Universidad, la razón contra el miedo

Soy profesora titular interina de Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos desde el 1 de octubre de 2006. Mi contrato se renueva automáticamente cada año mientras no surja una decisión en contra. Estoy acreditada desde 2008 para poder tener otro tipo de contrato, indefinido, pero no se han convocado plazas para que pueda optar a ello.

Cobro una media de 2.000 euros mensuales, gracias a complementos, porque mi salario base son 1.131,36 euros. Trabajo, atiendo y evalúo en cada curso académico alrededor de unos 250 alumnos.

Desde el año 2012, cuarenta y seis estudiantes se han graduado en esta Universidad Rey Juan Carlos defendiendo ante un tribunal un trabajo de fin de grado que yo he tutorizado. Veintidós de ellos han sacado sobresaliente o matrícula, quince han sacado notables y ocho, aprobados. Tengo copia de todos sus trabajos y también de los borradores previos en los que trabajamos antes de llegar a la redacción final.

Soy republicana. Espero que algún día antes de que yo muera este país al que amo tenga un jefe de Estado que antes de serlo haya vivido como una persona común, porque no existen úteros capaces de engendrar personas con derechos jurídicos especiales. Republicana, soy, pero el destino me ha llevado a trabajar en una universidad pública de nombre monárquico, a la que también amo.

Mi rector es Javier Ramos. No le voté el año pasado cuando se celebraron elecciones y no creo probable que le votase si se volviera a presentar en las próximas elecciones, porque mis ideales políticos están a favor de un modelo de universidad que no coincide con el que él sostiene. Pero Javier Ramos es mi rector, y le respeto. Como respeto a los estudiantes con los que trabajo y como respeto a mi universidad.

Las declaraciones de mi rector esos días me han parecido confusas e insuficientes. Lamento que iniciase de modo tan improvisado la defensa infundada del expediente del máster de Cristina Cifuentes.

Lamento las sospechas, estas sí muy fundadas, de que se han ejercido presiones sobre diferentes personas para forzarlas a hacer cosas que sus inteligencias les indican con claridad que son fraudulentas.

Si una sociedad sostiene una universidad en la que la inteligencia y la razón son forzadas a ponerse de rodillas ante el poder fáctico de turno, es que no es una sociedad, es una peste.

No deseo defender ni atacar a Javier Ramos. Solo respaldo a la persona que asume el gobierno de mi universidad en este momento. Le respaldo, le expreso mi apoyo, le pido valentía y le exijo transparencia.

Y sé que lo hago igual que lo hacen varios cientos de profesores y personal administrativo y de servicios, y miles de estudiantes y familias de estudiantes.

Si una parte de la Universidad Rey Juan Carlos se ha doblegado por favores o prebendas a los caprichos de personas que ocupaban el poder político, que se sepa, que se hundan y que se vayan. Que les paguen por quedarse en casa si es preciso, nos saldrá aún más barato que seguir pagándoles por seguir haciendo lo que hacen. Su ambición arrasa nuestros derechos. El derecho que tenemos a que sea público cada pequeño paso de gestión académica y económica de la universidad pública.

Paredes de cristal para las visitas de asesores políticos a los despachos del Rectorado. Auditoría para el instituto que tiene permiso legal para ocultar información. Y no más regalos políticos de concesiones especiales a través del BOE para incrustar negocios privados en la casa pública.

Si es que también aquí, como dicen en el Partido Popular, había una manzana podrida, pues fumigación para acabar con los bichitos que la pudrieron. Será una fumigación ecológica.

Que dejen en paz al rector, para que haga de rector. Que no le fuercen a ser marioneta. Que dejen en paz a la investigación, para que no la fuercen a ser propaganda.

Que dejen en paz a la universidad, para que la razón pueda gobernar sobre el miedo.

Concha Mateos es profesora de Periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos.

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