Uniformados invisibles

Al parecer, el ayuntamiento y la Fira de Barcelona se han puesto en que en el Salón de la Infancia, a partir de ahora, no haya estands de instituciones uniformadas de ningún tipo: ni Mossos d’Esquadra, ni policía municipal, ni por supuesto militares. Sabia medida que se supone pone a salvo a los niños de la maléfica influencia de… la visión de uniformes. En cambio, se supone que un evento de tales características (y afluencia de público) requerirá un mínimo de seguridad, y a la vista de lo que sucede en muchos sitios en estos tiempos de incertidumbre la medida está más que justificada.

No hace falta recordar Bruselas, París, Niza para estar de acuerdo con este diagnóstico. De modo que la iniciativa aquí comentada quiere que los cuerpos uniformados, a los que además exigimos que sean eficaces al ciento por ciento sean invisibles a los niños. Se supone que así los niños crecen… ¿más seguros? ¿Menos angustiados? Y cuando la vida les vaya enseñando lo que es la vida, y que en democracia estos cuerpos uniformados son ciudadanos como nosotros, que están al servicio de la sociedad, ¿quién les explicará lo que es vivir en sociedades con cierto nivel de riesgo? Los Reyes Magos? ¿Papa Noel?

Esta decisión respecto del Festival de la Infancia es no solo ilógica, es realmente insultante para todos. ¿Fuertes nevadas (hace unos años) en la provincia de Girona? Quien tuvo al final, y a toda prisa que correr a abrir caminos y carreteras fue… la UME (Unidad Militar de Emergencias); ¿hay riesgo (creíble) de posibles amenazas terroristas? ¿Quién tiene que prevenir cualquier desgracia en nuestras calles? ¿Hay que proveer seguridad frente a la delincuencia común en el metro o la Rambla? Los Mossos de Esquadra y /o la policía municipal. Pero eso sí, ni en partidos de futbol ni en fiestas o festivales deben avistarse uniformados, porque al parecer “fomentan la cultura de las armas”.

Esta sobreprotección de ciertas categorías de personas a base de confinarlas en la ignorancia,es una derivada más de la dictadura de lo ‘políticamente correcto’. Así, en Estados Unidos algunos estados pretenden que en las escuelas y en las bibliotecas públicas no se puedan leer libros como ‘El guardián en el centeno’, ‘Matar a un ruiseñor’ o ‘Las aventuras de Huckelberry Finn’ porque contienen expresiones que pueden herir la sensibilidad de los lectores. Como por ejemplo usar la palabra ‘negro’ (‘nigger’) en el texto.

Pero es que ‘Matar a un ruiseñor’ va justamente de esto: el racismo. Estamos hablando de tres obras maestras de la literatura norteamericana de todos los tiempos. Otra universidad, cediendo a las presiones de un grupo feminista-puritano, pretendía retirar los libros de Hemingway o Koestler porque eran… ¡machistas! No los libros, sino sus autores. Solo debemos libros de autores/autoras políticamente correctos/correctas, etc, etc, etc.

Aquí no llegamos a tanto, pero pronto conseguiremos que los niños, al ver a un agente uniformado (esperemos que no sea con ocasión de un acto violento) crean que por fin han visto un personaje de ‘La guerra de las galaxias’.

Pere Vilanova, Catedrático de Ciencia Política (UB).

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