Una revolución de salón

Los dados están echados y han empezado a rodar. El Parlament de Catalunya ha aprobado la propuesta de resolución que supone el comienzo de una ruptura con España que tendría que estar lista en un año y medio. Se aprobó el proceso de creación del Estado catalán independiente en forma de república. Por 72 votos contra 63.

No encuentro precedentes en que una decisión de esta envergadura se haga con una presidencia y un gobierno en sede vacante. En la declaración aprobada se insta al futuro gobierno a “que cumpla exclusivamente aquellas normas o mandatos emanados de esta Cámara, legítima y democrática, a fin de blindar los derechos fundamentales que puedan estar afectados por decisiones de las instituciones del Estado español”.

Fue una votación precipitada que ha despertado a Rajoy y a Pedro Sánchez, que van a ponerse de acuerdo para que los mecanismos de que dispongan puedan anular y dejar sin efecto la declaración del inicio de la república catalana. No deja de sorprenderme que el Ejecutivo prejuzgue ya cuál va a ser la reacción del Constitucional. Podrían esperar unos tres días sin dar por supuesta la decisión de los jueces. Cuánto daño ha hecho a la política española y catalana la contaminación del poder ejecutivo sobre el poder judicial.

Una revolución de salónEl hecho es que se ha iniciado el proceso de ruptura con España con una declaración institucional. Esto ya no son palabras ni retórica. Hay un acto político-jurídico que rompe la legalidad vigente. Es una revolución democrática, dicen los defensores de la ruptura, pero saltarse la ley no es democrático a no ser que sea sustituida por otra ley que nazca de un cambio de régimen o de una revolución que no sea de sonrisas sino de actos de fuerza de unos o de otros. El historiador Josep Fontana se refirió recientemente a esta segunda opción. La independencia no se sirve gratis.

La revolución de las sonrisas es eso, una revolución de salón, en la que alguien puede pretender cambiar la legalidad porque las leyes vigentes no le gustan o le pueden perjudicar. Con todos los respetos, la votación de ruptura del lunes es como jugar un partido de fútbol pensando que el otro equipo se dejará golear. Pretender que el Estado será neutral con la creación de una república catalana declarada unilateralmente me parece que es desconocer la historia del Estado al que pertenecemos y también ignorar lo que Europa y la comunidad internacional van a decir en los primeros meses o años de una hipotética república catalana desgajada de España sin una mayoría absoluta de votos que la avalen. Hemos llegado hasta aquí porque Artur Mas ha hecho una lectura política confusa, equivocada pienso, de las grandes manifestaciones de las últimas cuatro Diades. Y también porque Mariano Rajoy decidió, equivocadamente también creo, que el problema de una futura secesión de Catalunya acabaría como el plan Ibarretxe.

La política no se hace en la calle sino en las instituciones. La calle puede influir y a veces determinar una política. Pero detrás de cada gran manifestación se esconde el pluralismo social y político que luego se confirma en las urnas. Artur Mas elogió con razón que en las concentraciones masivas no se ha tirado ni un papel al suelo. Cierto. Pero también hay que remarcar, como recordó Miquel Iceta, que los que no fueron a manifestarse tampoco se dedicaron a romper el mobiliario público.

Es interesante repasar el dietario de Amadeu Hurtado, Abans del Sis d’Octubre, en el que relata su papel mediador entre el Gobierno de la República presidido por Ricardo Samper y el de la Generalitat presidida por Lluís Companys. Hurtado consigue un acuerdo con Samper que no es otra cosa que el cadáver del Tribunal de Garantías, que se puso en contra de Catalunya a propósito de la ley de Contractes i Conreu de 1934. Le sugiere que vaya al Parlamento con ese trofeo, que será aceptado por el Gobierno de la República. “Nada –responde Companys–, estoy dispuesto a todo y si conviene los recibiré a tiros a todos los que quieran apoderarse de la Generalitat”.

El paralelismo con la situación actual es inexistente. Pero vale la pena seguir el diálogo entre Companys y Hurtado. Dice el president que “ha llegado la hora de dar la batalla y de hacer la revolución. Es posible que Catalunya pierda y que algunos de nosotros dejemos la vida; pero perdiendo, Catalunya gana porque necesita a sus mártires que mañana le asegurarán la victoria definitiva”.

Ya se sabe cómo acabó aquello. La declaración de ruptura ha sido esta vez más suave en la forma pero más contundente en el fondo. El Estado ha empezado a reaccionar. La política no es un simulacro ni una metáfora. Tampoco son declaraciones y declaraciones comentadas en tertulias. Es el arte de lo posible, dijo alguien que ha sido copiado por muchos. Kavafis empieza su célebre poema diciendo que “cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias”. Exacto.

Lluís Foix

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