Uno de los nuestros

Por Antonio Rivera (EL CORREO DIGITAL, 10/10/07):

Se había instalado en la sociedad vasca cierta creencia: ETA podía seguir actuando pero sin causar víctimas. Muchos aún piensan que lo de la T-4 se les fue de las manos y que fue mala suerte la muerte de los dos trabajadores ecuatorianos. Las acciones de Durango y Zarautz, a pesar de la cantidad de explosivo utilizado, se prefiere creer que trataban sobre todo de hacer ruido, de generar destrucción material, de demostrar fortaleza y medios, pero no de producir muertos o heridos. Pero desde hace mucho se sabe que una organización terrorista sólo ‘tiene sentido’ y sólo es eficaz si causa terror, y sólo causa terror si demuestra y actualiza el recuerdo cada poco de que es capaz de matar.

Así que fuera caretas y suposiciones bienintencionadas, idealistas, cínicas o bobaliconas. ETA trató ayer de matar directamente, y trató de hacerlo en la persona del escolta de un concejal protegido, rompiendo de esa manera la cadena de seguridad desde sus inicios y desde el punto más débil: desde donde ésta empieza a hacerse posible. ETA no es una organización política sino terrorista, y trata con su acción de hacer imposible la normalidad política: actuando sobre el protector se vulnera la seguridad del representante público y, desde ese momento, se coarta la posibilidad de que la democracia funcione al limitar hasta el extremo la libertad de acción del político. Es el catón del pistolero. Por eso el escolta herido es doblemente ‘de los nuestros’: como víctima y como defensor de la libertad.

‘Volver a empezar, otra vez’. Es lo primero que se te viene a la cabeza. Retomar por la vía de los hechos constatados que regresamos a los días del horror y de la muerte. Ya no basta con tener que retornar a los tiempos de los proyectos políticos puestos a prueba y fracasados, a la fraseología y parafernalia habituales que no producen sino tedio, desazón y ganas de salir corriendo. Ahora el ‘déjà vu’ vasco vuelve a incluir su apartado más trágico y criminal.

Podemos seguir discutiendo sobre si son galgos o podencos. Sobre cómo actúa la sociedad vasca en política cuando pende la amenaza real sobre una parte de los políticos y sobre la parte de los vascos y vascas representados por éstos. Sobre si podemos hacer política y hasta tomar grandes decisiones estando presente y actuando ETA, o a pesar de ETA o más allá de ETA. Podemos seguir invocando el derecho de los vascos a ser lo que queramos haciendo como si ETA no estuviera delante. De hecho, buena parte de la sociedad y de la clase política puede hacerlo, prefiere hacerlo. Podemos volver a decir que ETA ha cruzado una raya ya intolerable, y podemos pensar que es la primera vez que a un gobernante se le ocurre y lo dice. También podemos acordar que el primer problema, la primera necesidad de los vascos, es acabar con esta amenaza real, y que por lo tanto debemos poner todo el empeño y subordinar todos los proyectos a ese logro. Podemos optar por esa vía o podemos descalificar cualquier actuación que se dirija a limitar mediante el uso de la Ley y del Estado de Derecho la capacidad criminal de los terroristas. ¿Recuerdan los tiempos en que nuestro Gobierno regional rechazaba de plano las extradiciones de presuntos terroristas desde Francia?

El portavoz de guardia de Batasuna, Pernando Barrena, anunció mediante el augurio el inicio de «un nuevo ciclo de violencia» como consecuencia de una acción judicial y policial que les pilló con las manos en la masa, en los papeles, en el guión. Se podría pensar que se trató de una reacción ofuscada por la pasión o que, por el contrario, estaba al corriente del paso a dar por parte de la organización criminal. Desde luego que lo último que se puede pensar es que el citado portavoz sólo tiene previsto recurrir a las posibilidades de la política. Aunque lo dijera sin exhibir pistolas o bombas. Cada quien tiene su papel, como dicen que dicen los papeles requisados.

Habrá que esperar a ver el final de la acción judicial y policial para concluir si el reparto macabro incluye sólo a los de siempre o también a los extras contratados para la ocasión. El jefe de la oposición, Mariano Rajoy, optaba ya por su vieja receta: ‘todos a la cárcel’. Primero dar y luego preguntar(se). Es más prudente esperar a ver. Y también lo es en lo referido al ‘partido-guía’. Las declaraciones de estos días del ‘PNV de Urkullu’ no podían ser más rancias, en sintonía con su lehendakari y su gobierno. Habrá que esperar a ver si en esa parte también nos espera el ‘déjà vu’ o si necesitan de cierto influjo dramático para caerse de una vez del caballo. O bajarse, ellos también, del burro.