorial, etc.). Además, reduciría el protagonismo de los nuevos partidos, Ciudadanos, Unidas Podemos y Vox (surgidos precisamente para combatir la corrupcion y las cesiones a los nacionalismos independentistas del PP y el PSOE). En otras palabras, ese pacto devolvería a España a gobiernos estables que respeten a las minorías pero garanticen el gobierno de las mayorías moderadas de izquierda o derecha, como ha sucedido entre 1977 y 2004. Tenemos cierta confianza en que no somos los únicos en haber pensado esta solución al aparente «impasse» político en el que nos encontramos. La mayoría de los ciudadanos dormirían más tranquilos.

Juan Díez Nicolás es Académico de número de la Real de Ciencias Morales y Políticas.

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