Una Unión Europea reformada para el siglo XXI

Desde el ingreso del Reino Unido en 1973, la UE ha cambiado hasta un punto casi irreconocible. La caída del Telón de Acero trajo consigo la ampliación a dieciséis nuevos países. Se ha creado el euro y las leyes europeas regulan un amplio abanico de asuntos, desde el medioambiente a las políticas sociales. Sin duda, pertenecer a la Unión aporta al Reino Unido claras ventajas en algunos aspectos. Pero en otros ha supuesto una pérdida de soberanía nacional y más carga administrativa para las empresas, lo que ha debilitado el apoyo del pueblo británico.

¿Qué es lo que espera el Reino Unido de esta negociación? Para que el pueblo británico recobre la confianza en la UE, tenemos que trabajar con nuestros socios europeos, entre ellos España, y acordar un paquete de reformas que garantice que la Unión esté preparada para el siglo XXI. Estas reformas no solo beneficiarán al Reino Unido, sino también a los otros 28 Estados miembros.

Primero hablemos de empleo y crecimiento. La triste realidad es que el crecimiento de la UE no es lo suficientemente elevado como para reducir el paro a un nivel aceptable. Si queremos conservar el nivel de vida europeo, tenemos que ayudar a nuestras empresas a competir a nivel mundial de un modo más efectivo, mejorando el mercado único, especialmente en los sectores servicios, digital y energético. Tenemos que abrirnos al comercio mundial y cerrar acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, Japón y otras economías desarrolladas, así como con las economías emergentes de Asia e Iberoamérica. Y establecer un marco legal que apoye y no estorbe a las empresas para que puedan crear el empleo y el crecimiento que necesitamos.

En segundo lugar, queremos reformas que permitan una mayor integración para los países que así lo deseen, pero que también respeten los intereses de los que no la quieran. Nos referimos sobre todo a la eurozona: el Reino Unido apoya una mayor integración de los países del euro, pero necesita garantías de que se protegerán los intereses de los países que no forman parte del euro.

Este concepto de una Europa de dos pilares, con una relación bien definida entre los países de la eurozona y los de fuera de la misma en un mercado único con instituciones comunes es similar al modelo de Schengen y la unión bancaria, y beneficia a todos. Y reconoce que, aunque el concepto de una unión cada vez más estrecha puede ser atractivo para algunos Estados miembros, no es el adecuado para otros.

En tercer lugar, pensamos que los parlamentos nacionales deben tener mayor peso, tanto para que los ciudadanos conecten con la toma de decisiones en la UE como para que sea lo más próxima posible a ellos. Con demasiada frecuencia, la UE ha ejercido sus competencias en ámbitos que los gobiernos nacionales, regionales o incluso locales podrían gestionar sin interferir en el funcionamiento del mercado único o de la propia UE. Queremos que el papel de los parlamentos nacionales se refuerce permitiendo, por ejemplo, que un grupo de ellos pueda bloquear leyes. La UE ha de respetar a las administraciones públicas más cercanas a los ciudadanos. Como dice el Gobierno holandés, «Europa donde sea necesario, lo nacional donde sea posible».

En cuarto y último lugar, aunque aceptamos que la libre circulación de personas para trabajar es una de las libertades fundamentales de la UE, queremos proteger el sistema de bienestar social británico de los abusos y reducir los incentivos que animan a trabajadores altamente capacitados a venir al Reino Unido a aceptar trabajos de escasa cualificación, minando el crecimiento económico en sus países de origen.

Además, tenemos que desarrollar libertades como la de circulación de servicios y de capitales, para asegurarnos de que no solo la libre circulación de personas contribuya a la convergencia del nivel de vida en Europa.

Afrontamos estas reformas con un ánimo positivo y comprometido, escuchando a nuestros socios y con la intención de acordar unas reformas que ayuden a todos los Estados miembros a prosperar en el siglo XXI. Luego pediremos al pueblo británico que vote «sí» o «no» a la permanencia en un referéndum que celebraremos en 2017, o antes si podemos.

Hay mucho en juego: el Reino Unido es una economía abierta y grande, con una larga trayectoria histórica y un papel relevante en el escenario mundial que puede contribuir enormemente al éxito de Europa.

Si podemos encontrar una solución a los problemas que preocupan al pueblo británico y conseguir el «sí» a la permanencia en el referéndum, resolveremos la cuestión sobre el lugar del Reino Unido en Europa, permitiéndole desempeñar su papel de una manera más plena y participativa en una UE más competitiva, segura de sí misma y con mayor apertura al exterior.

Philip Hammond, ministro de Exteriores del Reino Unido.

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