Una receta bangladesí contra el cólera

Una receta bangladesí contra el cólera

A estas alturas, el cólera debería ser historia. Hace mucho que las autoridades sanitarias saben cómo prevenir la enfermedad, los médicos saben cómo tratarla y los expertos en desarrollo comprenden que allí donde hay saneamiento y agua potable, los brotes rara vez se convierten en epidemias. Por desgracia, el mundo no es tan simple y ordenado, y la pesadilla del cólera persiste.

En muchas partes del mundo, el cólera ya fue domado. Las enfermedades transmitidas por el agua casi no existen en las economías avanzadas. E incluso en países y regiones con escasez de recursos, donde el cólera sigue siendo un problema, la terapia de rehidratación oral (TRO) ayudó a prevenir incontables muertes.

Sin embargo, en tiempos de crisis todavía se producen brotes de cólera, que matan a nuestros congéneres más vulnerables. Hoy, una de las peores epidemias está haciendo estragos en Yemen, donde el conflicto armado llevó al colapso de los sistemas de salud, saneamiento y provisión de agua, creando precisamente las condiciones más favorables para el cólera. Los primeros casos se informaron en octubre de 2016, y en menos de un año, la cantidad trepó a más de 600 000.

Organismos internacionales como Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud, en cooperación con las autoridades sanitarias de Yemen, han organizado una respuesta impresionante, que logró mitigar la tragedia al reducir la tasa de mortalidad a más o menos el 0,33% de las personas infectadas (unas 2000 muertes). Pero los yemeníes trabajan en condiciones imposibles, y necesitan recursos y capacitación, algo que mi país se está esforzando en proveerles.

En octubre, un equipo de médicos y enfermeros yemeníes llegó al Centro Internacional de Investigación de las Enfermedades Diarreicas, Bangladesh (icddr,b), donde he trabajado la mayor parte de mi carrera. Nuestro instituto es la cuna de la TRO, y profesionales médicos de todo el mundo vienen a Dhaka a aprender a tratar a los pacientes con una sencilla solución de azúcar, sal, otros elementos y agua.

Durante una semana, los profesionales médicos yemeníes recibieron capacitación en control de brotes, saneamiento y métodos de vigilancia. Observaron el tratamiento dado a pacientes de cólera en nuestro hospital, una experiencia que les brindó entrenamiento práctico en la gestión de casos y la evaluación de los niveles de deshidratación.

Es sólo un ejemplo de cómo el icddr,b ayuda a aliviar el sufrimiento humano en tiempos de crisis. Como miembro fundador de la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN) de la OMS, el icddr,b ha enviado equipos de expertos a Zimbabue, Sudán, Sudán del Sur, Mozambique, Siria, Somalia, Haití, Sierra Leona, Etiopía e Irak. Así, compartiendo el conocimiento y la experiencia que hemos desarrollado en décadas de control e investigación de enfermedades diarreicas, nuestro centro está en la primera línea del esfuerzo internacional para frenar los brotes.

En nuestro país conocemos bien el cólera en tiempos de guerra. En 1971, Bangladesh (que entonces se llamaba Pakistán Oriental) se declaró independiente de Pakistán, y se desató la lucha armada; numerosos refugiados cruzaron la frontera hacia la vecina India y quedaron hacinados en campamentos, lo que generó condiciones suficientes para que se declararan brotes de cólera. En aquel tiempo la atención médica era deficiente, y la escasez de medios de goteo intravenoso impedía la administración de soluciones de rehidratación a gran escala.

Mientras muchos se morían, un médico innovador llamado Dilip Mahalanabis decidió que una situación desesperada ameritaba correr un riesgo. Investigadores estadounidenses en Bangladesh habían mostrado que la TRO podía revertir la deshidratación mortal de los pacientes de cólera, pero su eficacia fuera de hospitales no estaba probada. Desprovisto de equipamiento e instalaciones médicas adecuados, Mahalanabis decidió administrar la TRO en los campamentos, y al hacerlo, salvó miles de vidas. Así fue que la TRO se convirtió en el nuevo tratamiento estándar para las enfermedades diarreicas, y desde entonces, salvó a más de 80 millones de personas en todo el mundo.

Ahora que han aparecido nuevas crisis de cólera en tiempos de guerra, la experiencia bangladesí vuelve a ser útil. Yemen es sólo un ejemplo.

Desde agosto, cientos de miles de rohinyás cruzaron la frontera hacia Bangladesh desde Myanmar (el mayor flujo semanal de refugiados que el mundo haya visto desde el genocidio ruandés de 1994). Los refugiados, desesperados y vulnerables, se hacinan en campamentos, y hay alto riesgo de que en estas condiciones se desate una epidemia mortal de cólera.

En respuesta a esta amenaza, el icddr,b colabora con UNICEF, la OMS y otros actores importantes en diversas iniciativas para la prevención del cólera, que incluyen mejorar el acceso a agua potable y saneamiento, y acumular existencias de la solución de rehidratación. También hemos trabajado con la OMS para obtener unas 900 000 dosis de vacuna oral contra el cólera, una herramienta aceptada internacionalmente para prevenir y controlar los brotes.

Como la TRO, el desarrollo de la vacuna oral tiene sus raíces en Bangladesh, y en particular, en el icddr,b. Las primeras pruebas de campo exitosas se realizaron en nuestro centro en los ochenta, y hoy nuestros científicos aprovechan décadas de conocimiento institucional para llevar a cabo la segunda campaña de vacunación oral contra el cólera más grande de la historia.

Cuesta imaginar que un país en desarrollo como Bangladesh pueda ser pionero en el control de una enfermedad de semejante magnitud. Pero una y otra vez, los investigadores y trabajadores sanitarios bangladesíes han demostrado su experiencia en contener brotes de cólera y salvar vidas. En la búsqueda de nuevos modos de poner coto a epidemias oportunistas, el mundo no debe pasar por alto la ciencia que ya poseen los países en desarrollo.

El cólera ha vuelto al Sur global. Pero como demuestra nuestro trabajo en Bangladesh, el Sur global tiene las habilidades necesarias para derrotarlo.

Azharul Islam Khan is chief physician and head of hospitals at the International Centre of Diarrhoeal Disease Research, Bangladesh (icddr,b). Traducción: Esteban Flamini.

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